El perrito de Lady Chatterley, de Eve Gil


Por Javier Munguía
Tomado de Libroadicto
miércoles 18 de noviembre de 2009
A la par de Sho-shan y la Dama Oscura, su más reciente novela, Eve Gil publica El perrito de Lady Chatterley, una compilación de sus cuentos, como para mostrar a sus lectores de nuevo cuño su carácter de escritora polifacética, poseedora de diversos registros narrativos. Este volumen incluye los libros de relatos Sueños de Lot y La reina baila hasta morir, así como “Arsénico y caramelos”, cuento aparecido en la antología La dulce hiel de la seducción, y uno más, inédito: “Escribir y amar”.
Sueños de Lot está compuesto por tres cuentos que tienen en común la ausencia de la figura paterna, el incesto simbólico y la terrible soledad que atenaza a sus protagonistas. Los tres cuentos arrancan con alguien que espera a otro u otra.
En “Vocación de Electra”, quizá el mejor entre estos tres relatos, la protagonista y narradora, actriz de oficio, espera en un cuarto de hotel a su amante, maduro director que nunca ha sabido darle el papel protagónico ni en el teatro ni en su vida. Ella, sin embargo, se resigna, pues ve en el amante esa figura paterna, protectora, que siempre ha echado en falta. Conforme avanza el cuento conocemos el tremebundo pasado de la narradora, que explica a cabalidad su relación de dependencia.
En “Last tango reloaded” Osorno, narrador protagonista, es esperado en un cuarto de hotel por una jovencita que lo ha contratado para que pase la noche con ella. Venciendo sus escrúpulos, pues él mismo es padre de una joven de esa edad, Osorno se dará al goce con la muchacha, que busca en él a ese padre que nunca le ha dado atención. El encuentro aliviará, al menos por un rato, la condición de islas de ambos personajes.
“Kundera dixit”, narrado en tercera persona, cuenta la historia de Cronopio y Aquamarina, dos solitarios que se han conocido por Internet y que, ahora frente a frente, mantienen un diálogo que los desnuda tanto o más que el propio sexo. Por las inquietantes analogías que Cronopio hace entre la amante y la hija, el cuento nos trae reminiscencias de La casa de las bellas durmientes, de Kawabata.
Como vemos, estos tres cuentos gozan de una evidente unidad y se iluminan uno a otro. La reina baila hasta morir, en cambio, está compuesto de relatos muy diversos. “Cerridwen y las sirenas” y “Claveles salvajes”, por ejemplo, son cuentos fantásticos en los cuales los protagonistas son amenazados por un factor misterioso que acaba trastornando del todo su cotidianeidad. “Las abuelas”, narrado por una niña que desahoga su resentimiento ante una abuela paterna indiferente y orgullosa, también participa de la literatura fantástica, pero revelando su verdadera naturaleza sólo al final.
El erotismo está bien representado en el libro por “Cenicienta hard core”, en el que la narradora revela ante nosotros sus deseos carnales más recónditos y los hace realidad, cuestionando implícitamente los estrechos límites morales que impone la sociedad, así como la imposibilidad de llevar a cabo esos deseos ocultos, siempre latentes.
“Alicia o el diablo”, narrado en tercera persona, es protagonizado por una joven y su “secuestrador”, que se han enamorado. A contrapelo de la condena social, que ve en el captor un monstruo, el cuento nos revela cómo la joven encontró el afecto que nunca tuvo en casa, con su madre autoritaria e indiferente, en el hombre que la privó de la libertad.
En “Ataraxia” se nos narra una versión contemporánea de Blanca Nieves. Sólo que ahora la perspectiva es la de la malvada reina, de modo que el final feliz se vuelve triste: la maldad nos atrae y concita nuestras simpatías. “La culpa es de los bolcheviques”, por su parte, es un conmovedor homenaje a la escritora Elena Garro. Narrado en tercera persona, el cuento explora los últimos días de vida de la escritora, el atormentado recuerdo de su gran amor y la proyección de su propio drama en sus ficciones.
“Arsénico o caramelos”, incluido antes en una antología de relatos eróticos publicada por Cal y Arena, da cuenta de la relación entre Emma, una Madame Bovary contemporánea, y Portia, su joven alumna, que terminará por seducirla y enrostrarle sus propios anhelos prohibidos. En este relato queda patente cómo las prohibiciones estimulan nuestro deseo e imaginación. A la vez que disfruta del sexo condenado, Emma siente un delicioso placer al sentirse transgresora.
Por último, “Escribir y amar” da cuenta de la relación epistolar entre dos escritores, Ana y Orlando, que, más que conocerse, se inventan a través de sus cartas electrónicas. Este cuento, que abre el libro, plantea sutilmente cómo los otros muchas veces constituyen proyecciones de nuestros propios deseos e ilusiones, más que identidades en sí mismos.
El espacio es breve para dar cuenta a cabalidad de los relatos que componen este libro. Sin embargo, es importante apuntar que si vale la pena leer estos cuentos es porque en ellos encontramos indagaciones en nuestros yos recónditos, desnudos de todo límite y convención. Hay que aplaudir que la autora no le tema a profundizar en nuestra condición humana, aun a costa de desnudarse a sí misma. Hay que leer a Eve Gil.

Calumnia, ofende, daña moralmente a una familia.... y luego se da aires de pureza: ¿cual será el siguiente recurso de la ama de casa desesperada?

Después de todo el daño moral que ha provocado la Escritora Retirada Por Amor, ha publicado en su blog cuyo título se queda corto -porque lo suyo no es neurosis: es borderline, si no es que esquizofrenia paranoide- que exigirá a Editorial SUMA retire su aristocrático nombre escandinavo y el de sus hijos, de la dedicatoria de mi satánico libro sobre el manga, en la cual le agradezco haberse interesado en mi proyecto y compartirlo con los niños. Mi único delito, en todo caso, es no averiguar con quien me junto y ceder a la compasión (porque la Bovy Superlooser ni siquiera se tomó la molestia de comentarme el contenido del archivo de word que le envié con una versión muy incipiente de la novela, no la definitva... aclaro, por si se le ocurre inventar otra truculencia).
Imagínenese la patética escena:
"Señor Abogado, quiero demandar a una pinche escritora que les dedicó un libro a mis hijos a mí, donde dice que me agradece mi interés en su proyecto... y por si fuera poco, permitió que mi ExExEx se lo presentara, por lo cual me siento burlada y dañada en mi honor, porque he sufrido mucho en la vida por culpa de los hombres, etc etc".
El abogado la saca de ahí, si bien le va, cogiéndola del brazo y aconsejándole que se tome un tranquilizante: ¿Dónde se ha visto querer demandar a alguien que te dedica un libro con cariño?, habla como si ella y sus hijos aparecieran en el libro como personajes, con sus nombres reales y haciendo cochinadas: ¿de cuál fumó la Bovary? ¿No que estaba ya regenerada? A ver si al rato no inventa que uno de sus niños es Asperger y yo me fusilé su historia, cosa que tendría que demostrar ante un juzgado (porque levantar falsos es un delito)
Sí, la incluí en los agradecimientos porque alguna vez creí que trataba con una mujer vulnerable, sensible e inteligente; que sufría mucho, la pobrecita, siempre quejándose de lo mal que la ha tratado la vida -y la trató el ExExEx- y su impotencia para retomar su vocación literaria. Alguien que consideraba mi amiga (porque ignoraba que odiaba a los negros, a los indios y a los judíos, y yo soy un poquito de las tres) y la Madre Teresa, yo, pendejísssssima, intentó levantarle el ánimo a una pobre desdichada. De eso pido mi limosna, señora Swain: NO QUIERO TENER EL NOMBRE DE UNA NAZI MEZCLADO ENTRE LOS NOMBRE DE MIS AMIGOS. Yo misma moveré cielo mar y tierra para que ese último rastro que queda de su turbia persona en el mundo editorial sea eliminado a la brevedad.
De mi cuenta corre, señora Swain...

Hail, Frau S.!!!!


Lo más próximo a Madame Bovary que he conocido, con cierto toque paranoide del personaje de Glenn Close de Fatal Attraction, ha sido la Escritora Retirada por Amor que mantiene férrea vigilancia sobre los actos de un novio que la dejó hace más de diez años, pese a estar casada con un Charles Bovary que quien sabe en qué mundo vive, y es que, según ella misma relató en sus patéticos correos dirigidos a "mi esposo" (y lo entrecomillo porque le tengo una sorpresita al respecto), éste ExExExEx tiene la culpa de que ella se volviera yonqui y, ¡oh dioses!, abandonara la escritura, algo que, según su criterio, es la tragedia del Bicentenario pues México se ha perdido, por culpa de "un mal hombre", de una escritora como no hubo desde Sor Juana, y además, ¡además!, blanca -porque su "sangre escandinava", que no se le cae de la lengua, pareciera ser su máximo orgullo-; esta mujercita que aparece en algunas fotos "chuscas" cambiando el "Salve" por un "Heil", quién sabe si porque admira profundamente a Ezra Pound -aunque el desvorgonzado racismo que manifiesta en sus escritos me hacen sospechar que lo suyo le viene más de "Mein Kempf"-, ha convertido mi vida en una pesadilla hollywoodense a partir del día en que el varón que la obsesiona desde que era afecta a las malteadas y usaba tobilleras (y la dama en cuestión está por cumplir 43), presentó mi más reciente novela en la FELIUS de Tijuana.
Ello bastó para que la patética Madame Bovary se propusiera hacer pedazos no solo la novela presentada, sino a mi propia persona y de paso, a mi familia.
Las asquerosidades que ha publicado sobre mí me ha traído a la memoria a otro oscuro personaje que nos convirtió a ambas en blanco de comentarios morbosos que, comparados con los que ahora publica esta castísima ama de casa, son pétalos de rosa, al grado de encontrar una SOSPECHOSA similitud entre aquel Charkito y quien ahora sigue su escuela...¿O es que acaso el Charkito y la Señorita Superlooser fueron SIEMPRE uno mismo? Me he enterado de tantísimos atropellos y delitos cibernéticos cometidos por esta dama escandinava de casta panista y hacker de corazón -porque aunque no menciono su nombre en mi post anterior me han llovido mensajes de otras antigüas víctimas suyas, que de inmediato supieron a quien me refería: otra más loca, imposible-, que casi llego a la conclusión de que el Charkito es un Frankenstein de la Escritora Retirada para retornar a los escenarios en medio del aplauso unánime por su valentía para desafiar a un psicópata que se dedicaba a enlodar la reputación de escritoras norteñas. Alguien tan desesperado por llamar la atención es capaz de esto y mucho, mucho más. Fue a partir de este incidente que tuve la desgraciada ocurrencia de convertirme en su contacto de correo, porque amigas-amigas nunca fuimos, aunque ella exigiera mí vasallaje y lealtad absolutos, al grado de ordenarme solicitar a los organizadores de la FELIUS me cambiaran de presentador. Le serví, eso sí, de puente para solicitar una beca o algo así, porque, conmovida y solidaria con mi sexo como suelo ser, le dediqué una "Trenza" a sus tres únicos libros que todavía le sirve de adorno, pero la interacción fue mínima y la distancia lo suficiente grande para que ella conozca tantas cosas de mi persona y de mi familia como afirma ("calumnia", "difamación", les llaman en mi rancho). No fue sino hasta que mi amigo Crostwaithe me presentó, que este peligroso coctelito de Madame Bovary, Adele H. y Alex Forrest salió abruptamente a escena con las manos colmadas de arsénico para envenenar no a ella misma, sino a mi familia, a dos niñas inocentes cuyos nombres ensucia con la bajeza propia de quien no ama a los niños, ni siquiera a los propios, y a mi esposo, al que, tras conocer en foto, dirigió un torrente de elogios de lo más barroco, "eres un arcángel"... y  ahora resulta que la acosada fue ella.
La Escritora Retirada ignora que la relación entre mi esposo y yo es tan estrecha, que yo leí cada uno de sus mensajes al momento en que entraban en su buzón. En tres de ellos le reclama su tardanza para contestarle -no habían pasado cuatro horas del último mensaje - y esos reclamos de novia ofendida, así como el recuento de su torcida vida sexual y conyugal que detallaba, debo reconocerlo, con gran aliento narrativo, produjeron en mí la sospecha de que esta mujer no estaba bien del cerebro y se proponía envolver a mi eposo en su palabrería. Ingenua, nunca sospechó que cada uno de sus melodramas cómicos-mágicos-musicales pasaron por mis ojos. Una mujer que a los 43 años culpa a todos los ex novios, ex amantes, al marido, al padre, al abuelo y al mundo entero de sus torpezas y enarbola una serie de enfermedades -reales o inventadas, espero que no haya mentido en esto-, para despertar compasión, no es alguien en quien pueda confiarse. Se lo dije a mi marido. Se lo advertí. Esta tipa es una manipuladora. Una semana después presentaba yo mi libro en Tijuana, acompañada de Desdémono... ¡y que explota el Otelo pelirrojo!
Esta mujer ha enfangado mi nombre de todas las formas posibles. Siendo madre de dos hijos, a quienes por cierto dediqué la novela que Miss Superlooser ha despedazado con argumentos ridículos y hasta enfermizos que solo traslucen ignorancia y una envidia digna de la Madrastra de Blanca Nieves, ha involucrado los nombres de mis niñas en la vorágine de su mente dañada. Yo, ni por accidente, me metería con esos pobres niños. Bastante tienen con padecer una madre borderline o esquizo, con síndrome de Munchauseen, que solo vive para monitorear a un ex novio e inventarse romances con hombres casados a cuyas esposas tortura con mensajitos (no he sido la única). Pero alguien que emplea sus habilidades narrativas para destruir la reputación no de una persona, sino de una familia entera, nada más porque sí, por capricho, por pataleta de niña chiquita, por destruir, para sentir que su familia no es la única disfuncional del mundo, no puede querer ni a sus propios hijos.
Por alguna oscura razón, Miss Superlooser se siente invencible, acaso por vivir en Estados Unidos - de cuyo presidente, por cierto, suele renegar "por maldito negro"(sic)-mientras que a quienes nos jode la existencia estamos de este lado, en México, y eso le hace suponer que puede proceder con la impunidad propia de sus parientes panistas. Se atrevió a publicar un mensaje que le envié en privado, donde narro un pasaje bastante doloroso de mi vida. Yo podría hacer lo mismo con sus mensajitos cargados acusaciones contra una serie de hombres que abusaron de su "generosidad", así como de racismo y clasismo, si bien ella ya se ha exhibido en este sentido con menos pudor todavía que con el que exhibe su envidia y su ardor. La Miss Superlooser se metió con mi familia suponiendo que una naquita como yo, una indita no podría actuar en su contra... pero, aaaaay, no todas las inditas somos como Ernestina, la de Zongolica...o como Jacinta Francisco...algunas contamos con buenos abogados, sobre todo si somos autoras de una empresa editorial transnacional, donde sus autores son defendidos de difamaciones como la suya (y miren quien habla de "robo de ideas": ¡la Reina del Plagio!) y de una demanda como esta no la salvan ni los 100 mil dólares anuales que gana su "marido carcelero"... otro dato que aportó en los mensajitos a mi esposo.
Aunque....bueno, he de confesar públicamente el pecadillo. Mujer prevenida vale por dos, y ya alguien me había advertido de que a la señora le encantaba provocar broncas conyugales. Me hice pasar por mi esposo en varias de las respuestas que Miss Superlooser recibió y luego -qué tonta- me reenvío a mí, la esposa, para que viera cuánto la admiraba mi marido, y me lanzara a las vías del tren (el león cree que todos son de su condición). Je,je,je. Una es traviesona, ¡ni moooodooooo! Me gusta practicar mi capacidad para escribir como varón y "cómo te quiero Ramoncito", "Eve se sacó la lotería contigo", me dio chanza de hacerle a la James Tiptree (que investigue quién era James Tiptree, ignorantona) y constatar mi capacidad para "alborotar" a una ama de casa insatisfecha e histérica.
I´m sorry, mi Superlooser, fui yo quien respondió los siguientes mensajes dirigidos a través de facebook (incluyo fechas y horas)
30 de septiembre de 2009, 21:14
"Eres un amor. Y muy guapo (...)
2 de octubre de 2009 21:29
"Mi bienquerido Ramón: no sabes lo que te he llegado a apreciar. Gracias por compartir un pedacito de vida conmigo. Recordé una escena una de las películas de Harry Potter en la que Dumbledore se pone la vara mágica en su cabeza, saca su memoria (que es como una neblina iridiscente) y se la coloca a Harry en su cabeza al tocarlo con su vara.
Al leer esto me hiciste llorar, por muchas cosas, porque veo en ti un ser humano hermoso (...) Hay seres con luz, y Abigael (Bohórquez) era uno de ello. Tú eres otro Ramón, espero que lo sepas."
(Cuánta pinche cursilería, perdón por la interrupción. Sigo...)

Pero esta es de antología: la misma que hoy me acusa de trepadora, de explotar a mis hijas, se expresaba de mi persona en estos términos, ante "Ramón" (o Ramona):
14 de octubre de 2009, 02:15
"Aunque no lo creas, sé bien cuánto ha batallado Eve, lo sé porque ella misma me lo contó. Me contó cómo la trataron en Hermosillo y cómo le daba terror cuando entraba a los concursos que se viera que era mujer. Cuando me contó de sus dolores, yo me hermané con ella. Mi dolor más grande es LHC (el ex novio que la dejó hace más de diez años) y aunque Eve triunfe (las cursivas son mías, es que me carcajeé al leer esto), no se vale pedirme que no lo mencione y usarlo de escalón para ayudarla. O se es amigo o no se es. Punto. Y yo no soy amiga de los que lastimaron a Eve, definitivamente no los protegería, y nunca le pediría a Eve que fuera neutral su me "ayudan a hacerla". No lo voy a volver a mencional (SIC), no hay necesidad, pero ya sé donde están sus fidelidades y no es conmigo."
Tardíamente respondo a este mensaje, ya no como "Ramoncito lindo", sino como Eve la India Naca: 1) Cuando (Eve) me contó de sus dolores, yo me hermané con ella: solo UNA VEZ hablamos por teléfono y alguna vez debo haber mencionado que me fue como en feria en Hermosillo, pero no recuerdo haberme apoyado en su maternal hombro y recibir sus palmaditas solidarias, 2) Yo no soy amiga de los que lastimaron a Eve, definitivamente no los protegería, claro que no: nunca los conoció, no tiene idea ni de quiénes son, y hasta donde sé, no he "protegido" a su Príncipe Azul; 3) Está tan enamorada de LHC, que supone que este tiene una especie de toque mágico que provocará que me vuelva la JK Rowling mexicana, o le quiten el Nóbel a Herta Müller para pasármelo, por obra y magia de juntarme con Crostwaite que, hasta donde sé, es un gran escritor, pero no Harry Potter. "Fidelidad" -que lo correcto sería "Lealtad"-le llama a que la gente que la rodea haga lo que ella manda. Ella estaba empecinada en que su ex ex ex ex novio NO presentara mi libro, pero da la casualidad que su ex ex ex ex es mi amigo desde muchísimo antes que ella.
En fin...Ojo por Ojo, Mi Reina: tú publicas mis intimidades, el vía crucis cuando me embaracé de mi hija mayor...yo publico las tuyas (y mira que me estoy reservando lo mejor,  por si sigues chingando)... y lamento decepcionarte, porque salvo 2 mensajes que Ramón respondió com muchísima hueva y porque yo lo azuzé, quien redactó los que tanto te emocionaron y alborotaron tu hormona, fui yo...I´m sorry.

Y por Dios: DEJA YA EN PAZ A MI FAMILIA, A MIS HIJAS Y OCÚPATE DE LOS TUYOS....NO ME OBLIGUES A LLEGAR A EXTREMOS TODAVÍA MÁS RADICALES...UNA SE CANSA DE SER TOLERANTE.

Sho-shan y la dama sonorense

Por: Luis Humberto Crosthwaite
Para comenzar es necesario hacer una aclaración: quien esto escribe no pretende ser objetivo porque simplemente el entusiasmo no se lo permitiría. En estas líneas no encontrarán ustedes un análisis exhaustivo y científico de esta singular novela, más bien serán gritos de entusiasmo.
(Imagínenme como una porrista emocionada, brincando y sonriente frente al triunfo de su equipo. Eso soy, y aquí brinco y sonrío, y me declaro, sin pena y más bien con orgullo, como devoto fan de la escritora sonorense Eve Gil.)
Y como fan me dirijo a ustedes:
Conocí a Eve cuando era mucho más que Eve; de hecho era cuatro letras más, Eve-lina.
Evelina Gil era una muchacha de ojos grandes y cabello largo que frecuentaba encuentros literarios en Hermosillo como uno de tantos jóvenes escritores egresados de la Universidad de Sonora. Dentro de poco publicaría y causaría escándalo con su primera novela Hombres Necios en 1993; pero esta novela y los premios con los cuales empezó su carrera no anunciaban aún la metamorfosis de Evelina hacia la escritora y periodista Eve, que tanto Felius como yo tienen el orgullo de presentar esta tarde.
Eve Gil es un caso único en las letras mexicanas. Aguda observadora, lectora empedernida, escritora compulsiva, su singularidad recae en el hecho de que es una autora que constantemente sorprende a sus lectores. Nadie sabe bien lo que saldrá de su cerebro norteño, ni siquiera me atrevería a especular sobre el tema que abordará en su próximo libro.
La admiro por novelas como Réquiem por una muñeca rota, publicada por Tierra Adentro en el 2000, y me entusiasmo por novelas como Virtus, del 2008, publicada por Jus.
Durante los últimos 15 años, Eve se ha vuelto una especie de terapeuta que logra sacar lo mejor o peor de sus personajes, todos muy humanos y desconcertantes. Sus historias no balbucean, saben hablar directamente, sin tapujos. Ella es una psicóloga de la narrativa pero también sabe leer el tarot, nos adivina.
La Muñeca rota es una adolescente gorda que duda de su belleza y envidia a la flaquita que es hermosa porque así lo dicta la sociedad. Eve sabe hacer reír, pero también estruja a sus lectores, estira sus fibras emocionales, seduce con sus palabras.
Virtus, en cambio, apela a la inteligencia más que a las emociones. Eve dirige la mira hacia nuestro sistema político y critica con ferocidad todo lo que ella considera inútil e injusto. En Virtus vivimos en una especia de mátrix donde la felicidad se nos receta a cucharadas virtuales. Es su propia versión del Mundo Feliz de Huxley, pero con un presidente prefabricado, nacido en Tijuana of all places.
Sin ella saberlo, con Virtus Eve se volvió mi mejor amiga. Me di cuenta que ambos surgíamos de mundos similares. En mi caso, la lectura de ciencia ficción me empujó hacia la literatura. La lecturas de seres extraterrestres como Ray Bradbury, Isaac Asimov y Ursula K. Leguin, entre muchos otros, me hicieron ver que la imaginación no tiene por qué estar limitada.
Pero con Sho-shan y la Dama Oscura, Eve es más que amiga, se vuelve una entrañable hermana.
Hace unos años, por no sé qué misterios, decidí profundizar en el cine de Akira Kurosawa. Y obsesivo como soy, a la vuelta de pocas semanas vi 29 de sus películas en orden cronológico, desde Sanshiro Sugata, de 1943, hasta su magistral Madadayo, de 1992. De ahí pasé al prolífico Yasujiro Ozu y no paré hasta quedar pasmado con cineastas como Takeshi Miike y el otro Kurosawa, Kiyoshi, uno de mis favoritos.
Mientras que los ojos se me alargaban de tanto cine japonés y la panza me crecía por tantas palomitas de microondas, no dejé pasar la oportunidad de sumergirme en el mundo manga. Era un regreso a mi infancia, aquellos tiempos cuando me hipnotizaban series de televisión como Fantasmagórico y Kimba, el león blanco, o sentía repugnancia por Candy Candy o Heidi que yo consideraba (guácara) sólo para niñas. (Todavía me dan ganas de vomitar pensar en la canción del abuelito dime tú.)
En esta nueva jornada de manga y anime, ya muy adulto y muy escritor, pasé por historias maravillosas como Ghost in the shell, Milenium actress, Perfect Blue, Grave of the Fireflies; repasé no sin chillar melodramas como las aventuras del pequeño Remy, además de clásicos como Akira, Ninja Scroll y por supuesto todo lo del maestro Hayao Miyazaki.
Y por si esto fuera poco, no me perdía un episodio de Pokemon y aprendí a jugar Yugi-Oh, aunque jamás logré ganarle a mi hijo Santiago, quien siempre tenía mejores cartas que las mías.
Nunca imaginé que con esta inmersión a la cultura japonesa no hacía más que prepararme para el más reciente libro de Eve Gil. Se puede decir que estaba más que listo para leerlo.
Para mi sorpresa (y nótese que “sorpresa” es una palabra recurrente cuando hablo de Eve), ella escribió un libro que se desarrollaba en un punto intermedio entre el mundo de los mortales y el universo manga. En el mejor estilo japonés, Sho-shan y la Dama Oscura contiene todo el drama, complejidad psicológica y violencia propia de los mejores animes. La protagonista, una niña mexicana con rasgos orientales, lucha contra el mal y la injusticia, sufre calamidades, se enfrenta a su destino y resulta triunfante a pesar de las tragedias.
Pero la historia no es simplemente una serie de eventos, existe también un trasfondo, un análisis de la intolerancia social, del rechazo a quienes se considera diferentes.
Violeta Monsalve (llamada también Murasaki y eventualmente Sho-shan), parece “chinita” por sus ojos rasgados y por su fascinación por esas historias con monitos de ojos grandes. Es juzgada como “rara” y propensa a la violencia.
Su hermana menor, Luisa (llamada también Lu y Cho, que significa “mariposa”), no habla, sufre ataques y es diagnosticada con el Síndrome de Asperger. Aún teniendo cuatro años, los adultos la culpan de un crimen imposible.
Su ángel protector es la misteriosa escritora Dagmar Obscura (llamada también Dama y quizás Danae Fujita o Valentina Nóvgoroda). Ella es la heroica mamá que lucha contra los estereotipos y defiende su derecho de educar a sus hijas a su manera.
Sho-shan y la Dama Oscura es una novela breve e intensa, de corte juvenil, mestiza entre lo mexicano y lo japonés. Ahí están los personajes con superpoderes y los personajes cómicos, torpes, malvados y benévolos que nunca deben faltar. Ahí están los espectros y figuras ancestrales que son tan capaces de devorarnos como de darnos un sabio consejo. Pero tratándose especialmente de Eve Gil, ahí está el gusto por contar historias, la escritura fina que la caracteriza y el afán por sorprendernos, (sí otra vez la palabra “sorpresa”).
Sho-shan y la Dama Oscura llega en un momento en que todo parece estarse volviendo un poco manga: seres poderosos y sus ejércitos de secuaces mueven los hilos de este país, mientras los héroes anónimos tratan de sobrevivir un día a la vez. Sólo falta la llegada de esos personajes mitológicos que nos defiendan de las fuerzas malignas; los que pueden volar o lanzar centellas o por lo menos contar con un inventario de robots gigantes o amigos mágicos. Ellos faltan para defendernos de los opresores; mientras tanto contamos con Eve, que no sabe defraudarnos, un personaje que ya tiene los ojos grandes y el superpoder de su escritura.
Espero que todos aquí hayan leído algún libro de Eve Gil (recomiendo además las tres historias que forman su premiado Sueños de Lot), o por lo menos espero que la conozcan por sus excelentes blogs.
Reitero que es para mí un orgullo estar aquí y agradezco a los organizadores de la Felius por haberme permitido la oportunidad de hablar sobre este libro.
Tijuana, B.C, octubre 12 del 2009

SE BUSCA: INFANTICIDAS Y COMERCIANTES DE LA NECESIDAD DE MADRES TRABAJADORAS

¿Los ha visto?
Estas personas, por hoy prófugas de la justicia -se sospecha andan por territorio estadounidense o canadiense porque la aristocracia sonorense, por naquez o por tacañería, o una mezcla de ambas, no pasan de territorio americano y la compra semanal la realizan en Tucsón- son los propietarios del bodegón-guardería, improvisada con material flamable, sin salida de emergencia ni extintor, donde hasta el pasado 5 de junio se hacinaban 200 bebés, 48 de los cuales murieron en un incendio y otros diez supervivientes habrán de sobrellevar el resto de su vida secuelas que van desde quemaduras en gran parte de su cuerpo, hasta graves disfunciones pulmonares que minarán considerablemente su calidad de vida.
Acusados de negligencia criminal, estos personajes, lejos de entregarse a las autoridades para ofrecerse reparar los daños hasta donde sea posible o purgar la condena que les correspondería por una elemental cuestión de ética y/o conciencia cristiana, que solían ostentar a través de diversas oportunidades, inmortalizadas en las secciones de Sociales, donde recibían solemnes la bendición del Arzobispo, han huído del país como lo que son: unos cobardes y unos asesinos. "El que nada teme, nada debe" Estos, a todas luces, estaban concientes de los riesgos que sus "clientes" corrían merced a la avaricia y ambición de quienes lucraron con la necesidad de las madres trabajadoras.
Nombres y descripción de los próugos, por estricto orden alfabético:
Escalante Hoeffer, Alfonso: Tipo "sanote", sonrosadote, ojiverde, signo de pesos en la mirada, hoyuelos en las mejillas, producto de la madurez tardía, botas muy caras (para mayores señas: acude al mismo cocodrilero del ex presidente Fox), espuelas Yves Saint Laurent, barbita de candado (aunque quien quita y se haya rasurado los pocos pelos para no ser molestado), papada de emperador romano. Señas particulares: carga muy a huevo a sus hijos, apenas que haya una cámara adelante. Cónyugue de la también prófuga Sandra Téllez Nieves.
Gómez del Campo Zavala Tonella, Marcia Matilde Altagracia: no dejarse engañar por su nombrazo digno de emperatriz belga de los tiempos del romanticismo. La doña, quien por cierto es tía o sobrina -no se sabe a bien- de la primera dama de la nación, y se le asemeja bastante en lo fodonga, es la típica señorona afectada que no permite a sus vástagos comer dulces ni chicharrones porque el colesterol y la diabetes son enfermedades de "gente baja" y tampoco los deja jugar en la tierra porque, dice, no deben ensuciar su ropa de marca ya que no está dispuesta a comprarles una nueva, si es que la "muchacha" no consigue sacarle toda la mugre. Señas particulares: gesto de hacer fuchi (aunque quien sabe si se le habrá alterado por el susto o la más reciente cirugía plástica), mirada fija en el piso, ademanes nerviosos y acento "popillo"
Salido, Antonio: Mejor conocido como "el Tony" o, más recientemente, "el Pilatos", quién sabe por qué. Estatura de sonorense promedio (1.75-1.80), unos 120 kilogramos de pura tortilla sobaquera y tamales de niño envuelto, grandes entradas, ojillos de águila rapaz, papada pronunciada (en realidad, este rasgo es común a todos los prófugos), tiende a ataviarse como John Travolta en sus años mozos, andar jactancioso (aunque quien sabe si ya le habrá cambiado el pasito tun-tun), suele usas cinturones de hebilla ancha. Cónyugue de la antes citada Marcia Matilde Altagracia. Señas particulares: gesto paranoide, típico de los que cargan un niño muerto en la cajuela de su auto.
Téllez Nieves, Sandra: Maquilladísima, chapeteada, sonrisa ladeada (otro rasgo común a todos los prófugos), usa lápiz labial Paloma Picasso, les cuelga hasta foquitos a sus infortunados mellizos, quienes, si Dios es justo, le echarán en cara a su mami traerlos jaloneando por todo territorio estadounidense y someterlos a régimen Burguer King (con cajita sorpresa) con tal de no enfrentar su responsabilidad ni -¡horror!- pagar las que debe, sobre todo en metálico. Se le conoce con los sobrenombres de "la Sandy", "la Yoyis", "mamá gallina" y "La Madrastra". Señas particulares: no saca el monedero ni de chiste, siempre le dice a la "muchacha" -a quien, por supuesto, se llevó de aventura para que la ayudara a lidiar los buquis-que pague los helados. Dicen que le ha dado por disfrazar a los mellizos de Batman y Gatúbela para que no les reconozca, mientras ella usa gafas Chanel, las popularmente conocidas como "ojos de mosca" que son las de armazón más ancho.
Urquídez Serrano, Gildardo: Pariente incómodo del malogrado candidato del PRI a la gubernatura del Estado de Sonora, Alfonso Elías Serrano. Éste, dicen, se largó sin la vieja y sin los buquis. Las fotos lo muestran con gesto prepotente y satisfecho, pues hasta antes de la demoledora derrota de su primo en los comicios se creía impune, pero como resulta que repartir i-pods entre los ciudadanos sonorenses no bastó para perdonarle al Vaquerito la herejía de ser pariente de quien es, ahora anda escondiéndose en algún lugar ignoto de la geografía estadounidense. Físicamente similar al Vaquerito, pero sin sombrero stetson y sin botas, porta gafas ejecutivas de armazón liviano. Papada pronunciada y sonrisa ladeada. Inconfundible aire de junior, se le huele a varios metros de distancia.
Nivel de peligrosidad de los prófugos: alto. Son capaces de asar niños si hay dinero de por medio, mínimo, de improvisar un hormiguero o una madriguera para hacinar bebés en ellas y cobrar bastante caro por el "servicio" En los niños ven un producto, un medio o, en el caso de sus propios hijos, un requisito cumplido ante la sociedad, una obligación biológica de perpetuarse propia de la gente de su clase y, sobre todo, sucesores y herederos, aunque, en este caso, habrán de heredarles ignominia, bajeza, cobardía... y 48 muertes que nadie nunca les permitirá olvidar, así se escondan en el más remoto iglú de Alaska.
A T E N T A M E N T E
Todos somos padres de los niños sacrificados de Hermosillo y exigimos justicia!!!!

Las vidas de 49 niños y la ruina de otros tantos, costó lo mismo que un par de zapatos de señora rica

Padres de la guardería ABC denuncian presunto tráfico de influencias entre los jueces que llevan su caso y los dueños de la guardería, quienes pagaron sólo 2 mil pesos de fianza
CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 5, 2009.-

Los padres de los niños fallecidos en la guardería ABC de Hermosillo denunciaron hoy ante el Consejo de la Judicatura Federal supuestas irregularidades de los jueces que llevan el caso, en el día en que se cumplen cinco meses del incendio que causó la muerte a 49 menores.
"Uno de los jueces que lleva el caso determinó una fianza irrisoria de 2 mil pesos (146 dólares) a los dueños de la guardería y gracias a ello hoy se pasean tranquilamente por las calles de Hermosillo", denunció Julio César Márquez, padre de uno de los niños fallecidos.
Al parecer, según denuncian los progenitores, existe un tráfico de influencias entre los acusados y los magistrados ya que "uno de los abogados defensores fue Juez Primero de Distrito en Hermosillo y conoce bastante bien a los jueces que están llevando el caso", indicó Márquez.
Esta supuesta relación, añadió, está permitiendo que los cuatro propietarios de la guardería detenidos -Marcia Matilde Altagracia, Gómez del Campo, Sandra Lucía Téllez, Antonio Salido Suárez y Gildardo Francisco Urquídez- se hayan dedicado a renovar los amparos para poder enfrentar su juicio en libertad.
El pasado seis de agosto, los cuatro propietarios fueron procesados por los delitos de uso indebido de atribuciones y facultades, homicidio y lesiones culposas, acusación con la que no están de acuerdo los padres ya que la consideran "demasiado leve dada la gravedad del caso".
Los padres reclaman una reclasificación de la pena para que pase de homicidio culposo (involuntario) a homicidio doloso (intencionado).
"Queremos que estas personas paguen su responsabilidad en proporción al daño que causaron", dijo el padre del niño Julio César, quien tan sólo tenía dos años y ocho meses cuando falleció.
"Nuestro objetivo es que se haga justicia, que es lo único que nos traería un poco de consuelo, y que se produzcan los cambios para que no vuelva a suceder lo mismo nunca más", apunta Márquez, quién añadió que es "lo único que daría algo de sentido a la muerte de los niños".
Para pedir justicia y "para dar las gracias a la gente por todo el apoyo y cariño que nos han dado", marcharán esta tarde por las calles del Distrito Federal, informó Márquez.
Según los peritajes realizados por la Procuraduría General de la República (PGR), la guardería ABC, instalada junto a una nave de la Secretaría de Hacienda de Sonora, no contaba con las medidas de seguridad apropiadas, alarmas, extintores, hidrantes y detectores de humo.
Los principales involucrados, además de los propietarios, son el Instituto Mexicano del Seguros Social (IMSS), responsable de otorgar la concesión de la guardería a varios particulares, el Gobierno del Estado de Sonora y el Ayuntamiento de la Ciudad de Hermosillo.

El evangelio según RAF

Por: EVE GIL
El título indignará a algunos. A unos, por considerarlo una exhibición de egolatría, a otros –los más- por encontrarlo herético. Ni lo uno ni lo otro. Una vez más, René Avilés Fabila hace gala del desparpajo, ironía, humor negro y sobre todo, libertad creativa que lo caracterizan… con un ingrediente extra, insólito en él: su erudición bíblica, que abarca los llamados Apócrifos. Se trata de una colección de textos que abordan diversos asuntos bíblicos, entre ensayos, relatos y ficciones cortas que con minuciosidad cuestionan varios de los dogmas que, como pareciera decir el autor, han sembrado maldad y caos en el mundo, aunque la Iglesia se empeñe en echarle toda la culpa a Satanás.
En tono ligero, graciosamente indignado, a veces, expone -¿denuncia?- las enormes contradicciones de la versión oficial de la historia del catolicismo, de un Dios que por un lado no solo disculpa, sino que alienta conductas consideradas pecados mortales en sus hijos privilegiados como David, Salomón o Moisés. A unos dispensa las masacres de pueblos enteros, violaciones, adulterios y hasta sentimientos harto mezquinos como la envidia o la avaricia, mientras que a otros que ni a una mosca mataron, como el infeliz Job, castiga por pecados ínfimos de forma cruel y sanguinaria. Resulta evidente, sin embargo, que al buen René le divierte relatar aquellos episodios en que la sensualidad, la lascivia y las doncellas semi desnudas son el platillo fuerte del Santo Libro que durante estos siglos ha servido de pretexto para reprimir la sexualidad –de las mujeres, en particular- y prometer el infierno hasta para quienes experimenten las reacciones naturales y espontáneas del cuerpo sexuado, y es que la Biblia, libro que sin duda apasiona a nuestro ateo autor –caso también de Ricardo Garibay, quien ateo y todo asumía su pasión por el Santo Libro y las alucinantes historias que componen el santoral-, dice RAF, “(…) Es la historia de un Dios que fue suplantado por un largo ejército de curas ambiciosos y dogmáticos, arrogantes y dueños de medio mundo conquistado a sangre y fuego (…) y la Biblia es, con sus excesos y asperezas, pura belleza.” (p. 23).
Aunque RAF, que no quiere pecar de irrespetuoso y mucho menos de hereje, no alude directamente a Dios cuando se pregunta por qué no dotó a Jesús, su único hijo “carnal”, de talento literario para que escribiera su propia historia en vez de dejarla en manos de sabe Dios qué oportunistas, provoca, irremediablemente asociar su protesta con nuestro propio sistema de educación, empeñado en sembrar en los estudiantes miedo y hasta repulsión a la lectura, mientras se juran interesados en formar lectores. La cultura es enemiga de las dictaduras, y la de Dios no es excepción. Los apóstoles –y quienes se hayan hecho pasar por estos pues presiento que si Jesús tuvo la socrática fortuna de contar con un Platón entre sus seguidores, ha terminado desdibujado entre tanto manoseo- colocan en labios de su Señor sentencias tan contradictorias como, por un lado, su declaración de que está aquí para provocar la guerra y luego aconsejar a sus discípulos que ante la impunidad y la humillación, pongan la otra mejilla. Gracias a estas contradicciones, cientos de príncipes de la iglesia justifican sus “guerras santas” y sus ofensas y humillaciones contra los humildes, quien creen –particularmente en México- que su deber cristiano es tener preparada la otra mejilla, la que les quede, para recibir la siguiente tanda de impuestos e invasiones por parte del ejército, por ejemplo. Si el Papa es el representante de Dios en la Tierra, el Presidente es, digo yo, el representante del Papa en México: “(…) se antoja una conjetura: Dios no hizo a su hijo escritor porque tal vez con esa cualidad Jesús hubiera preferido escribir poemas, dramas y novelas (todo de enorme belleza, como los trabajos de Milton y Dante) en lugar de marchar directamente al suicidio crucificado.” (p. 47).
RAF dedica gran trecho del libro a los Apócrifos, que además de resultar más coherentes en sus planteamientos, funcionarían a la perfección como complemento de una Biblia llena de inmensos huecos que se han pretendido llenar con explicaciones metafóricas, siendo que esos papeles expurgados de la edición ortodoxa no solo contribuiría a llenarlos, sino a otorgarles cierta humanidad y hasta simpatía a personajes que resultan terriblemente antipáticos, como ese Rey al que los mexicanos atribuimos la autoría de “Las mañanitas”, o el arrogante Moisés. La “misteriosa” infancia de Jesús, plena de juegos como las de cualquier niño pero no desprovista de milagros, hay que recalcar, así como el hecho narrado por Felipe de que este “solía besar a María Magdalena en la boca”, bastaron para condenarlos, si no a la hoguera –sería interesante preguntarse por qué no se garantizó su desaparición total de la faz de la tierra, quien se ocupó de mantener a salvo los pecaminosos rollos- al terreno de la ficción religiosa, en la cual bien podrían circunscribirse ciertos pasajes de la “versión oficial” y ciertas hagiografías.
El Infierno, como en la Divina Comedia de Dante, ocupa en este libro un lugar preponderante por encima del Cielo. Según el dogma de la Iglesia Católica somos, por naturaleza, mucho más susceptibles a asarnos por los siglos de los siglos, amén, y RAF nos brinda una explicación muy lógica por la que el acceso al Paraíso resulta tan ardua y difícil: sobrepoblado no sería un Paraíso, sino una especie de Acapulco en Semana Santa. El hacinamiento es uno de los elementos que vuelven el Infierno de todos tan temido, particularmente para ermitaños y misántropos. El fuego eterno y las torturas programadas como asignaturas escolares, nada son comparados con todo ese gentío hediondo y gimiente.
René Avilés Fabila, que ya había jugueteado un poco con episodios bíblicos a través de excelentes mini ficciones, vuelve a la carga con un espíritu que no por crítico deja de ser lúdico y provocativo. Lectura recomendable para los que creen en Dios, pero no en el de ese libro tan hermoso como inicuo que es la Biblia y que, con suerte, sea una histórica patraña que nada tiene que ver con su supuesto creador.

El evangelio según René Avilés Fabila
PLAN C Editores
México, 2009
147 pps

Carta del escritor Carlos Sánchez al ex Gobernador sonorense Eduardo Bours Castelo

¿Para quién es el complejo (¿cultural?) Musas?
Señor gobernador, Eduardo Bours Castelo:
Había en ese espacio muchos árboles, lomas de tierra. Lo indagaba con mi existencia de niño. Jugaba a volar y mis ojos naufragaban en esos canales como ríos diminutos.
Crecimos los de mi generación pateando balones, nadando dentro de la alberca, a un costado de esa área a la que le llamamos en su momento, vivero. Había un mundo verde lleno de pájaros.
Pasan los años y la vida se transforma. Lo sabe usted, lo sabemos todos. Y en afán, supongo, de fomentar el gusto por el arte, un día las máquinas excavadoras cambiaron de sitio las plantas. Y las enviaron a la colonia Hacienda de la Flor. El móvil fue la construcción del complejo Musas, un espacio para la cultura. Según los díceres. En fin, esto lo sabe al pie de la letra.
Paréntesis: en ese parque de la Hacienda de la Flor, he paseado ya algunas tardes, empero no he visto actividad independiente alguna, como las que se realizaron en el vivero durante las protestas para que no se construyera Musas.
De la polémica que existió respecto al tema, estuve al margen porque creo que las ciudades requieren de transformación, y sobre todo porque esta ciudad, desde mi personal punto de vista, requiere un recinto de la magnitud como lo prometieron en su momento.
Desde que supe de ese proyecto, harto feliz celebré, sobre todo porque se suponía habría un teatro. Me aventuré a construir un proyecto personal, el cual consistía en envejecer trabajando dentro de ese espacio, como intendente, como velador. Todo porque el solo hecho de estar en un teatro, me llena de emociones.
Vino después la decepción, el saber que el teatro quedaba fuera del proyecto (al menos en lo inmediato, eso nadie lo ha explicado). No obstante, y acatando la consigna de una orden de trabajo, ese día ocho de septiembre, a las siete de la tarde, me dirigí a ese lugar que mis pies reconocen desde siempre, sólo que a estas alturas con la transformación a cuestas lo reconocen totalmente diferente.
De pronto miré la iluminación de unas plantas en el umbral del recinto, mi conclusión fue el cómo cambian los tiempos, y me remití a ese pasado, en el que los árboles sólo recibían la luz de la luna, y a veces.
Mientras recordaba, miraba también a los cadetes de la academia de policía, y los carros último modelo ingresar al estacionamiento, y veía descender de ellos a personas vestidas como si tuvieran una cita con el acontecimiento más importante de sus vidas.
En mis pasos despreocupados, con algunas dosis de emoción por conocer el nuevo recinto para el arte, había también una necesidad de retroceder. Porque, señor gobernador, regularmente me son non gratos estos eventos, donde el glamour es requisito indispensable. Pero avancé. Total, me interesa lo que allí se pueda observar, escuchar, e inevitablemente, debía yo cumplir con una orden de trabajo.
En una valla metálica, un joven de cabellera engomada, con un atuendo de policía, con un radio fajado en su cintura, con un chaleco gris, me preguntó (sin desaprovechar la oportunidad de subir de tono su voz, para dejar clara su jerarquía de policía) que si adónde me dirigía. Mi respuesta fue que a la inauguración de Musas. No puedes entrar, me dijo. De dónde vienes, agregó. Le dije que soy un ciudadano, y que me interesaba observar el edificio, y que aparte, debía elaborar una nota del evento. No puedes pasar, me dijo. Traes identificación, me preguntó.
No respondí, porque mientas me interrogaba, otras personas accedían al lugar, sin necesidad de dar explicaciones.
Me di la media vuelta y me retiré, porque no pude dejar de ver en los ojos de ese guardia, policía, guarura, la prepotencia y las ganas de que yo insistiera, porque seguro era que el próximo paso sería la represión hacia mí.
Señor gobernador: ¿Cómo poder explicar el sentimiento que me aborda? ¿Qué adjetivo utilizar cuando a uno se le impide recorrer la tierra donde nació?
Intento decirlo pero dudo que me entienda. Y para que desgastarme si cuando el móvil para mutilar mis pasos hacia Musas, fue, concluyo, que visto mezclilla, uso tenis, camisa sin fajar. La corbata y el saco nunca me han seducido.
Pero bueno, entiendo las formas y sus discursos sobre la importancia de los niveles, esos de los que usted presume tanto. Yo soy de las Pilas, del mero cerro, y allí hay otros valores, se conceptualiza a las personas no por como visten.
Crecí en ese territorio donde ahora la modernidad nos ha devastado el panorama. Pero sabedor de la necesidad de espacios para el arte, en algún momento lo celebré. Sólo que a partir de la represión, del acceso denegado, mi pregunta es ¿para quién o quiénes es Musas?
Si el pasaporte para conocer el interior de ese complejo es la corbata, el tacuche, creo que me quedaré al margen de su interior. En fin. Parafraseando a Joaquín Sabina (un cantautor español, señor gobernador), sé ahora que al lugar donde he sido feliz no debiera tratar de volver.
Señor gobernador, le informo ahora sobre este desconcierto que me causa la discriminación, que concluyo, como ya lo dije, es por mi manera de vestir y calzar. Pero, señor gobernador, le comento esta infausta anécdota porque es urgente, preciso, ya que el próximo domingo, a las 12:01, usted, con el favor de Dios: se irá.
Atentamente: Carlos Sánchez, las Pilas, Sonora.

Tomen nota de los diputados cómplices de los asesinos de la Guardería ABC

Cortesía: CONTACTOX
Empresarios locales -sonorenses- y representantes del sector privado, extendieron 34 cartas de recomendación a los propietarios de la incendiada guardería ABC (y de otras más en el Estado) al Juzgado Primero de Distrito, con el fin de que sean utilizadas en su defensa, por el proceso legal que se sigue en su contra por la tragedia en Hermosillo del 5 de junio pasado.
Empresarios locales y representantes del sector privado, extendieron 34 cartas de recomendación a los propietarios de la incendiada guardería ABC (y de otras más en el Estado) al Juzgado Primero de Distrito, con el fin de que sean utilizadas en su defensa, por el proceso legal que se sigue en su contra por la tragedia en Hermosillo del 5 de junio pasado.
Así lo afirmó un padre afectado por la muerte de su menor, al término de la Marcha de la Verdad, convocada por el Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de junio, en la Plaza Zaragoza, frente al Palacio de Gobierno que alberga las oficinas del gobernador del Estado de Sonora.

Entre los emisores de dicho apoyo se encuentran:

Edmundo García Pavlovich Diputado del PAN

Claudia Pavlovich Arellano Diputada por el PRI

Alfonso Cota Hernández Presidente de CANACO Hermosillo

Juan Carlos Solís López Presidente de CANACINTRA

José Luis Molina Elías Pte. de la Unión Ganadera Regional

Héctor Nícola Monroy Pres. del Patronato de la Cruz Roja

Saúl Rojo Valenzuela Casa Hogar Juan Pablo II (Asilo)

Patricia Galaz Córdoba Unidos Hermosillo I.A.P.

Margarita Ibarra Platt Posada del Buen Samaritano I.A.P.

Yolanda Escalante de Mazón Voluntariado CIMA I.A.P.

Adalberto Atondo Aguayo Atondo y Asociados (asegurador)

Graciela Irma Gámez Instituto de Cultura Superior de Sonora

Óscar Cuellar Rosas Pte. de Coparmex Norte de Sonora

Norman Andrés Sánchez A. Gerente comercial de Seguros Monterrey

Me acuerdo

Por:EVE GIL
Joe Brainard (1942-1994) fue un ecléctico artista gráfico que prácticamente explotó todas las posibilidades de dicha disciplina, desde el cómic hasta la instalación y no dejó pasar de largo la escritura, aunque habría que preguntarse hasta qué punto Me acuerdo es literatura o una variante de su interés estético. Muchas son las dudas que asaltan al lector de este peculiar libro que, vale la pena aclarar, no es el único de la autoría de Brainard, pero sí el primero considerado literario… el que fascinó a Paul Auster que sin ambages lo denominó “obra maestra”. Brainard tiene en su haber una decena de títulos, de arte la mayoría, entre los que destacan The Nancy´s book (esbozos y apuntes) y The imaginary still lifes (notas), así como un estudio de su obra de la autoría de Constante M. Lewallen, Joe Brainard: a retrospective.
Para Joe Brainard ningún material u objeto carecía de valor, según se aduce por la simple visión de su caótica mesa de trabajo donde se aprecian billetes descontinuados, empaques de comida, envolturas para regalo, tarjetas navideñas y una asombrosa colección de lápices. Su obra abarca desde las madonnas ultra ortodoxas hasta Periquita, una Mafalda light y gringa, creación original de Ernie Bushmiller, a quien Brainard renombra “Nancy”. Yo lo definiría como un Warhol con malicia de niño. Para los familiarizados con la interesante obra conceptual de este artista –no era mi caso: leí el libro y posteriormente me avoqué a investigar sobre su faceta plástica-, leer Me acuerdo resultará doblemente disfrutable, pues en ese libro se consignan flash backs de sucesos e ideas que forjaron la totalidad de su obra. El empleo del término cinematográfico no es gratuito: imita los saltos de la memoria que no respetan orden ni concierto. La curiosidad, en su caso, es lo que define su existencia, desde su incursión en el sexo hasta su vocación artística, según denuncian sus evocaciones que van de lo conmovedor a lo hilarante.
Cuando uno se entera de que el autor murió de SIDA en 1994, imagina que este nostálgico libro tiene su origen en el momento en que se entera de que no le queda mucho tiempo, pero no, se publicó en 1975, cuando la carrera de este peculiar artista gozaba su mejor momento. La sensación, sin embargo, de que Brainard teme no alcanzar a decir todo lo que quisiera, persigue al lector. Me acuerdo está constituida por parrafadas que empiezan con esa misma frase: me acuerdo. Algunas son frases brevísimas, contundentes… otras destacables a manera de micro relatos, género, por cierto, nada valorado en la literatura en lengua inglesa. A golpe de vista, pareciera un libro de aforismos: nada más lejano. Se trata de un collage de recuerdos que el autor consigna conforme aterrizan en su memoria: “Me acuerdo de cuando vendía sangre cada tres meses en la Segunda Avenida”, “Me acuerdo de un niño muy pobre que tenía que ponerse las blusas de su hermana para ir al colegio”.
A partir de estas frases, que van de lo banal a lo muy elaborado, se arma ante nuestros ojos el retrato del artista, que no hace distingos entre la parte humana y la parte artística, en su caso no solo complementarias sino indisolubles. Me pregunto hasta qué punto el haber tenido una memoria tan fresca de su infancia clasemediera, que, con sus bemoles, parece haber sido feliz, haya contribuido al arte de Brainard, particularmente en su gusto por los collages que incluyen todas esas pequeñas cosas que surgen en varios de sus recuerdos: cuadernos de papel verde clarito, muñecas vestidas de novia, tutús, esponjas, bolitas de mercurio. La mención que hace de estos pequeños objetos les otorga una dimensión distinta; los extrae de la vulgaridad, y con esa misma visión transforma sucesos que enumera como trascendentes y más de un lector habrá experimentado aunque no se trate de experiencias, digamos, demasiado recurrentes.Este libro, pues, es una colección de momentos, de sensaciones, de experiencias a través de las cuales reconstruye una época que lo mismo se caracterizó por el racismo que por ciertas prendas de vestir: “Me acuerdo, cuando los cuellos de cisne eran realmente altos, de hablar sobre en qué restaurante te dejarían entrar con ellos y en cuáles no.”

Me acuerdo
Joe Brainard
Traducción de Julia Osuna Aguilar
Sexto Piso
México, 2009

Enfermos de miedo: Más sobre el caso ABC

Vanessa De La Torre( madre y enfermera )
Por: Silvia Núñez Esquer
Revista proceso

La disyuntiva más grande en la vida de Vanessa De La Torre se presentó el pasado 5 de junio pasado, cuando una gran masa de humo espeso y negro golpeó su vista al abrir la puerta que va del filtro de la guardería ABC, hacia la sala de usos múltiples y comedor. Pensó mil cosas en ese momento, pero una fue la que privilegió en su decisión: “Tengo otro niño, no puedo exponer mi vida”. Decidió retroceder y pedir ayuda, pues sabía que su hijo Luis Gabriel estaba adentro, tal vez sin vida. Vanessa no fue de las madres a quienes la tragedia les llegó por teléfono. Ese día salió más temprano de su trabajo y, además, le dieron raite. Llegó a las tres de la tarde a la guardería, tres cuartos de hora antes de lo acostumbrado, justo en el punto máximo del incendio. Desde su trabajo se veía la nube de humo negro y denso, como cuando se queman llantas o plásticos, y se preguntó “¿Qué se estará quemando?”. En la esquina, bajó del carro y caminó hacia la guardería, mientras trataba de sacar conclusiones sobre la nube de humo negra que avistaba a la distancia: “Debe ser la llantera, se va a pasar a la guardería”, y aceleró el paso en una desesperada carrera para descartar su suposición.
Conforme se acercaba a su destino, se alejaba también la tranquilidad. Su vida ya no fue la misma, pues encontró el futuro de México en llamas, pero también la puerta libre para entrar y con ello la posibilidad de salvar a su hijo. “Puede ser que me meta, pero ¿qué saco si de todas maneras no voy a ver al niño de tan espeso que está el humo?”, razonó. Escuchaba a su lado sólo las voces desesperadas de adultos, intentando, en vano, salvar a los pequeños atrapados y por eso concluye que las niñas y niños “ya estaban todos desmayados”. Lo más duro de asumir era imaginar el dolor que estaría sintiendo su bebé de un año cuatro meses. Entre llantos recibió la noticia de que había niños a salvo en una casa vecina, pero nadie tenía una lista. Entre lágrimas, Vanessa pasó un rato viendo pasar niñas y niños en brazos, pero no parecían los mismos que a diario se veían entrar y salir de la guardería ABC, sino seres lastimados por la lumbre, algunos completamente transformados, “tiznados de la punta a los pies”, irreconocibles, recuerda. Empezó a temblar por una crisis nerviosa, pues se imaginó lo peor, que en cualquier momento vería a su niño salir quemado y sufriendo. Gracias a que Luis Gabriel “era muy mordelón”, una de las maestras lo tenía bien identificado, dice Vanessa.
Fue así que encontró a su hijo parado en una de las casas donde resguardaron a los sobrevivientes, con la mirada ida, sin responder a ninguna pregunta, borrando por mucho tiempo la sonrisa que lo caracterizaba. Traía un solo huarachito, lo que delataba cómo fue que salió, tal vez corriendo o, si tuvo suerte, en los brazos de alguien. Aunque su pierna estaba con quemaduras de tercer grado, lo que más le importaba a Vanessa era que estuviera “completo”. Sin derecho a la salud De esta forma, la mujer, una de las tantas trabajadoras mexicanas que diario inicia su día al amanecer, para finalizar la jornada con la última tarea doméstica de la casa, al anochecer, hoy tiene una tarea más, producto del incendio del 5 de junio: ser enfermera de su hijo y abogada del derecho a la salud de él y de ella misma.
De ser un bebé sano, Luis Gabriel es ahora uno de los sobrevivientes del percance que presenta el cuadro de pulmones inflamados, flemas y trastornos de conducta y sueño. Aunque las cicatrices por las quemaduras en ambas piernas son visibles a un mes del incendio, el hecho de que no haya sido hospitalizado, hoy significa para Vanessa no tener acceso a un apoyo por parte del IMSS. En una modesta casa de la colonia Nuevo Hermosillo, con escasos muebles, al sureste de la ciudad, Vanessa ha recibido la visita de representantes del Seguro Social, quienes sólo van, le preguntan datos y la disuaden de cualquier exigencia hacia las instituciones responsables, entre otras cosas. Vanessa de la Torre es un claro ejemplo de quiénes son las 500 mil mujeres usuarias de guarderías en México. Su primera tarea en el día era llevar a su niño a la guardería ABC, para irse a trabajar inmediatamente en la Carnicería Genpro, pues entraba a las 7 de la mañana.
La empresa para la que labora, ubicada frente a la penitenciaría, asumió una actitud solidaria, por lo cual Luis Gabriel fue atendido profesionalmente en forma particular y su madre goza de incapacidad laboral para cuidarlo. Nada qué ver con el Seguro Social, que ha evadido la responsabilidad de la atención y tratamiento para el niño. “Se veía buena guardería”, afirma Vanessa, quien ya había sido usuaria por su hijo mayor, hoy de cinco años. Ella se fijaba en que las instalaciones estaban limpias, la comida era buena y el trato era inmejorable, “pero que no me haya fijado en la seguridad, es otro rollo”, lamenta pensativa. Esta joven mujer de brazos fuertes, que utiliza tanto en la carnicería como para cargar a sus hijos, cuenta que en alguna ocasión reparó en un portón grande y supuso que se abría, pero nunca lo comprobó. Tiempo después sabríamos que el portón de la guardería estaba atorado y una viga atravesada no dejó que se abriera para auxiliar a las niñas y niños. Lamenta no haber entrado algún día a revisar si había extinguidores, o puertas de emergencia, pues nunca se imaginó que pasaría algo así.
De sorpresa en sorpresa Vanessa va de sorpresa en sorpresa. Por un lado la población hermosillense no ha dejado de apoyarla con pañales y leche para el niño, a raíz de una entrevista publicada en un diario local. Otra sorpresa fue la visita de personas que dijeron ir de parte de la Secretaría de Hacienda del gobierno del estado y le llevaron un aparato de refrigeración, lo instalaron y asumieron todos los gastos. Este es un insumo que Vanessa tenía pendiente, recomendado para enfriar el ambiente donde su hijo, hoy con los pulmones afectados, pueda sobrellevar la evolución de su problema respiratorio. Ella piensa que Hacienda se siente responsable, ya que fue en su bodega donde empezó el incendio que afectó la guardería ABC. En su “donación” tuvieron que instalar vidrios de las ventanas, de los que carecía. Vanessa, madre soltera de dos niños, quisiera creer a Marina Borbón, trabajadora social del IMSS que la visitó para decirle que a los niños menores de cuatro años “se les va a pasar el susto”, se les va a olvidar, que sólo los mayores de cuatro se acuerdan, ellos “sí se van a traumar”. Le recomendó que no platique sobre el incendio delante de él y así se le va a olvidar.
Cuando Vanesa le pregunta por qué está tan “chillón”, ella le recomienda que sea fuerte, ya que el niño tiene que ver a una mamá “que no sea temerosa, que no se asusta”. Dice que si el bebé la ve asustada, él se va a asustar. Que si ella tiene ganas de llorar, lo debe hacer fuera de su vista, le tiene que demostrar que es fuerte, debe jugar con él. Así el niño va a crecer seguro, le dice. Pero que si ella le demuestra temor, el niño va a crecer con miedo. Según ella, las mamás que hoy viven con niños sobrevivientes del incendio, deben aguantarse las ganas de llorar y de dar rienda suelta a sus sentimientos, para que no afecten a sus hijas e hijos. Además, le dice la trabajadora que Dios les ha puesto una prueba y que nadie es igual después del 5 de junio. Asume que ella misma no es igual, pues ha estado en contacto con madres y padres afectados por la tragedia. Como si Vanessa y las demás madres no hubieran sufrido la terrible vivencia, ella casi le recomienda que agradezca la experiencia del incendio, porque ahora es “una mejor persona” que debe de aprender a entender mejor a los demás, y que dé gracias a Dios de que tiene a su bebé con vida.
Le ofreció hacerle una cita con un tanatólogo, y ante la pregunta de Vanessa sobre esa especialidad, le contestó que “era muy bueno que fueran con él”. Cuando esta madre menciona que es muy difícil ir al IMSS a alguna consulta, porque trabaja todos los días, contundente le responde: “¡Pues ve en tu día de descanso, mija!”. Borbón, quien llegó en una de las ambulancias para traslados programados, mientras pacientes del Seguro Social esperan turno para ser transportados por esas unidades, externa sus recomendaciones basada en suposiciones religiosas. ¿Seguridad social? La joven madre ha tenido que lidiar no sólo con la incapacidad profesional de algunos de los representantes del IMSS, sino con el maltrato del médico familiar que, por ningún motivo, acepta que el pequeño Luis Gabriel está afectado en su sistema respiratorio y requiere atención personalizada de su madre. Por ello le ha negado la incapacidad laboral. Por si fuera poco, se ha quejado ante el director de la Clínica 37 del IMSS de que “la señora lo insultó”, sólo porque con su voz firme y fuerte Vanessa exige que le den incapacidad para cuidar ella misma a su hijo. El director del hospital, de apellido Montesinos, fue quien finalmente le proporcionó esa prestación, sin ningún estudio de por medio, pero no sin antes preguntarle si había insultado al médico. Nada más le ha dado la institución. Luego del 5 de junio, Vanessa de la Torre se ha convertido en una más de las madres afectadas por el incendio de la guardería ABC que hoy luchan por justicia, con miras a que, tarde o temprano, accedan a uno de los más elementales derechos constitucionales: el de la salud.

MAS DEL MISMO CASO
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HERMOSILLO, Son., 13 de julio (apro-cimac).- Sofía Jeanette Mexía es una de las mujeres cuya vida cambió abruptamente desde el pasado 5 de junio. Un día normal de trabajo se convirtió en la pesadilla que la persigue cada noche que intenta dormir, acto imposible, pues quedó afectada desde esa terrible experiencia.
El techo de lámina de los tres cuartos que conforman la casa donde vive con sus dos hijas y dos hijos, no da tregua, el calor es intenso. El pequeño aparato de refrigeración que compró luego del incendio de la guardería ABC para que su hijo pueda superar las crisis de asma, acrecentadas por la inhalación de humo durante el incendio que cegó la vida de 48 niñas y niños, permanece apagado, en espera de que algún día la “mufa” de la electricidad sustituya los “diablitos” que alimentan la electricidad de la casa.
“La refri” se la recomendó la neumóloga que atendió a Abraham Adrián en el hospital infantil del estado de Sonora; “en el DIF”, dicen todavía las madres al referirse al otrora hospital del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia.
La casa que habita no es suya. “Dame 40 mil pesos y te quedas con la casa”, le dijo el dueño en un intento por terminar ese status de visitante permanente, pues se la prestó para ella y sus hijos. Tal vez en un afán de no alimentar la provocación de que la necesidad haga que esta familia comandada por una mujer decida declararse posesionaria, como ocurre con frecuencia en las invasiones periféricas de Hermosillo.
Sofía Jeannette no cuenta con esa cantidad, no tiene servicio de luz, ni tampoco dinero para tomar la decisión de comprar la casita. Esa pequeña habitación que le ha dado cobijo desde que llegó de Empalme, Sonora, de donde es originaria.
El tinaco también es prestado. Ni siquiera está sobre el techo, sino al frente de la casa, protegido, guarecido de esa orfandad vecinal que, llegada la noche, hace que su casita y la de enseguida, pegada a la suya, las haga convertirse en una isla entre tanta oscuridad, del extenso baldío que las rodea.
Trabaja en Bodega Aurrerá, en el sur de la ciudad. Su horario es de 7 de la mañana a 4 de la tarde; empezó en el departamento de panadería. Luego del incendio y de sus constantes faltas para atender a su bebé de dos años de edad, la reubicaron a intendencia.
Pero eso no le importa, ella quiere trabajar y ganar mil 200 pesos a la quincena, aunque sea para comprar el agua purificada, pagar sus camiones, y proveer de alimentos a sus hijas e hijos.
Es de noche y para llegar hasta su casa, debe caminar desde la parada del transporte público, al menos una cuadra y media rodeada de oscuridad, nada más.
El suyo es el trayecto que muchas de las madres de la guardería ABC debieron recorrer a diario para llevar y traer a sus hijas e hijos al lugar que creían seguro. Es el sur de la ciudad, el extremo, donde las luces citadinas son aquello, lo lejano, lo que nunca han disfrutado, lo que se ve de noche como una esperanza, como un anhelo prohibido, que les hace recordar que la toma de la electricidad todavía está muy lejos.
Nuevo Hermosillo, Las Lomas, La Y Griega, Real del Carmen, Invasión Altares, Piedra Bola, son sólo algunas de las colonias del sur de la ciudad en donde las madres, día a día, confinaban a sus hijos en una de tantas guarderías para trabajar y poder, en algunos casos como en el de Sofía, solas, sin más ayuda que su fuerza de trabajo, la cual comparten entre su empleo regularmente mal remunerado, y las tareas de la casa, darles un mejor porvenir.
Como “madre del incendio”, hoy día se encuentra en el limbo del Seguro Social. Como otras más, Sofía se convirtió también en enfermera de por vida, pues su hijo Abraham Adrián, quedó afectado en su salud respiratoria para toda la vida, según el diagnóstico de la neumóloga que lo atendió en el Hospital Infantil del estado.
Sus noches se reparten entre el despertar súbito, que la hace cuestionarse angustiada si su hijo está vivo o no, y los momentos en que se debe levantar a atender a su hijo que se ahoga con la tos del asma que se incrementó a raíz de la inhalación del humo tóxico de la guardería ABC.
El miedo
El mal físico de su hijo no es lo único que preocupa a Sofía Jeannette. El niño, a quien el Seguro Social no quiere indemnizar, ni dar una pensión de por vida por las afectaciones en su salud, también se le enfermó “de miedo”.
El niño, antes juguetón y “bueno” para dormir, hoy permanece despierto como luchando por no cerrar los ojos y recordar algo que lo tortura y que no lo deja conciliar un sueño tranquilo.
“Se ha vuelto muy estresado, se levanta llorando en la noche gritando: ¡no, no, no!, desde el día del incendio”, describe su madre. Y es que tanto Abraham como su mamá estuvieron ahí cuando se desarrolló la crisis. Uno, despertado violentamente por las maestras para ser rescatado de una muerte inminente, y la otra, por llegar a recogerlo y encontrarse con la escena de la guardería en llamas.
“Nunca me podré olvidar de las escenas que vi, cuando sacaban a niños que se les arrancaba la piel quemada en pedacitos”, afirma con la voz quebrada por las lágrimas que salen sin permiso. Hoy día, dice que el mero hecho de recordar le lastima, es algo que cambiaría si pudiera.
Como muchas mujeres, Sofía Jeanette llegó a la guardería ABC para ser usuaria, motivada por la necesidad de un lugar seguro en donde dejar a su hijo, al no contar con familiares en esta ciudad. Sus demás hijas e hijos son estudiantes de primaria.
Buscó en una y otra guardería, circulando en una bicicleta que después le robaron de su casa, recuerda. La Sedesol fue una de las posibles opciones, pero no tuvo el dinero necesario para conseguir todos los documentos que le pedían. Las particulares cobran más de lo que ella gana en un mes.
El rumbo de la guardería ABC es el mismo de Bodega Aurrerá, por lo que resultó la solución para inscribir a Abraham. Su primera experiencia con guardería fue al llevar a su niño a la del parque industrial, también cercano al sector...
Pero otra vez, el factor económico la hizo cambiar de lugar, pues gastaba mucho en camiones, lo que llevó a buscar otra opción. Desde que tenía un año, el bebé fue cuidado en la guardería que el 5 de junio se convirtió en trampa mortal para unos, y en el verdugo de los pulmones y de la tranquilidad de otros.
Las noticias del incendio le llegaron por el altavoz de su trabajo. Su habitual sonrisa se le congeló a mitad de la tienda, cuando sus compañeros le avisaron de golpe que la guardería de su hijo se estaba quemando.
No recuerda más, pero le cuentan que salió corriendo sin escuchar a nadie. Sólo viene a ella la imagen de un carro, dueño de un claxon que lastimaba los oídos, que después, concluyó, estuvo a punto de atropellarla.
Al llegar nadie le dijo que había niños a salvo, fuera del inmueble en llamas y que se encontraban en una casa vecina, algunos bien, otros no tanto. Lo siguiente fue un estado nebuloso producto de que su presión se bajó a tal grado, que tambaleó, por lo que alguien le dijo que se calmara, y que fuera a ver los niños refugiados en la casa cercana.
Al recibir la noticia de que se los llevaron por intoxicación de humo, sólo dijo desesperada: “No, mi hijo tiene asma, no puede respirar humo, le hace daño”. Su visión en ese momento fue la de madres y padres que regresaban a la guardería gritando “¡No está! ¡No está!, ¿Dónde está?”, lo cual acrecentó su ansiedad y empeoró su crisis de salud.
A su hijo lo había salvado una amiga trabajadora de Banco Azteca que ese día no llevó a su hija a la guardería, pero que al ver el humo se acercó y al divisar al bebé de Sofía, lo tomó y no lo soltó hasta que se lo entregó en sus brazos.
¿Gracias a Dios?
La experiencia le ha traído trastornos que ni con los tranquilizantes que hoy toma, suministrados por el Seguro Social, los ha podido calmar. El presenciar el traslado de niños en brazos de rescatistas, con el rictus inequívoco de la ausencia de vida, la marcó. Es un shock que ahora deberá enfrentar mientras lidia con la enfermedad agravada de su hijo.
El IMSS la tiene muy decepcionada con su actuación, no obstante que ella siempre ha tratado de conseguir trabajos que le proporcionen el servicio médico para ella y para sus hijas e hijos. Los médicos son fatales, dice.
Uno de ellos le preguntó que si estaba enojada, ante su reacción cuando éste le “diagnosticó” que tanto ella como el niño estaban bien. Y cuando ella comentó de su estado emocional, el médico sólo le preguntó que si antes había padecido de los nervios, y le recetó tranquilizantes.
Al preguntar en el módulo de Atención Especializada si como madre afectada tendría derecho al algún tipo de ayuda económica, le respondieron que el apoyo sería sólo para quienes habían perdido a sus hijos, por lo que ella no lo obtendría y que debería “dar gracias a Dios” de que su hijo estaba vivo.
Esa decepción y la frialdad con que el médico del IMSS le hizo la otra pregunta, mirando el monitor de su computadora: “¿A qué viene? El niño no se le quemó”, la impulsó a demandar al Seguro Social.
Sofía se pregunta ¿dónde quedó al apoyo al futuro de México? ¿Dónde está?
Hoy día es una de las madres y padres de la guardería ABC que han entablado la lucha por atención especializada, seguro y pensión de por vida a las instituciones responsables de que tantos, entre ellos su hijo, el antes feliz Abraham Adrián, hoy vivan enfermos de miedo

CAYERON EN EL MAS HONDO DE LOS POZOS

Juan Carlos Rascón Holguín nunca más chocará la palma de su mano contra la de su papá, como lo hacían algunos días al despedirse antes de ser llevado a la guardería ABC. La última vez que lo intentó, en un cuarto de terapia intensiva del Shriners Hospital para niños quemados, Juan Carlos movió milimétricamente un músculo del brazo tratando de responder a la voz de papá que le decía “chócalas” con el fin de hacerlo reaccionar.
Todo el tiempo que estuvo inconsciente, su mamá y su papá le cantaban, le repetían cuánto lo amaban, le hablaban de su hermanita.
El pasado martes 28 de julio no intentó más, con la ayuda del respirador, llenar sus pulmones congestionados de hollín. No se esforzó por jalar aire a través de la tráquea quemada. No pasará otra operación para estrenar una piel nueva que, quizás, otra vez rechazaría. Ni recibirá más fármacos contra el dolor del cuerpo quemado.
Juan Carlos se convirtió en la más reciente víctima mortal del incendio de la guardería ABC, de Hermosillo, la número 49. Falleció a pesar de su empeño por vivir, que dejó admirados a quienes lo atendieron hasta el final.
“El doctor nos dijo: ‘Haga de cuenta que (los niños quemados) cayeron en un pozo muy profundo, y el más hondo de todos: por cada dos pasos que dan para salir, resbalan uno’. Ni un adulto lo hubiera aguantado, pero él va a salir”, dijo Rosa Elia, su mamá, dos días antes de la muerte de su hijo. Ella y su esposo Juan José habían mentalizado que su niño podría seguir, hasta fin de año, en terapia intensiva y pasar otro lapso en rehabilitación.
Era sorprendente cómo el pequeño de tres años y siete meses había logrado escalar aquel “pozo profundo” en el que cayó junto con otros 75 compañeros sobrevivientes del incendio.
En la recepción del Hospital Shriners, antes de la muerte de Juan Carlos, sus padres contaron la historia de su pequeño que, pasadas las 2:30 de la tarde del 5 de junio, dormía una siesta en el salón C-1, pegado al almacén de papeles del Gobierno de Sonora, donde empezó el fuego.
A él lo rescataron de la peste tóxica por uno de los boquetes que los vecinos abrieron ante la falta de salidas de emergencia. Su mamá lo vio pasar disfrazado de hollín, en brazos de un policía que le dio respiración. Iba con los ojos abiertos. Se lo llevaron en una patrulla. Y su madre, en shock, no pudo decir que era su hijo.
Siete horas tardó su vía dolorosa de hospital en hospital, buscándolo. A las 10 de la noche lo encontró. Era otro. La hinchazón por las quemaduras le había transformado los rasgos. Otras mamás aseguraban que Juan Carlos era su hijo, y Rosa Elia argumentaba que era el suyo porque “tenía los dedos chiquitos del pie dobladitos” y tres granitos en la panza que la noche anterior había untado de pomada.
Desde el principio los médicos le dijeron que se convulsionaría por el tóxico acumulado y tanta quemadura. Pero él aguantó esa y más noches, y hasta un vuelo a Estados Unidos que los papás consiguieron después de armar un escándalo ante la prensa, porque los funcionarios del IMSS obstaculizaban su traslado.
“Nos dijeron que lo iban a mandar a Guadalajara; pensamos que a un hospital especializado, pero cuando nos enteramos que era a una clínica del Seguro, dije: ¡claro que no, menos ahí!”, comentó Juan José, el papá treintañero.
La proeza de que hubiera llegado vivo sorprendió tanto a los médicos del Hospital Shriners que felicitaron al personal que lo mantuvo respirando. Pero la admiración mayor era para ese pequeño que se agarró con terquedad de la última hebra de vida y que un mes después de su ingreso pudo abrir los ojos.
“Le ponemos música, películas, le cantamos, le hablamos, le contamos cuentos, le platicamos de su hermana, de su abuelo. Yo siento que sí me contesta, mueve la boquita, los ojos. Dicen los doctores que puede ser algo involuntario, pero siento que sabe que soy yo; hay días que siento que nos ve; a veces intenta mover la manita”, dijo esperanzada Rosa Elia antes de que Juan Carlos se cansara de escalar.
Historia y pesadilla
Esta es una historia sobre los niños y niñas valientes que sobrevivieron al campo de gas tóxico y cielo de lumbre en que se convirtió la guardería, hace casi dos meses. De los bebés que no sabían hablar pero alzaron sus bracitos o la cabecita para pedir ser rescatados.
De los niños que caminaron buscando la salida o se aferraron a una mano adulta y a otros compañeritos para escapar de aquel embudo. De los que fueron despertados bruscamente de la siesta que habían aprendido a dormir tranquilos. De los que tienen pesadillas en las noches o viven a base de calmantes en distintos hospitales.
Trata de los pequeños sobrevivientes que se enfrentaron a la negligencia institucionalizada, al amiguismo y a la corrupción sistémica, de cuyas lesiones nadie se responsabiliza... Varios de ellos tendrán que vestir trajes especiales, hasta que se les regenere la piel, y no volverán a tomar un baño de sol. Por el tóxico que inhalaron, podrían volverse enfermizos.
Catorce de esos niños siguen luchando por su vida en los hospitales. No sólo tienen dañado el cuerpo: su alma también está lastimada. En Sacramento, Héctor Manuel grita dormido que se le está quemando la cara. En Hermosillo, la bebé Dana despierta llorando angustiada. Otros cambiaron sus pesadillas de muerte por historias fantasiosas, como Kevin, que en el Hospital San José decía que evadió el accidente volando sobre una estrella, o Ariadna, en Shriners, quien cuenta que vio una galleta tirada rodeada de fuego.
La ineptitud
El día del incendio fallecieron 26 niños, y 23 que fueron rescatados vivos fueron muriendo más tarde, tanto en México como en Estados Unidos.
Una decena de estos pequeños valientes llegaron al Seguro Social de Guadalajara, dispuestos a dar la pelea, pero se toparon con la impericia y la ineptitud de un médico que quiso solucionar sus quemaduras amputándoles brazos y piernas. Su brutalidad fue atajada por los familiares, que se quejaron ante directivos.
Así lo relatan las mamás dolientes, como la de Juan Israel Fernández Lara, un admirador del Hombre Araña que estaba por cumplir tres años. Dice que aunque ella pidió que a su hijo lo llevaran a Estados Unidos, el avión de pronto se dirigió a Guadalajara, a un hospital aún no inaugurado, donde todavía había albañiles trabajando, donde no permitieron que médicos estadunidenses expertos revisaran a los niños. Su hijo duró sólo tres días.
Cuando terminó de contar la agonía, en una conferencia en la Ciudad de México, la joven madre se quebró en la angustia y dijo: “Él no tenía que morir… era mi tesoro… lo extraño tanto”. El tercer cumpleaños de su bebé lo festejó en el panteón, con la piñata del arácnido que tanto le gustaba.
“En Guadalajara terminaron de rematarlo; el personal no estaba capacitado. Lo bañaron sin avisarnos y le dio un paro. Nosotros, con nuestro dolor infinito, y allá nos trataron como animales, nos mandaron a dormir a la calle. A Juanito nos lo dieron en una caja delgada como de huevos, forrada, muy corriente porque el Seguro quería ahorrarse unos pesos”, se quejaba furiosa, en una marcha en Hermosillo, la tía Marta Milagros.
Varios de los letreros que las familias cargan en las manifestaciones que se organizan en Sonora para exigir justicia lanzan la misma acusación: “IMSS nos mintió/Estrenan el área de quemados con nuestros hijos/Si me hubieran mandado a Sacramento mis papitos hoy no sufrirían tanto”.
No todos tuvieron malas experiencias en hospitales mexicanos, donde también hubo niños que fueron dados de alta y que fueron acariciados por médicos y enfermeras que se empeñaron en salvarles la vida. Pero la queja rabiosa contra el IMSS, encargado además de subrogar la guardería, se escucha fuerte en las manifestaciones.
En la marcha que se organizó a la quinta semana de la tragedia, una mujer que se presentó como “la mamá de Jonatan” dijo: “La clínica de Guadalajara no estaba terminada, le metieron aparatos cuando llegó el Gobernador, nos infundieron el miedo de que si los llevábamos a (Shriners) Cincinnati no iban a aguantar… 48 horas soportó mi hijo. Todavía hoy corrí al cajón de su ropa, olí su pijama”.
El dolor, la rabia, la impotencia, la necesidad de justicia, gritan los letreros que cargan mamás y papás, dominados por el dolor punzante de ver la cuna vacía. En los carteles se lee: “Te extraño mi niño hermoso/Cada día duele más tu ausencia/Sigue jugando en el cielo/Estamos orgullosos de ser tus papás”. Los acompaña una procesión de winnie puhs, Doras Exploradoras y superhéroes que honran a sus amigos ausentes.
La diferencia
“¡Qué diferencia de trato!”, suspira desde Sacramento Adriana Guadalupe Villegas, mamá de Héctor Manuel Robles, de tres años, quien llegó a California con una capa carnosa en los ojos, quemado un 45% de su cuerpo. El niño arribó vendado por completo, sólo la cara descubierta, y directo a terapia intensiva.
“Cuando lo vi, la pura cara hinchada, supe que era él por su perfil, su barbita, su naricita y la punta de los dedos. Lo conozco todo, hasta la punta del cabello; y cómo si no, si dormía entre nosotros”, dice orgullosa la madre de Héctor Manuel.
“Los de ‘Michu y Mau’ (organización mexicana que atiende niños quemados) me dijeron que había que llevarlo a Sacramento, pero una comitiva del IMSS me indicó que lo llevarían a Guadalajara. Yo me aferré y dije que no. Le fui a tocar la puerta al Gobernador, faxeé rápido todo para tramitar el permiso. Sabía que iba a estar mejor aquí, donde se especializan en niños quemados”, relata.
En México, en el hospital al que primero llegó Héctor Manuel, a Adriana la dejaron pasar a verlo una sola vez. Cuando el niño de tres años escuchó la voz de su mamá, su corazón se aceleró tanto, emocionado, que ella pensó que podía desestabilizarlo y prefirió no hablar ante él. Pero en Sacramento, en cambio, le pidieron que estuviera siempre cerca. Duermen juntos y lo acompaña en las cirugías.
“Cuando lo volví a ver le dije: ‘Mi niño, aquí estoy, soy tu mamita’. Hinchado, como estaba, se le corrieron unas lagrimitas. Era su única forma de expresarse”, dice.
En la primera cirugía, a Héctor Manuel le salvaron las piernas (“casi me lo hicieron de nuevo, dedito por dedito”, comenta la mamá) y durante cinco semanas soportó en la tráquea un tubo atravesado por el que respiraba. El niño ingería alimento por una de las fosas nasales y por otra expulsaba los ácidos del estómago (“salía todo lo negro por los gases sucios que inhalaron”). La semana antepasada le cerraron la tráquea, quitaron el respirador artificial y le hicieron su tercera cirugía.
“Aquí te dicen que la mejor curación es que uno esté con él, y yo no me despego… El trato que tenemos aquí es impresionante y se agradece, porque en Hermosillo estás acostado en el piso, te tienen en la banqueta, no te dejan verlo”.
A Héctor Manuel aún le faltan cirugías y sanar de los recuerdos. A veces despierta angustiado y grita: “Quiero a mi mamá, me estoy quemando, se quema mi cara”.
La entrevista con Adriana se interrumpe cuando escucha del segundo piso un grito: “¡Maaaamáaaa!”. Es su hijo que la llama y ella camina hacia el elevador para relevar a su esposo. “Anda con una andaderita queriendo caminar. Bendito sea Dios, va avanzando rápido y espero podamos estar en Hermosillo ya caminando por sí solo”, dice feliz.
Los recuerdos
El Hospital Shriners es un armatoste rosa de siete pisos ubicado en la capital de California. Tiene juegos, salones de terapia y amplios espacios con ventanales que dejan ver un jardín. Cada piso marca el grado de esfuerzo que hacen los niños por aferrarse a la vida.
Los del tercero dan la pelea en terapia intensiva. Los del cuarto asisten a rehabilitación. En el quinto tienen maletas hechas y esperan el traje especial que usarán hasta que el organismo regenere la piel dañada.
Cada piso alberga historias. En el quinto, por ejemplo, habita una princesa llamada Astrid Ariadna, a quien se le ve pasear con su vestido acrinolinado, varita mágica, zapatillas y corona. Juega a que aparece una gallina. Luce contenta.
Como huella del incendio le queda una malla que cubre sus brazos y los recuerdos que a cada tanto comenta con su mamá: “La escuelita se estaba quemando, estaba cayendo el cielo; estaba dormida, me desperté y me puse a jugar; me fui por la orillita, estaba una galleta que tiró un niño; yo salí por la orillita”.
El apoyo
Todos los domingos, a medio día, los papás y mamás mexicanos salen del Shriners y caminan hasta llegar a un lugar ideal para hacer picnic. No sólo son de Sonora, también los hay del DF, Oaxaca, Guanajuato, Sinaloa, todos con hijos enfermos. Los esperan varias familias de migrantes mexicanos, con ollas llenas de pollo en mole, arroz, ensalada, tortillas, panqués embetunados y esponjosas galletas.
“No es gran cosa, pero es algo”, se excusa la anciana Tomasa Cabrales, coahuilense, esposa de uno de los albañiles que ayudó a construir el Shriners.
Al hospital llega también la señora Lupita López, una hermosillense que aparece en el lobby hasta cuatro veces por semana, cargada de regalos para sus “nietos” y de rosarios y palabras animosas para los papás.
“Desde el primer día empecé a venir. Al primero que vi fue a Heraclio (papá de Alejandra), lo abracé, le dije que estábamos para echarle la mano y estuvimos llorando. Después conocí a todos los papás, todos muy fuertes; yo me quebraba más que ellos. A veces bajaban a la recepción conmigo y llorábamos acá, no frente a los niños”, dice la “abuela”.
“Ya vino mamá”
Olga Ochoa es una de las mamás que trabajaba en la guardería ABC y cuenta lo que ahí se vivió puertas adentro: “Me puse a despertar a los niños, los sentaba, les daba una sacudida: ‘ya vino mamá, vámonos’. Estaba saliendo humo, el techo de la otra sala estaba cayendo, el comedor ardiendo. Juntos le sacamos la vuelta a lo que ardía; me regresé para sacar más y me desmayé. Desperté después afuera”.
En su pensamiento estaba Alejandra Guadalupe, su niña, pero en vez de correr a buscarla sacó a los niños que estaban a su cargo. “Pensé que (las otras maestras) me la iban a sacar como yo, que estaba sacando a los niños, pero no sé qué pasó que la dejaron. Por el grado de las quemaduras, alguien la sacó al final”, dice Olga en la recepción del Shriners. Ella también lisiada, con la malla sobre las manos quemadas y con unas manchas en la cara que comienzan a desvanecerse.
Alejandra Guadalupe fue la primera niña de Hermosillo que pisó California. Heraclio, su papá, ni siquiera valoró la idea de ingresarla a un hospital mexicano porque su hija tiene nacionalidad estadounidense.
“Dentro de la gravedad, ella está bien, no tiene los pulmones mal; lo que tiene son las quemaduras. Hay que esperar a que salga de terapia intensiva y ver cómo evoluciona, pero ya estoy agradecida con que me la prestó Dios más tiempo”, dice la mamá serena.
Las culpas
En el informe que el jueves pasado presentó la Comisión Nacional de Derechos Humanos adjudica la tragedia a los dueños de la guardería, al Gobierno de Sonora, al Ayuntamiento de Hermosillo y a los funcionarios del IMSS que cometieron una carambola de irregularidades. Todos están escondidos y sólo una funcionaria menor en la cárcel.
Mes y medio después de la tragedia, un reporte del IMSS informaba que 16 niños y niñas que no habían sido hospitalizados porque el día del incendio no presentaron daños visibles ya sufrían complicaciones respiratorias. Dos tuvieron que ser llevados a la Ciudad de México.
Hasta el 22 de julio, 16 niños continuaban hospitalizados: dos en el IMSS de Guadalajara, tres en Sonora y 11 repartidos en los hospitales Shriners. A este reporte habría que restarle dos: Alejandro Martínez, que en Sacramento fue dado de alta, y Juan Carlos, el pequeño valiente que falleció después de aferrarse casi dos meses a la vida. Pero el pozo estaba tan hondo; él tan chiquito.

Lo femenino, literatura y creación: entrevistas con escritoras


Por: EVE GIL

La creación es un enamoramiento del mundo
Elena Garro

Cuando Marguerite Yourcenar ingresó a la Real Academia de la Lengua Francesa y alguien le hizo ver que era la primera mujer que alcanzaba tamaño honor, su respuesta no pudo ser más tajante: “Yo no soy mujer, soy escritor”.
Aunque a estas alturas pareciera que lo uno no tendría por qué estar reñido con lo otro, la polémica caldea aun ciertos ánimos, lo que vuelve imprescindible la lectura del nuevo libro del periodista, crítico y psicoanalista mexicano Miguel Ángel Quemain, quien se ha caracterizado por un trabajo tan discreto como deslumbrante que fusiona sus tres campos de acción: el periodismo, la crítica literaria y el psicoanálisis. Es en su más reciente libro, Lo femenino, Literatura y creación, donde reúne entrevistas con catorce autoras de diversas nacionalidades e idiosincrasias, despliega, además, algo que pocos críticos literarios varones ostentan: ausencia de prejuicios y un vasto conocimiento de la literatura mal llamada femenina –él evita nombrarla así, lo hace solo a nombre de otros-, sin necesariamente avocarse a los estudios de género, elaborando preguntas que enlazan la experiencia literaria con la experiencia como mujer de cada una de las autoras.
Desde México hasta Francia, excepto por ciertas divergencias relacionadas sobre todo con su filiación feminista y/o su visión del feminismo, estas autoras coinciden mucho en cuanto a su concepción sobre la escritura y la injerencia de una visión femenina en su literatura. Llama la atención, por ejemplo, que si bien ninguna niega enfáticamente ser feminista, coinciden en una visión crítica al respecto; algunas, como Doris Lessing, a propósito de los estudios literarios, otras, como Luisa Josefina Hernández, en el aspecto social. Mientras que Doris culpa a las teóricas feministas de haber inventado una división entre “escritura femenina” y “escritura masculina”, Luisa Josefina achaca al feminismo –supongo que mexicano- una insistencia por victimizar a las mujeres, cuando debieran contribuir a hacer un frente común con los sectores desprotegidos de la sociedad (Doris también coincide en no percibirse como víctima). Considera Luisa, además, que la familia y los hijos –ella es madre de cuatro hijos- son enarbolados, las más de las veces, para justificar la “esterilidad intelectual” de ciertas mujeres, si bien, como declarará llegado su turno su turno, para Elena Poniatowska el trabajo literario resulta particularmente difícil para una mujer: “un escritor hombre tiene siempre alguien que lo atienda en todos esos menesteres, tiene siempre una esposa, yo no tengo una esposa….” Por su parte, y contrario a Marguerite Yourcenar – cita en cambio a Simone de Beauvoir- Doris Lessing afirma tajante que ser mujer nunca le ha parecido una calamidad, al contrario. Julia Kristeva declara sin titubeos, “Es muy difícil ser mujer”, y va más allá: ser mujer es un á mort permanente. En este sentido se tienen dos caminos: el patetismo que te lleva a buscar hombros sobre los cuales llorar, o afirmar una identidad, que es por lo que Kristeva ha optado.
Algunas se reafirman a través del ejercicio creativo de su sexualidad, como sería el caso de Catherine Millet, autora de La vida sexual de Catherine M., quien como crítica de artes plásticas más que narradora, propone a las mujeres asumir el acto sexual como un relato, como una producción artística. Lo más subversivo en esta autora, más todavía que exhibir su sexualidad con una franqueza no exenta de poesía, es bajar de jerarquía al orgasmo, cuya importancia se ha impuesto por encima de la experiencia estética del placer. Annie Ernaux, también francesa, escandalizó al que suponemos un país liberal con sus libros donde reivindica el derecho al placer de la mujer, incluso si es madura y madre. Pudiéramos citar a tantas otras autoras francesas -desde Anäis Nin hasta Christine Angot, que “asqueó” al plasmar en su novela Le marche des amants, su relación con un joven cantante de color, Doc Gynéco-, que podrían sustentar lo dicho por Millet respecto a que, una vez rebasadas las imposiciones culturales, una mujer resultar mucho más audaz en la descripción de su sexualidad que los hombres.
Elfriede Jelinek y Angelina Muñiz Huberman, experimentan la necesidad de subvertir el lenguaje. En el caso de la austriaca, inquieta ante una aseveración de Roland Barthes que refiere que quien domina el metalenguaje del idioma es dueño del mismo, advierte que en medio de este lugar de poderío masculino, es la mujer quien domina el idioma de los objetos, “el que no miente”, por lo que intentó crear a partir de este lenguaje. Como no lo logró “me conformé con destruir el lenguaje de los hombres”. El caso de Angelina Muñiz no puede ser más conmovedor. Es a partir del empleo del lenguaje que se revela ante un padre ultracorrectista y se convierte en escritora: “Lo que me atemorizó fue mi padre. Se empeñó en dirigirme desde muy pequeña, en corregir todos mis textos. A mí no me gustaba el estilo de él porque era muy del siglo pasado, muy tradicional, muy aferrado a las formas, a géneros, nada innovador. Yo sentí esa rebeldía desde muy pequeña (…).”
Si existieran variantes entre una escritura femenina y otra masculina –que las hay, pero no en lo sustancial sino en lo temperamental y en lo sensorial- una de ellas sería la necesidad de rescatar una genealogía femenina, máxime en países sin una cultura bien definida como Canadá: Jane Urquhart y Carol Shields, por ejemplo, no solo se remontan a la fundación de su país, sino a lo casi siempre es obviado en los libros de Historia: la injerencia de las mujeres en tal proceso. En el caso de Shields, el lenguaje juega una importancia capital en la construcción de su narrativa, pues muchas veces la oración perfecta, impostada, es contraria a la verosimilitud del discurso de personajes de determinado extracto social, cosa que comparte con Elena Poniatowska, quizá en vista de la afinidad de sus respectivas obsesiones literarias.
Elena Garro y Esther Seligson niegan que la mentira como base de la literatura. No puede ser mentira, dice Garro, lo que te cuentan los sirvientes, los indígenas, lo que nosotros llamamos “superstición”, por la sencilla razón de que ellos así lo viven y perciben, y la literatura se funda en la percepción y en la experiencia del autor, que a su vez se alimenta de la de los otros. Seligson, por su parte, no cree en lo objetivo ni en lo subjetivo, “La realidad no es lo que nosotros inventamos, lo que vivimos y cómo queremos vivirlo.”
Todas, con excepción de Catherine Millet, quien es su propio personaje, coinciden en que sus personajes actúan con absoluta autonomía:
“Debí ser más profunda con Jesusa Palancares, pero me empelé en poner sus aventuras, porque eso le divertía a ella. Quise que el libro le gustara a ella”, dice Poniatowska.
“De mis personajes –señala Inés Arredondo- sé poco, lo que me van dejando ver. Me van dejando una brecha para seguirlos, yo no los obligo a nada, ellos saben sus destinos y sus historias…”
“Los personajes terminan por dictarle, por mostrarle al autor, su destino de personajes”, dice Angelina Muñiz Huberman.
“El problema fundamental es saber escuchar a los personajes. Eso me interesa más que la oración perfecta, que la sintaxis brillante y a veces impostada”, señala Carol Shields.”
“Para mí no hay personaje, hay momentos, situaciones extraordinarias. El personaje se me aparece, sí, pero no conozco su verdadera realidad, su intimidad”, agrega Annie Ernaux.

Lo femenino, Literatura y creación
Ediciones Sin Nombre, México, 2009
177 pps

La marcha de las flores/ Hermosillo, junio 05,09


Por Claudio Escobosa Serrano
Fuente: Contactox
El día de ayer 5 de agosto de 2009, se conmemoró el segundo mes del incendio de la guardería ABC, que trajo como resultados fatales la muerte de 49 niños y niñas y dejó a muchos más con secuelas producto de la exposición al fuego y a los gases tóxicos.
La manifestación inició puntualmente a las 6:30 p.m., al principio no se veían muchos asistentes, sin embargo unos momentos antes de iniciar, el lugar se llenó de personas simpatizantes con los familiares y con el movimiento mismo.
Como en todas las anteriores demostraciones de inconformidad con los tres niveles de gobierno, en el trayecto de la misma, fueron apagando el alumbrado público al paso del contingente. La verdad es que no entiendo el por qué se han dejado a oscuras estas reuniones, solamente puedo pensar que es para intimidar a los asistentes, actitud por demás absurda y tonta.
Al arribar al destino final de la marcha, en las instalaciones de lo que fue la guardería ABC, el contingente fue depositando ofrendas florales con mensajes a los padres y a los niños fallecidos, en un ambiente en donde dominó la tristeza, la frustración y el coraje.
En las intervenciones de los padres de familia, así como de algunos familiares, se externó el coraje ciudadano por los nulos avances en las investigaciones y por las declaraciones estúpidas de los distintos actores del gobierno. Uno de los casos fue el de un tío de un niño fallecido, el cual mencionó que su hijo había salido vivo de tal desgracia, sin embargo señaló a las autoridades de todos los niveles que si no había justicia satisfactoria en este caso, él mismo tomaría la justicia en sus propias manos, y dijo que no le importaría hacerlo, ya que la vida de su familia había quedado vacía después del suceso, y aun más al enfrentarse a la realidad de la incompetencia, ineficiencia y confabulación de las autoridades para proteger a los propietarios de la antes estancia infantil.
Me llamó la atención, cómo dentro de las participaciones en el micrófono, los padres, humillados y ofendidos por la falta de resultados, mencionaron y aclararon algunos rumores y crueles comentarios que se hacen públicos bajo el anonimato, tales como “…De dónde sacaban dinero para los gastos…”, “…Que si qué quieren…”, “…Que si cuánto dinero quieren sacar…”, “… ¿Que si de dónde sacan automóviles…?” entre tantos que andan corroyendo y envenenando las conciencias de los ciudadanos ofendidos y bien intencionados, a los que el Sr. Roberto Zavala (padre de Santiago, fallecido el 5 de junio) les respondió enérgicamente e irónicamente: “…¿Qué de dónde sacamos dinero?, …Pues ahora, con esta desgracia, nos estamos ahorrando unos $2,000.00 mensuales, los cuales era lo que gastábamos cuando teníamos la dicha de contar con nuestros hijos….”.
No cabe duda que en nuestra región existen personas que de alguna forma tratan de desvirtuar y minimizar con rumores y comentarios adversos el trágico evento del 5 de junio (los puede ver en el espacio que pone a disposición para esto el periódico El Imparcial). Yo no tengo dudas de dónde vienen o por quiénes fueron provocados, sospecho en los “gatos” del gobierno en turno, por algunos frustrados priístas que se portaron como masas hitlerianas en la campaña pasada y definitiva, ya que se quedaron vestidos y alborotados con el bolsillo abierto de par en par, pero vacío de poder y de dinero, o simplemente por la clase social a la que pertenecen los prófugos de la justicia (propietarios del negocio de cuida-niños) que, atemorizada por la posible aplicación de la ley en el caso de la guardería, ya han puesto sus barbas a remojar, porque en este país secuestrado por una gran proporción de ciudadanos detestables, no están acostumbrados a respetar la ley nacional, sólo lo hacen orgullosamente cuando van a Tucson u otros puntos de venta en EE.UU.

Conciencia y Solidaridad
Lo que es curioso, y para Ripley, es que los concesionarios de la ABC, que tienen otros negocios similares, sigan cobrando sus “servicios” como empresarios cuida-niños, o sea, el IMSS los está ayudando a “sobrevivir” su fuga dándoles más dinero, “…Es que está tan caro el dólar…” diría uno de estos pelafustanes. Y el idiota del director del IMSS Karam, se esté preocupando más por sacar estupideces de mercadotecnia, tales como “encuestitas” mandadas hacer con sastre y a favor de la imagen del inútil directivo y del Seguro Social.
Lo que también es seguro y lo digo con firmeza, es la doble moral del próximo ex gobernador Eduardo Bours C. quien es un hipócrita, y así disfruta en su soledad la ineficiencia y pereza de los integrantes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y de la Suprema Corte de Justicia, quienes se caracterizan por desparramar su almacén de colesterol en sus asientos de piel, como ejemplo pongo al magistrado Salvador Aguirre Anguiano congestionado de obesidad mental y profesional.
Lo que también es imperdonable, es la insensibilidad de algunos ciudadanos que por estar relacionados con las esferas relacionadas a la parte acusada por el Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio, insisten en olvidar el asunto, convirtiéndolo en una negociación monetaria, quienes cumplen con sus intereses personales dejando y haciendo comentarios que minimizan la magnitud de esta desgracia. Lo que también es seguro es que ellos mismos han de haber protegido a los prófugos a llegar a esta ciudad a hacer la declaración ante el juez federal (con minúsculas). No cabe duda que los abismos que dividen a la sociedad mexicana son cada vez más profundos, y son cavados día a día por parte de una sociedad detestable, apátrida y convenenciera, que ven a México únicamente como negocio no como hogar para su familia.
Yo me pregunto:
¿Qué harían ellos si tuvieran la desventura de perder a un hijo bajo las llamas incandescentes de plásticos y solventes, y que quedaran vacíos de toda esperanza, ya que ese vacío lo llenaría la tristeza, el dolor, la desesperación, la ira, la frustración, y la revelación de la INEPTITUD de las autoridades incompetentes? ¿Qué harían si su dinero, fuerza económica y capacidad de traficar con influencias quedaran inservibles para buscar la JUSTICIA?
Creo que también harían lo mismo, y dejarían sus “importantes” eventos sociales a un lado. Se quitarían igualmente la camisa de fuerza de la SIMULACIÓN.

Por qué amamos a Onetti...

Leyendo el más reciente libro de Mario Vargas Llosa, El viaje a la ficción, el mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara, 2009) termino de entender por qué Onetti ha sido, a un tiempo, la ovejita negra del boom latinoamericano... y mi favorito sentimental entre la pléyade de genios que lo componen. Pongan mucha atención, señores críticos sacerdotes de la pirotecnia verbal y de los emperadores desnudos:

"En literatura, escribir "bien" o "mal" es una distinción algo confusa, que hay que tomar con pinzas. Escritores como Balzac y Céline escribían bastante mal desde el punto de vista de la gramática francesa, porque se tormaban audaces libertades con la sintaxis, violentándola, y prefiriendo a veces las expresiones y maneras del lenguaje popular y la jerga a la corrección y el buen decir. Y, entre los escritores de lengua española, éste fue también el caso de un Pío Baroja. Eso no impidió, más bien contribuyó, a que los tres fueran escritores que ahora leemos en admiración. Porque su manera incorrecta de escribir era funcional, convenía a sus personajes e historias y sirvió para dotar a éstos de ese poder de persuasión que determina la grandeza de una obra literaria. En cambio, el panteón literario está lleno de escritores que escribían con absoluta corrección y cuyas obras han pasado sin pena ni gloria del desinterés del público a ese limbo donde vegetan tantos millones de libros olvidados.
(...) Siempre abominó (Onetti) de la retórica y por eso en innumerables ocasiones dijo que detestaba a los escritores que "hacían literatura". Quería decir, los escritores que utilizan un tema como un pretexto para construir frases adornadas y exhibiciones estilísticas. Muchas veces repitió que el lenguaje debe ser un instrumento que cada escritor utiliza y renueva según si creación lo exija, pero en ningún momento como personaje", le dijo a Ramón Chao (página 115)

Marcha de las Cunas en Hermosillo: Chapito, no te dejaremos dormir hasta que hagas lo que tienes que hacer/ Cortesía: CONTACTOX

Lamidas

Por: EVE GIL
En la escritura de Daniel Sada, refiriéndonos concretamente a su más reciente novela, Casi nunca, convergen los grandes momentos de la literatura mexicana, sin dejar de lado, claro, reminiscencias proustianas y jamesianas. Casi nunca es una especie de oüija cuyo oráculo reúne a Azuela, a Rulfo, a Arreola, a Revueltas, a Ibarguengoitia… incluso, y por citar a un contemporáneo, a David Toscana, con quien Sada tiene en común su inclinación por personajes, digamos, patéticos, siendo este inmune –a diferencia de Toscana- a cualquier tipo de ternura y simpatía hacia ellos. Y en Casi nada se muestra particularmente despiadado: ninguna concesión al “grandullón” Demetrio, ni a la desesperante –y silviapinalesca- Renata… menos aún a las madres, biológicas o usurpadoras, ¡tres en total!, que reproducen lo peor del manual de la sacrosanta cabecita blanca mexicana-chantajista, desde Prudencia Griffel, pasando por doña Sara García y Silvia Derbez. Se permite Sada cierto conato de ternura por Mireya, la prostituta abandonada a su suerte -¡embarazada!- en la estación de tren de un pueblo polvoriento, y sin embargo, como decimos en el norte –y Sada es dos veces norteño, nacido en Mexicali y criado en Coahuila-, “se muerde un testículo” para no ceder. Cuanto se permite hacer por Mireya es agobiar de remordimientos al grandullón, quien a su vez es otro personaje-tipo, incluso actual: los Demetrios, hijitos-de-mami, no dan señas de querer convertirse en especie en vías de extinción.
El que una novela como Casi nunca haya ganado el Premio Herralde de Novela 2008, resulta harto significativo. Por tratarse de una novela mexicana, en primer lugar. Sí, dije mexicana y no fronteriza. Aunque como en Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, su más arriesgada novela, Sada echa mano de regionalismos diversos, sin contar los arcaísmos y neologismos que merecen mención aparte, ingrediente básico de la peculiar prosa sadiana, resulta imposible “buscarle chichis a las gallinas” respecto a la mexicanidad de la premiada novela. Sada ha determinado el periplo de su protagonista entre Oaxaca y Coahuila, por lo que en Casi nunca los contrastes que nos caracterizan se dan la mano. Aficionado a los congales, Demetrio oscila entre las frondosas y fogosas putas oaxaqueñas –de allí la ingenua Mireya, a la que saca con promesas de matrimonio- hasta aquellas, ocultas entre nubarrones de polvo y ponzoña de víbora, pellejudas, mal encaradas y ataviadas con un delantal que facilita la labor al -¿asqueado?- cliente. Pero la razón más fuerte por la que afirmo que Casi nada es una novela mexicana… más aún, la más mexicana que se ha escrito desde… ¿Pedro Páramo? No entremos en honduras: Casi nunca es la novela más mexicana que he leído en mucho tiempo. Exhibe como ninguna la idiosincrasia del mexicano promedio, tan rodeado de santos y tan lejos de Dios; tan caliente y tan dado a colocar de espaldas al sacro regimiento para no ofender con su lascivia al Cielo… y lo narra con una causticidad que su singular dominio del lenguaje convierte en multicolor bofetada. Supongo que para los lectores españoles causará un efecto semejante al de Balas de plata, de Élmer Mendoza: el de un mundo pintoresco, surrealista. Un mundo de libro: petrificado en hábitos mecánicos, irreflexivos, absurdos. A un lector extranjero debe parecerle sumamente complejo, por no decir delirante, el contorsionismo moral en que incurren los personajes de Sada para hacer las cosas “como Dios manda”, y caiga quien caiga.
Los lectores mexicanos, por otra parte, nos veremos brutalmente reflejados –se verán, al menos, lectores de generaciones pasadas o que, como el propio Sada, provengan de una conservadora familia “de provincia”-. Sada hace de los pormenores de la “juventud productiva” de Demetrio verdadera Odisea (con mayúscula) en la que los mares –desiertos en este caso –parecen confabulados para estorbarle su retorno a Ítaca: es Demetrio quien canta al oído de las sirenas, resumidas por Mireya, y se ve inmerso en la trampa de su calentura de la que la única escapatoria posible es –nunca mejor aplicado el término- poner pies de polvorosa. El “enculamiento” por Mireya no lo hace perder de vista la posibilidad -¿ansia de estatus? – de ser “hombre de bien”, o lo que los convencionalismos tienen por uno, particularmente después de haber conocido a una deliciosa damita casadera de deslumbrantes ojos verdes llamada Renata…¡otro caso!: viviendo en un polvoriento pueblo –aquí todo pueblo lo es- del fondillo de Coahuila; hija menor de una madre celadora que se ufana de haber casado “como Dios manda” a las hermanas mayores de Renata y no tiene –aunque no lo declare- la mínima intención de dejar ir a su última palomita, ve en Demetrio la oportunidad dorada para huir de esa madre castradora y del pueblucho. Renata, sin embargo, resultará Penélope harto peliaguda, acaso demasiado estricta con el infeliz Demetrio que ya ha cometido mil atrocidades con tal de estar a su lado… al lado de la virgen pura con la que se supone ha de casarse un joven emprendedor y con ambición. Justo cuando la aventura parece haber llegado a su fin y Demetrio llega con un fajo de billetes para cumplir la promesa hecha a la joven que escribe cartas rosadas en vez de tejer colchas… viene el inolvidable episodio de la lamida. Inocente lamida que echa por tierra la torre de naipes de la decencia. Lamida que pudo haber sido recibida con risas y hasta con cierto júbilo por una prometida menos encorsertada moralmente; menos propensa a confundir los besos con miedos, pero Renata, hija de mamá a fin de cuentas, monta pancho de antología y rompe el compromiso. Vuelta a empezar: Demetrio deberá reconquistar a la ofendida virgen… y a la madre, por supuesto. El desierto se lo vuelve a tragar para vomitarlo más macho y más caliente… y más soberbio.
La anécdota, a simple vista, parece, sí, de risa loca, básicamente simple. Créanme: Sada logra que no lo sea, más aún, se empeña en hacer experimentar al lector –y a la lectora- el agobio, la angustia, la impotencia, la rabia… y hasta el polvillo metido en las partes pudendas tras días y días de deambular por el desierto, huyendo de la desgracia que supondría casarse con una prostituta en vez de con una señorita decente. Maestro en el arte de hacerte sentir la lentitud, la acedia, el sofoco, lleva cuenta de los años transcurridos en medio de la –insisto-Odisea de Demetrio: 1947, 1948, 1949, “(…) para qué humillarse si toda humillación no deja de ser extravagante”. Tratándose de Daniel Sada las cosas, pues, no son tan simples. No lo son, de hecho. Casi nada, en la misma sintonía de Porque parece mentira la verdad no se sabe, o Ritmo delta, feroz farsa del mundillo editorial, es una solidísima arquitectura verbal que, más que contar una historia, la va desmontando ante los maravillados ojos del lector que casi se siente salpicado por la saliva de cada palabra nueva (o que parece nueva).

Casi nunca
Daniel Sada
Anagrama
Narrativas Hispánicas
Barcelona, 2008

Protestan padres de víctimas de la guardería ABC frente al IMSS/ Cortesía: CONTACTOX

Antología mínima del orgasmo/ 52 autoras compiladas

Antología mínima del orgasmo, publicada por Ediciones Intempestivas, es una reunión de mini cuentos que, como su título indica, tienen por eje temático el orgasmo femenino. Cincuenta y tantas autoras de diversas edades, procedencias y tendencias pusieron su granito de arena para la realización de este libro pequeño pero sin duda histórico, ideado por los escritores y editores oriundos de Monterrey, N.L Héctor Álvarado y Livier Fernández. Las autoras incluidas son: Amanda Durán, Amaranta Caballero, Amélie Olaiz, Ana Clavel, Ángela Hernández, Ángela Montero, Brenda Ríos Hernández, Carla Zurián de la Fuente, Claudia Guillén, Coral Aguirre, Cristina Rascón Castro Elena Méndez, Elia Martínez Rodarte, Elizabeth Neira, Estrella del Valle, Eve Gil, Francesca Gargallo, Gabriela Aguirre, Gladys González, Glafira Rocha, Guadalupe Ángeles, Ía Navarro, Isabel Gómez, Jane Adcock, Judith Castañeda Suari, Karen Hermosilla, Leticia Herrera, Liliana V. Blum, Lina Zerón, Livier Fernández Topete, Lucía Yépez, Magali Velasco Vargas, María Belmonte, Maricela Guerrero, Martha Baranda Torres, Matilde Pons, Mayra Luna, Minerva Reynosa, Montserrat Hawayek, Nadir Chacín, Odette Alonso, Orfa Alarcón, Patricia Laurent Kullick Reina Marína Rodríguez, Rosina Conde, Sayak Valencia Triana, Tanya Sandler, Teresa Dovalpage, Vizania Amezcua, Ximena Sánchez Echenique y Zaira Espinosa.
Quien esté interesado en obtener un ejemplar, favor de ponerse en contacto con los editores por correo electrónico: half.projects@gmail
Me permito reporucir aquí mi contribución a este volúmen.


LA POLTRONA
Empezó como supongo empiezan todas las niñas: jugando.
La culpable: la poltrona nueva de mi abuela. Eran dos: la suya, donde se instalaba a ver las “novelas” en televisión. La otra: la de los invitados, que yo acaparaba a esa hora de la tarde.
A los nueve años no es fácil acceder a los muebles antiguos. Desde la primera vez que lo intenté, al deslizarme hasta el respaldo, experimenté algo nuevo… inquietante. Algo que, intuía, debía llevar a alguna parte. Así que, mientras mi abuela estaba inmersa en sus “novelas”, se me hizo hábito resbalarme de a poquito para volverme a trepar entre aquellos toscos brazos. Otra vez la sensación proveniente de algún lugar oscuro y recóndito de mi cuerpo. Algo que no entendía, porque la palabra placer no forma parte del vocabulario básico de una niñita.
Mi abuela nunca malició sobre mi maña de treparme en la poltrona nueva, con su asiento duro y rasposo, y proceder a balancearme de manera casi sensual, frotando la innombrada zona de mi cuerpo con la superficie rugosita.
Un día sucedió lo que tenía que suceder: quedé batida tras una especie de explosión interna que por poco me hace gritar. Tuve que morderme el labio a sabiendas de que no era algo usual, mientras experimentaba aquella inundación entre mis muslos. Algo se me ha roto, pensé, y la agüita se había filtrado por entre las rendijitas del asiento, que ya chorreaba por debajo. Disimuladamente me cercioré de limpiar el estropicio utilizando mi propia falda –y sin meter las manos- y mi abuela, absorta en sufrimientos ajenos, no volteó ni una vez. A continuación me fui a cambiar y me apresuré a arrojar la prenda culposa en la cesta de la ropa sucia. Antes me cercioré de olerla: nada.
Nunca más me senté en aquella poltrona y opté por sentarme en la orilla de la cama, aunque experimentaba una especie de envidia cuando alguien más la ocupaba para hacerle compañía a mi abuela.
EVE GIL

la eve, entre otros, opina sobre los concursos literarios, las editoriales mexicanas y los escritores de los 80/ Cortesía: Disculpe las molestias

SE BUSCAN

¿Los ha visto?
Estas personas, por hoy prófugas de la justicia -se sospecha andan por territorio estadounidense o canadiense porque la aristocracia sonorense, por naquez o por tacañería, o una mezcla de ambas, no pasan de territorio americano y la compra semanal la realizan en Tucsón- son los propietarios del bodegón-guardería, improvisada con material flamable, sin salida de emergencia ni extintor, donde hasta el pasado 5 de junio se hacinaban 200 bebés, 48 de los cuales murieron en un incendio y otros diez supervivientes habrán de sobrellevar el resto de su vida secuelas que van desde quemaduras en gran parte de su cuerpo, hasta graves disfunciones pulmonares que minarán considerablemente su calidad de vida.
Acusados de negligencia criminal, estos personajes, lejos de entregarse a las autoridades para ofrecerse reparar los daños hasta donde sea posible o purgar la condena que les correspondería por una elemental cuestión de ética y/o conciencia cristiana, que solían ostentar a través de diversas oportunidades, inmortalizadas en las secciones de Sociales, donde recibían solemnes la bendición del Arzobispo, han huído del país como lo que son: unos cobardes y unos asesinos. "El que nada teme, nada debe" Estos, a todas luces, estaban concientes de los riesgos que sus "clientes" corrían merced a la avaricia y ambición de quienes lucraron con la necesidad de las madres trabajadoras.
Nombres y descripción de los próugos, por estricto orden alfabético:
Escalante Hoeffer, Alfonso: Tipo "sanote", sonrosadote, ojiverde, signo de pesos en la mirada, hoyuelos en las mejillas, producto de la madurez tardía, botas muy caras (para mayores señas: acude al mismo cocodrilero del ex presidente Fox), espuelas Yves Saint Laurent, barbita de candado (aunque quien quita y se haya rasurado los pocos pelos para no ser molestado), papada de emperador romano. Señas particulares: carga muy a huevo a sus hijos, apenas que haya una cámara adelante. Cónyugue de la también prófuga Sandra Téllez Nieves.
Gómez del Campo Zavala Tonella, Marcia Matilde Altagracia: no dejarse engañar por su nombrazo digno de emperatriz belga de los tiempos del romanticismo. La doña, quien por cierto es tía o sobrina -no se sabe a bien- de la primera dama de la nación, y se le asemeja bastante en lo fodonga, es la típica señorona afectada que no permite a sus vástagos comer dulces ni chicharrones porque el colesterol y la diabetes son enfermedades de "gente baja" y tampoco los deja jugar en la tierra porque, dice, no deben ensuciar su ropa de marca ya que no está dispuesta a comprarles una nueva, si es que la "muchacha" no consigue sacarle toda la mugre. Señas particulares: gesto de hacer fuchi (aunque quien sabe si se le habrá alterado por el susto o la más reciente cirugía plástica), mirada fija en el piso, ademanes nerviosos y acento "popillo"
Salido, Antonio: Mejor conocido como "el Tony" o, más recientemente, "el Pilatos", quién sabe por qué. Estatura de sonorense promedio (1.75-1.80), unos 120 kilogramos de pura tortilla sobaquera y tamales de niño envuelto, grandes entradas, ojillos de águila rapaz, papada pronunciada (en realidad, este rasgo es común a todos los prófugos), tiende a ataviarse como John Travolta en sus años mozos, andar jactancioso (aunque quien sabe si ya le habrá cambiado el pasito tun-tun), suele usas cinturones de hebilla ancha. Cónyugue de la antes citada Marcia Matilde Altagracia. Señas particulares: gesto paranoide, típico de los que cargan un niño muerto en la cajuela de su auto.
Téllez Nieves, Sandra: Maquilladísima, chapeteada, sonrisa ladeada (otro rasgo común a todos los prófugos), usa lápiz labial Paloma Picasso, les cuelga hasta foquitos a sus infortunados mellizos, quienes, si Dios es justo, le echarán en cara a su mami traerlos jaloneando por todo territorio estadounidense y someterlos a régimen Burguer King (con cajita sorpresa) con tal de no enfrentar su responsabilidad ni -¡horror!- pagar las que debe, sobre todo en metálico. Se le conoce con los sobrenombres de "la Sandy", "la Yoyis", "mamá gallina" y "La Madrastra". Señas particulares: no saca el monedero ni de chiste, siempre le dice a la "muchacha" -a quien, por supuesto, se llevó de aventura para que la ayudara a lidiar los buquis-que pague los helados. Dicen que le ha dado por disfrazar a los mellizos de Batman y Gatúbela para que no les reconozca, mientras ella usa gafas Chanel, las popularmente conocidas como "ojos de mosca" que son las de armazón más ancho.
Urquídez Serrano, Gildardo: Pariente incómodo del malogrado candidato del PRI a la gubernatura del Estado de Sonora, Alfonso Elías Serrano. Éste, dicen, se largó sin la vieja y sin los buquis. Las fotos lo muestran con gesto prepotente y satisfecho, pues hasta antes de la demoledora derrota de su primo en los comicios se creía impune, pero como resulta que repartir i-pods entre los ciudadanos sonorenses no bastó para perdonarle al Vaquerito la herejía de ser pariente de quien es, ahora anda escondiéndose en algún lugar ignoto de la geografía estadounidense. Físicamente similar al Vaquerito, pero sin sombrero stetson y sin botas, porta gafas ejecutivas de armazón liviano. Papada pronunciada y sonrisa ladeada. Inconfundible aire de junior, se le huele a varios metros de distancia.
Nivel de peligrosidad de los prófugos: alto. Son capaces de asar niños si hay dinero de por medio, mínimo, de improvisar un hormiguero o una madriguera para hacinar bebés en ellas y cobrar bastante caro por el "servicio" En los niños ven un producto, un medio o, en el caso de sus propios hijos, un requisito cumplido ante la sociedad, una obligación biológica de perpetuarse propia de la gente de su clase y, sobre todo, sucesores y herederos, aunque, en este caso, habrán de heredarles ignominia, bajeza, cobardía... y 48 muertes que nadie nunca les permitirá olvidar, así se escondan en el más remoto iglú de Alaska.
A T E N T A M E N T E
Todos somos padres de los niños sacrificados de Hermosillo y exigimos justicia!!!!

El rey ha muerto... viva el rey

La expresión del todavía gobernador de Sonora, Eduardo Bours Castelo, lo decía todo: impotencia, dolor, frustración… furia contenida: lágrimas.
La expresión que debió ostentar, qué curioso, cuando se suscitó la tragedia de la guardería ABC que él manejó como si se tratara de un asunto molesto y fastidioso, que podía resolverse con un pequeño soborno para los afectados.
Durante su más reciente conferencia, en la que se manifestó respecto al inminente triunfo del candidato panista a la gubernatura, Guillermo Padrés Elías, Bours atribuyó el estrepitoso fracaso de su “gallo”, Alfonso Elías Serrano, a que “la gente no salió a votar” y “al manejo que los medios insistieron en darle al asunto de la guardería”. Lejos de legar para la posteridad un último rasgo de dignidad, Bours no reconoció que fue su reprobable actitud y no otra cosa, lo que impulsó a los sonorenses a darle la espalda en las urnas y otorgarle el ominoso título de “último gobernador priísta de Sonora”
Mucho se insistió en los medios del “arrasador triunfo” a nivel nacional del PRI, el partido que no hace ni ocho años nos ufanábamos de “haber sacado de Los Pinos”, y le restaron importancia a este, su más vergonzante fracaso de la jornada electoral: un gobierno de larguísima tradición priísta ininterrumpida de casi 80 años, abandona el poder con el rabo entre las patas y el sino de Herodes el Grande en el recuerdo de los sonorenses. Algo que ni en mil años conseguirán olvidar.
Bours nunca reconoció –y sigue sin reconocer- su injerencia en la tragedia que arrebató 48 vidas inocentes: sacarle la vuelta al bulto, proteger como leona a sus cachorros a su parentela, entre quienes se encuentran los responsables de esta negligencia criminal; facilitarles la salida del país para que no se les tocara con el pétalo de una rosa, encarcelar inocentes y tratar de sobornar a los padres afectados para que desistieran de demandar… y sin embargo, según él, quienes perpetraron su caída y la de su “delfín”, fue el abstencionismo y la saña de los medios de comunicación.
En una cosa tiene razón: el gobierno federal sacó raja del asunto. Vieron en la tragedia de la guardería una especie de tabla que podría salvarlos de zozobrar en medio del pavoroso desastre marcado por la violencia de una “guerra contra el narco” que más bien es una guerra contra el pueblo… pero tan culpable y escupible uno como el otro, y el electorado se los hizo pagar a través de un voto a todas luces de castigo.
De cualquier forma, para ser objetivos, Padrés Elías se presentó desde el principio como un candidato infinitamente superior al llamado “vaquerito” Elías que, para empezar, le arrebató la candidatura al que legítimamente reclamaban los sonorenses a voz en cuello: Ernesto Gándara Camou. La experiencia política de Padrés, sin contar su discurso vitalista y refrescante y su sonrisa sin afectación, superaba por mucho las frases hechas y manidas y la pretendida pose de “hombre-de-campo” con que el candidato de los i-pods pretendió seducir a los votantes.
En cuanto a la alcaldía de Hermosillo, gana el natural sucesor de Gándara Camou: su primo hermano Javier Gándara Magaña, no importando pertenezcan a partidos distintos. No se trata, como se ha dicho en los medios del DF, de una manifestación de repudio contra el hasta hoy muy querido alcalde de Hermosillo, sino justamente lo contrario: Gándara no le gana a su pariente, sino al Pano Salido, ese muchachote sonrosado e insensible, muy parecido físicamente a aquel Gastón que plantó un relojote y salió cargado de billetes del Palacio de Gobierno. la única credencial del Pano: haber servido a la televisora enquistada en el poder.
Por cierto: será sumamente divertido presenciar la “metamorfosis” de Telemax que se verá obligada, de la noche a la mañana, a servir al “enemigo”. Esto, y la larga hilera de suspirantes a hueso, entusiastas firmantes de cartitas de apoyo al Vaquerito, que se negaron a apoyar a los padres de los niños siniestrados en las diversas marchas, lloran ahora en las esquinas, como niños regañados. Ni quien los salve de tener que buscar, ahora sí, una chamba decente y renunciar a sus sueños guajiros. Quien quita y el vaquerito, muy agradecido él, los enseñe a arrear vacas… chamba, por cierto, muy honesta.
Todo lo anterior debe haberles enseñado una gran lección: ponerse del lado de los débiles, y no de los poderosos. El poder es efímero… y si no, pregúntenle al emperador Claudio, a quien un error táctico le bastó para hundir para siempre al gloriosísimo Imperio Romano.
Ah, y se los dice alguien que vive en el DF, no tiene la menor intención de pescar chamba en Sonora y por lo mismo no tuvo el placer de votar por Padrés (aunque sí por uno de los pocos candidatos perredistas que perdieron en esta ciudad: Bernardo Bátiz)
El rey ha muerto… viva el rey…

Esto es lo que pasa cuando lastiman a nuestros hijos...

Arturo Soto Munguía
EL Zancudo
(No mata, pero hace roncha)

Preludio del día después

I
Otra vez aparecieron los niños de Hermosillo.
Frente a la guardería ABC, acordonada con plástico amarillo. Con sus boquetes abiertos y ennegrecidos, sus escombros chamuscados, sus recuerdos terribles, aparecieron.
“El pueblo pide justicia”, reza el cartel que un anciano ha pegado en el carrito de paletas. Flaco y empobrecido, luchón y solidario, el señor parece decir que no está ahí sólo para vender paletas.
Otra vez aparecen, Los Niños de Hermosillo.
Con sus sonrisas luminosas, invencibles y poderosas; capaces de convocar a miles y miles a tomar la calle y estremecerla con la silenciosa multitud de sus pasos cansados. Porque la tristeza pesa mucho.
La marcha sale con el murmullo de un arroyuelo. Y va creciendo. A cada cuadra, va creciendo, creciendo, creciendo, creciendo hasta terminar como mar embravecido.


II
Otra vez los tambores que le dan un aire aún más fúnebre a la marcha, como si no bastara el llanto que se multiplica en las calles, las banquetas, las ventanas, los portales y los porches de las casas.
Otra vez los pequeños viajan en globos, rosas, blancos y azules. Viajan por la calle, risueños, felices, como eran.
Hubo 48 campanadas en la iglesia de San José. Una por cada uno de los niños muertos que ahora marchan, con sus miradas tiernas poniendo de rodillas la democracia cuentachiles del gobierno.
No se cansan estos niños. Estuvieron por la mañana en el Distrito Federal, donde aprendieron nuevas consignas: “Señora Hinojosa, por qué parió esa cosa”. “Son los asesinos, Bours y Los Pinos”.
Y ahora van bajando al corazón, al centro histórico de Hermosillo.
Marchan, pero ahora son más. Se suma la niña que en su frente morena tiene escrita la palabra “Justicia” en letras blancas.


III
Los Niños de Hermosillo son poderosos. Convocan a todos.
Estremecen el corazón y el asfalto con sus pasos. Los de 48 niños que murieron “para ayudarnos a encontrarle sentido a la vida”, como dijo una madre.
“Se terminó el futuro de Sonora”, reza una cartulina sostenida por una joven señora que porta, como otros miles que se van sumando, un moño negro en su ropa.
En la gasolinera El Gallo está a punto de suceder un altercado. Unos jóvenes comienzan a desdoblar una gran lona con la imagen del gobernador y la leyenda: “Que gobierne la justicia. Fuera Bours”.
Discuten con los organizadores y terminan incorporándose al final de la marcha.
“Yeyé, estás en el cielo, ¿Y la justicia dónde está?”, reza otra pancarta.
Otra vez va Ximena en el tatuaje de su padre, Julián el superhéroe; Xiunelth en las manos de su padre, acompañado de una leyenda: “Mi niño, cada día duele más tu ausencia. Malditos corruptos”.
A la cabeza de la marcha, Don Francisco López maneja la camioneta con la que su hijo abrió un par de boquetes en la guardería salvando la vida de docenas de pequeños. El Pick Up luce modificado, carroceado, equipado y decorado con un ángel que lo abraza con sus alas.
Cosecha miles de aplausos. Todo el camino está lleno de gente. Todos le aplauden cuando pasa. Le aplauden, y luego, en silencio, se van incorporando a la marcha.

IV
La marcha avanza y va sumando, va creciendo. Como nunca crece. Se ensancha el ánimo y la marcha; la solidaridad levanta las cabezas, arranca algunas sonrisas en medio de tanto llanto. Y la marcha crece más con los que la esperan y se incorporan.
Esto es un fenómeno social, coincide la maestra Catalina Soto, recién llegada de la ciudad de México, donde acompañada de algunos padres, encabezaron una marcha desde el IMSS a la representación del gobierno de Sonora en el DF.
Con ella estuvo Ofelia Medina, y miles de personas que también son padres y madres o quieren serlo. Los Niños de Hermosillo ya están tatuados en la memoria social hermosillense, y más allá.
“Gobiernos insensibles. Qué horror vivir con ustedes”, reza otra pancarta, en manos de una señora que también se suma, como se van sumando miles.

V
Axel Abraham también está de nuevo, marchando en las manos de su padre. Su imagen tiene una leyenda que sintetiza el sentido de esta marcha: “Justicia, por el amor de Dios”.
Y en medio de tanto pesar, un espacio para el humor negro: “Cárcel al cooler”, dice una cartulina que así resume su confianza en la procuración de justicia mexicana.
Va otra vez Juanito y sus truncados sueños de futbolista.
En el restaurante La Hacienda, una señora no puede más. Se desploma. Su marido la abraza y la sienta en la banqueta. Ella agacha la cara, solloza, llora. No está cansada. Está abatida de tanta muerte.
En la Plaza de los Tres Pueblos hay cientos de personas esperando. También en la Casa de la Cultura se amontonan. Y desde el Vado del Río hasta la plaza Emiliana de Zubeldía, la marcha es una congregación de voluntades impresionante.
A la altura de Palacio de Gobierno, el contingente ha rebasado las expectativas de los más optimistas. 20 mil, es el cálculo más modesto.
Pero ni siquiera pasan por el edificio de gobierno, como lo hicieron en las anteriores cuatro marchas.
Lo ignoran. Lo desdeñan. Siguen de largo hacia la plaza, sin siquiera voltear a verlo.

7:49 de la tarde del cuatro de julio de 2002. Hora exacta en que la sociedad hermosillense, diversa, plural, hermanada por el dolor anticipa lo que es capaz de hacer cuando la lastiman de ese modo.

“Señor gobernador. ¿Verdad que si a Jesucristo lo hubieran matado en Sonora, aún no se conocería al asesino?”, pregunta una muchacha en una cartulina.


VI
A las ocho de la noche, dos horas después de salir desde la guardería, la vanguardia llega a la plaza. Un río de gente inunda la parte frontal del Museo universitario. Llenan la amplia avenida del bulevar Rodríguez. Llenan la plaza.
Ha caído la noche y saberse unidos reconforta. Pero saberse mayoría agiganta el ánimo, deshace los nudos en miles de gargantas que se abren para gritar ¡No están solos! ¡No están solos!
Pancho Jaime canta, como canta él sin ese nudo, y recibe a la marcha con Mercedes Sosa: “Sólo le pido a Dios/que el dolor no me sea indiferente/que si un traidor puede más que unos cuantos/esos cuantos no lo olviden fácilmente…”.
“Dentro del dolor hay alegría. La alegría de estar juntos”, dice la maestra de ceremonias, impresionada ante la multitud reunida con un solo fin: “Aquí estamos para exigir, no para pedir que esto no quede impune”, subraya.
Desde aquí le estamos diciendo al mundo que no nos vamos a quedar callados. Que no nos vamos a cansar, agrega.

VII
La plaza se estremece cuando la poesía la toma por asalto y convoca a más poesía, para retar a la escatología política, a lo más podrido de un Estado que deja morir a los niños si eso le sale menos caro.
La poesía nace de una madre que extraña a su hijo y lo grita con el llanto en la voz.
“Tengo mi corazón lleno de amor/tengo mi cerebro lleno de recuerdos de mi hijo/ Pero tengo mis brazos vacíos”…
La plaza tiembla. El edificio del museo y biblioteca pudo haber caído derrumbado con la voz de esa madre que grita con la rabia estallando a borbotones: “Era mi único hijo. ¿Quién me lo quitó?”, se pregunta.
Y se responde: “La impunidad y la corrupción que campean en este maldito país”.
Es Patricia Duarte, madre de Andrés Alonso. También estuvo en la marcha de la ciudad de México, donde aprendió que la lucha por la justicia apenas comienza, porque el gobierno le apuesta siempre al olvido.
Y para que no se olvide, día a día, semana tras semana, mes tras mes, habremos de recordárselo: No nos dejen solos, por favor, pide con su voz entrecortada.
Hay un estrépito de aplausos y gritos que estremecen: ¡No están solos-No están solos!
Anuncia que sus reclamos llegarán a organismos internacionales, porque presume que en México no hay justicia.

VIII
Fabiola Domínguez pide “un aplauso para ustedes, por estar aquí”. Y la multitud le responde con sus palmas. También pide un aplauso para el médico legista que le dijo que su hija, sobreviviente del incendio, estaba sana, “nada más porque no la vio quemada”.
Pero la niña se ahoga en las noches; tose. Y la madre no sabe lo que aspiró aquel día de horror y fuego.
Ella exige atención médica especializada, a cargo de instituciones no estatales, pues les ha perdido la confianza.

IX
En el mitin se lee el manifiesto a la nación, del Movimiento Ciudadano 5 de junio, que nació ese día en Hermosillo, Sonora y que hoy se conoce internacionalmente, por el repudio que despierta cualquier gobierno que provoque, en una larga red de complicidades, la muerte de 48 niños.
Se lee también una carta de la senadora Rosario Robles, que algo sabe de perder a un hijo.
Canta Elisa Morales y a capela, eriza los vellos con una canción de amor y de esperanza.
También Luis Rey Moreno pide, con un poema, castigo a los culpables. Su voz es un trueno que termina en llanto.
La marcha la despide José Francisco, sobreviviente del incendio. Un pedazo de cielo que su padre carga orgulloso entre sus brazos.
El padre le alza la mano como se le levanta a un campeón, y el pequeño abre mucho sus ojos claros. No le caben en la mirada tantos hombres y mujeres juntos; niños, ancianos, jóvenes.
Todos los que estuvieron ahí, anticipando de lo que es capaz una sociedad cuando le lastiman a sus hijos.

"Los niños de Sonora también son nuestros hijos"

“Los niños de Sonora, también son nuestros hijos”
“Los asesinos están en Los Pinos”
“No seas indiferente, los niños de Sonora también son nuestra gente”
“Sonora no estás sola…”
Son algunas de las muchas consignas que se dejaron escuchar a través de la marcha que partió de las oficinas del IMMS en Reforma y concluyó en la calle Goldsmith No. 248 ante la representación del gobierno de Sonora.
Cientos, si no es que miles de personas de diversas procedencias, se dieron cita este sábado 4 de julio para manifestar abiertamente su repudio por los hechos acaecidos el pasado 5 de junio en la ciudad de Hermosillo, capital de Sonora, donde 48 vidas inocentes de entre 3 meses y 4 años de edad, se perdieron en un incendio producido por la criminal negligencia de empresarios y políticos que sacaron “raja” de la subrogación de guarderías del IMSS, montando así lucrativas empresas familiares a costa de un servicio que se supone gratuito, sin siquiera molestarse en brindar a sus “clientes” las más elementales medidas de seguridad en caso de siniestros. Estos hechos y la posterior reacción de los responsables ante esta aberración –no dar la cara, esconderse, ampararse- son elocuentísimos respecto al enorme desprecio que hombres y mujeres de poder experimentan hacia aquellos a quien, se supone, debieran servir.
Hartos de que a nuestros niños se les trate como ciudadanos de segunda, de que estén expuesto a un sistema educativo infame, diseñado a la medida de los intereses del dictador en turno y en complicidad con Elba Esther “Chucky” Gordillo… hartos de que nuestros hijos estén expuestos a pedófilos que se escudan en sus cargos políticos y eclesiásticos, de que se castigue a los periodistas que denuncian estas anomalías y no a los perpetradores del delito denunciado… hartos de que los políticos y empresarios lucren con nuestras necesidades básicas, como serían precisamente las guarderías.
La primera reacción de los reunidos ante las puertas del IMSS, fue echar con cajas destempladas a las cámaras de Televisa y TV Azteca, quienes naturalmente acudían no para informar, sino para lucrar con el morbo de los televidentes y, de paso, tergiversarlo todo, como es su costumbre. Las únicas televisoras que tuvieron acceso a la marcha fueron Canal 28 y una cadena de noticias estadounidense. Ante estas, muchas madres ofendidas, que de un modo u otro hemos sido víctimas de las canalladas de la burocracia oficialista contra nuestros hijos e hicimos nuestro el dolor de las madres y padres de los bebés sacrificados de Hermosillo, juramos que los nombres de los culpables –incluyendo el presidente Calderón y el economista Karam, que insisten en no dar a conocer las listas de propietarios de esta y otras guarderías subrogadas del país- le darían vuelta al mundo.
Gracias a que el poderío de Bour$ y CÍA no abarca la ciudad de México, la marcha se llevó a cabo en santa paz y en medio de un enorme clima de solidaridad que reunió amistosamente a un montón de desconocidos. Madres arrastrando carreolas con sus bebés de edad aproximada a las víctimas de Hermosillo, portando estos carteles con las caritas de cada una estas… enormes mantas exhibiendo los cuarenta y ocho nombres bajo la litografía de un ángel, si bien en esta marcha se les aludió como seres humanos a la espera de justicia y no como seres angelicales. Las mantas exigían también guarderías dignas de los niños mexicanos y la inmediata cancelación del oscuro mecanismo de subrogación que no es otra cosa que “privatización disimulada”.
Llegando ante las oficinas de la representación del Estado de Sonora, ante cuya entrada levantamos un altar a la memoria de los 48 bebés victimados por un estado corrupto, nos aguardaba uno de los padres afectados que brindó un discurso breve, totalmente carente de odio pero lleno de amor para con su hijo. Justicia fue su única exigencia. La multitud a su alrededor lo aplaudió a rabiar. Posteriormente, se pidió un minuto de silencio para los pequeños.
Como bien dijo una señora, que tomó el micrófono, hay que dejar de hablar de las criaturas como una cifra. Procedió entonces a leer los nombres y apellidos de cada una de las criaturas que reproducimos a continuación:

Jimena Álvarez Cota
María Magdalena Millán García
Andrea Nicole Figueroa
Emilia Fraijo Navarro
Valeria Muñoz Ramos
Sofía Martinez Robles
Fátima Sofía Moreno Escalante
Dafne Yesenia Blanco Lozoya
Ruth Nahomí Madrid Pacheco
Denisse Alejandra Figueroa Ortiz
Lucía Guadalupe Carrillo Campos
Jazmín Pamela Tapia Ruiz
Camila Fuentes Cervera
Ana Paula Acosta Jiménez
Monzerrat Granados Pérez
Pauleth Daniela Coronado Padilla
Ariadna Aragón Valenzuela
María Fernanda Miranda Hugues
Joseline Valentina Tamayo Trujillo
María Ximena Huguez Mendoza
Nayeli Estefanía González Daniel
Ximena Yanez Madrid
Yeseli Nahomi Baceli Meza
Ian Issac Martínez Valle
Santiago Corona Carranza Lemas
Axel Abraham Ángulo Cazares
Javier Ángel Merancio Valdez
Andrés Alonso García Duarte
Carlos Alán Santos Martínez
Martín Raymundo De la Cruz Armenta
Julio César Márquez Báez
Jesús Julián Valdez Rivera
Santiago de Jesús Zavala
Daniel Alberto Gayzueta Cabanillas
Xiuneth Emmanuel Rodríguez García
Aquiles Drenet Hernández Márquez
Daniel Rafael Navarro Valenzuela
Juan Carlos Rodríguez Othón
Germán Paúl León Vázquez
Bryan Alexander Méndez García
Jesús Antonio Chambert López
Luis Denzel Durazo López
Daré Omar Valenzuela Contreras
Jonathan Jesús De los Reyes Luna
Daniela Guadalupe Reyes Carreta.

La revista Emequis dedicó su portada de esta semana (179) a los bebés muertos por negligencia criminal en Hermosillo. En el interior, junto a cada uno de los retratos, sus padres escriben una biografía (muy breve, por supuesto), de cada uno de ellos. Lo que se lee junto a la foto de la muy sonriente Emilia Fraijo Navarro, de 3 años, 2 meses y 18 días, resulta muy explicativo respecto al modus operandi del gobernador que pretende tapar el sol con un dedo: “ (el padre de Emilia) acaba de rechazar la propuesta del gobernador Eduardo Bours: un millón y medio para los deudos, pero condicionado a que todos se desistan de demandar; Abraham (papá de Emilia) le dijo: “Gober: si su hijo vale millón y medio, está bien, es su bronca, pero voy a pichársela: yo le doy el millón y medio o más, si quiere, a cambio de que queme a uno de sus hijos.”
Sin comentarios…

El Imparcial le "sacateó", y sin embargo...

Hace un par de semanas elaboré una carta abierta dirigida al Ing. Bours, Gobernador de Sonora, para manifestar mi indignación e impotencia por los hechos del 5 de junio que conmovieron al mundo entero, excepto, parece ser, a los involucrados. Dicha carta la escribí para el diario sonorense El Imparcial -del que fui colaboradora durante un par de años hasta que le dieron "golpe de Estado" al suplemento Perfiles- y cuyos directivos, por supuesto, se hicieron los occisos y jamás la publicaron. Me confíe pues dicho diario ha sido, desde sus inicios, de adherencia abiertamente panista. Cosas raras de la vida: los intereses económicos desconocen filiación de cualquier índole.
Sin embargo, y qué bueno, ha sido reproducida en diversos medios. Bendito Internet. Aquí las ligas:
http://mx.groups.yahoo.com/group/ciudadanos_en_red/message/5121
http://www.razonesdeser.com/vernota.asp?d=19&m=6&a=2009&notaid=64160
http://www.contactox.net/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=1989http://luislarios.blogspot.com/2009/06/carta-abierta-eduardo-bours.html
Y los que se acumulen. Muchas gracias...

Madres de bodega

Siempre he creído que quien es madre o padre de familia… quien lo es por convicción y no por haber satisfecho una actividad fisiológica o cubrir un requisito social, debe experimentar empatía con otros padres o madres, particularmente si estos han sufrido la pérdida de un hijo o hija.
Dicen que ningún dolor en el mundo supera a este, máxime si tras la muerte de ese ser gestado en nuestras entrañas ha sido producto de un crimen, sea o no producido por una negligencia.
La empatía es una capacidad supuestamente nata de ponerse en los zapatos del otro. Cuando uno contempla el dolor de una madre ante la pérdida de un hijo, no puede evitar asociar a ese hijo muerto con el propio. Tan vulnerable a la enfermedad o a la muerte –particularmente si esta se da en condiciones trágicas- es un niño rico como un niño pobre. El secuestro de un niño rico –que es a lo que comúnmente se exponen los hijos de familias pudientes- indigna y duele lo mismo a otro empresario, cuyo vástago pudiera correr la misma suerte, que a la señora que vende aguacates en un mercado.
Supondríase, pues, que una mujer de clase alta es perfectamente capaz de conmoverse ante el dolor de una madre de clase inferior, económicamente hablando, claro, que llora a gritos la muerte de un hijo que hacía apenas unas horas cantaba y reía sobre su regazo.
Pero los hechos suscitados en Hermosillo, al margen de la tragedia que supone el que 48 bebés hayan muerto de la forma más espantosa en la que puede morir un ser humano –quemados-, parecieran demostrar lo contrario: para las propietarias de la guardería, Sandra Téllez Nieves, Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella y María de los Ángeles Félix Bours, sí cuentan las clases sociales al momento de ejercer su maternidad.
Me refiero concretamente a las mujeres porque, culturalmente, somos nosotras las más familiarizadas con las actividades y rutinas que conllevan la crianza de los bebés, lo cual no significa que los esposos de tan distinguidas damas sean menos culpables que ellas.
Una mujer que ama a sus hijos, con amor desinteresado y no como pose para la instantánea de una sección de Sociales, los ve reflejados en cualquier criatura, incluyendo aquellos que piden limosna en la calle. Una madre por vocación, que decide aceptar la enorme responsabilidad de velar por el bienestar de otros niños, en quienes, se supone, debiera ver reflejados a sus hijos, y cuenta además con el capital necesario –suficiente- para brindar un servicio de vital importancia en nuestros días en que padre y madre se ven forzados a luchar por el sustento, no los hacina en una bodega inmunda ni los expone, con una temperatura de hasta 50 grados, al exiguo y hasta nocivo alivio que supone un cooler viejo. Estamos hablando de personas con la capacidad económica suficiente para haber adquirido una bonita casa o mandarla construir y rodear a sus “clientes” de todas las comodidades posibles, y esto incluiría, dadas las circunstancias climáticas tan extremas de Hermosillo, un aire acondicionado.
Desde el preciso instante en que estas señoras optaron por lucrar con la necesidad de las madres trabajadoras, ellas, que ignoran lo que es buscar el pan para sus hijos (y sin embargo lo intuyen), tomando, para tal fin, un lugar a todas luces inadecuado para tal función, manifestando de entrada un desprecio inconmensurable tanto por los niños como por sus madres, que muchas veces no tienen de otra, y encima de todo cobrarles $700. 00 por un servicio que no lo amerita, ni en calidad ni en legalidad, pues se trata de un servicio que debiera ser GRATUITO –se supone que para eso pagamos impuestos- nos hacemos una idea de la clase de seres que son estas personas que, de entrada, no pueden llamarse “madres”.
Mujeres como estas no pueden amar a sus propios hijos. Aman, acaso, lo que estos representan: status, perpetuación de la riqueza, pretexto para salir en las páginas de Sociales… o la afirmación de ser señoras de quienes son, porque para ellas lo mejor que les ha pasado en la vida, sí, es haber sido madres, pero porque ello las afianza en su calidad de esposas de hombres influyentes con posibilidad de coronarlas como directoras del DIF o alguno de esos cargos con los que se entretiene a las inútiles Primeras Damas.
Sandra, Marcia, Ángeles… Lourdes, esposa de Bours, les hablo de tú a las cuatro porque ninguna merece mi respeto, ni como periodista ni como mujer, ya no digamos como madre. Ustedes pertenecen a ese estereotipo de mujer sumisa que las feministas combaten porque no son otra cosa que perpetuadoras del machismo, peor aún: negadoras de lo que el trabajo de las mujeres representa para la sociedad actual y del que ustedes no tienen la menor idea de ser deudoras, porque creen que con salir bonitas en la foto y lucir sus mejores galas ya cumplieron su deber como “señoras de”. Ante la desgracia que su ambición desmedida ha provocado en otras mujeres exactamente iguales a ustedes, de quienes solo las separa un montón de ceros en una cuenta bancaria y el azar de haber nacido en cuna de oro, se han limitado a enarbolar su pequeño discurso de ofendidas señoras de casta y esconderse como las delincuentes de collar de perlas que son: culpables de la muerte de 48 criaturas… culpables de servir de herramienta a las ambiciones asimismo desmedidas de sus esposos… culpables de secundar a estos en sus canalladas… culpables de avergonzar a las mujeres del mundo entero con una insensibilidad que no puede ser sino producto de la estupidez.
Escondánse en el último rincón del mundo señoras, que allá donde vayan serán reconocidas y repudiadas por haber propiciado la desgracia de 48 bebés que eran exactamente iguales a sus propios hijos: seres humanos. Su conciencia, que supongo tienen, no las dejará dormir en paz, ni siquiera en la habitación del hotel más caro del mundo.
A veces, la maternidad es una casualidad… un medio para alcanzar un propósito mezquino… una obligación principesca… algunas reinas de la historia han servido de horno para que en ellas se geste el príncipe consorte y nada más. Ni ellas mismas saben que son humanas, ¿cómo exigirles entonces la más elemental solidaridad de género?

Imágenes de la cuarta marcha por la justicia en Hermosillo. Cortesía: CONTACTOX

"Si gana el PRI en Sonora, no será otra cosa que fraude": Alejandro Oláis Olivas

Por: EVE GIL
La tragedia de la guardería ABC de Hermosillo, sorprendió al periodista sonorense Alejandro Olais Olivas (Huatabampo, 1948) dando los toques finales a su libro Sonora, la diferencia, donde desarrolla la crónica de los diversos sexenios que han marcado la historia de su estado, incluyendo el del ingeniero José Eduardo Robinson Bours Castelo, nombre completo del gobernador actual. Le pregunto al señor Olais por qué el gobernador sonorense optó por omitir el “Robinson”, siendo que de siempre se le ha conocido por su apellido compuesto de origen sajón. La respuesta me deja perpleja: “Porque se enteró de que “Robinson” era apellido de negros y él es muy clasista, por decir lo menos.”
Lo que Olais Olivas expone en su libro, al margen de los recientes acontecimientos que dejaron al descubierto una maraña de complicidades, así como la desvergonzada práctica del nepotismo que provoca comparar al actual gobierno sonorense con las rancias aristocracias europeas, nos presenta la radiografía de un gobernador que hace parecer a Mario Marín –mejor conocido como Gober Precioso- y a Ulises Ruiz como niños de pecho: ante la muerte de 46 criaturas en un incendio producido por la indiferencia de los propietarios de la “guardería” –donde por cierto se cobraban $700 mensuales por un servicio que se supondría gratuito-, Bours se preocupó más por deslindarse –y deslindar a su parentela, co-dueños del “negocio”- del siniestro, pasándole la “bolita” al gobierno federal, que por brindar la elemental asistencia médica, emocional y económica a los deudos, no digamos ya procurarles justicia. El libro de Olais está lleno de ejemplos de la incapacidad del ingeniero (Robinson) Bours para ponerse en los zapatos de los que sufren –y esto, insisto, lo redactó mucho antes de los hechos de la guardería ABC-:
“La insensibilidad ante los dramas humanos, al margen del nivel, afloró en la muerte de la joven obrera obregonense de 24 años de edad, Samantha Quintero Armenta, fallecida el 28 de noviembre de 2005 en el hospital Episcopal Saint Luke’s al no poder reunir 539 mil dólares para un transplante de corazón, enviando el ejecutivo 50 mil pesos, de parte del DIF, a un maratón donde los sonorenses aportaron 183,000 dólares y aunque el cardiólogo pedía el aval del Gobierno del Estado para la intervención quirúrgica de emergencia, Robinson nunca contestó las llamadas de los atribulados padres Gilberto y Sandra Luz Armenta de Quintero.”
Quien realiza este retrato de un gobernador sonorense que nada pide en autoritarismo, crueldad y extravagancia a ciertos emperadores romanos, es un periodista con 44 años en funciones y un curriculum impresionante, que tuvo que exiliarse tras reiteradas amenazas de muerte por parte del citado (Robinson) Bours, peor aún, una vez exiliado continuó siendo perseguido. Las influencias robinsonianas lo alcanzaron hasta el estado de Sinaloa: “Fue la peor humillación que sufrí tras cuatro décadas de ejercicio periodístico: tener que alejarme de mi familia durante cuatro años, luego de cerrarnos el semanario TIEMPO, que era mi patrimonio familiar y perseguirme hasta Sinaloa, solicitándole personalmente Robinson a Jesús Alberto Aguilar Padilla que me echara de ahí. Vine a dar a la ciudad de México, donde al parecer no pudieron alcanzarme los tentáculos de Robinson. Aquí inicié la redacción de este libro.” El autoritarismo de Bours se refleja en su empeño de cerrar un semanario para zanjar una cuenta personal, o en su despido a un subordinado por llamarlo a su celular cuando se encontraba de mal humor y, peor, perseguir a este cuando encontró acomodo en otro lugar.
Es un hecho que la prensa sonorense se encuentra amordazada. Y si bien es ya tradición el condicionamiento de la libertad de expresión en Sonora, en ningún otro sexenio se había visto tantos periódicos cerrados, ni tantas voces silenciadas. Los medios locales han abordado los hechos de la guardería ABC, con un tiento exagerado, procurando no rozar ni con el pétalo de una flor el nombre del gobernador –solo los medios electrónicos han sido contundentes en su denuncia-, y esto ha encendido la indignación del pueblo de Sonora, muy especialmente de los padres que perdieron a sus bebés en ese incendio provocado por la negligencia criminal de hacinar a 200 niños en un lugar con techo de lámina y recubierto de poliuterano. Olais Olivas alcanzó a agregar en su libro un comentario respecto a la tragedia, a manera de corolario.
Por si todo lo anterior no bastara –y hay mucho más, que el espacio no nos permite reproducir-Bours impuso a la mala a su candidato a la gubernatura, Alfonso Elías Serrano, de quien Oláis Olivas dice “es buen muchacho”, por encima de quien los sonorenses clamaban unánimemente como próximo gobernador, el por hoy presidente municipal de Hermosillo, Ernesto Gándara Camou. Es muy posible que los votantes se vuelquen en las urnas por el candidato panista, el joven y carismático Guillermo Padrés Elías –primo distanciado del priísta-, máxime tras los últimos hechos… esto, claro, si no se recurre al fraude electoral, como afirma Oláis hiciera el propio Bours contra el panista Ramón Corral: “Gándara también es buen muchacho, pero en otro sentido… a él no hubiera podido manejarlo –explica Oláis- a través de Elías, Bours pretende perpetuarse en el poder y continuar tomando decisiones. Si llegara a ganar el PRI en Sonora, en medio de la situación que se está viviendo en el estado, con tanta gente indignada, no será otra cosa que un nuevo fraude electoral.”
Olais, como se habrá visto, insiste en referirse a Bours Castelo como “Robinson”, y en privado como “chapito”, por lo que en Sonora se considera baja estatura para un varón, 1.75.

El traje nuevo del Gobernador

Por: Miguel Ángel Avilés
avilesdivan@hotmail.com
Hace muchos años había un Gobernador tan aficionado a los trajes nuevos que, muy fachoso él, gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.
No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos o montar a caballo y hacer sus cabalgatas. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y para cada conferencia de prensa y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Gobernador está en el vestuario”.
La ciudad del sol en que vivía el Gobernador era muy alegre y bulliciosa; eso sí: con un montón de calor y con baches por aquí y por allá. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y gente que quería cruzar para el otro lado y una vez, cuando al gobernador ya le quedaban sólo unos meses en su cargo, se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que hacian teguas y sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.
-¡ah jodido!, deben ser vestidos magníficos! -pensó el Gobernador-. Si los tuviese, podría averiguar qué elementos de mi gobierno y del PRI SONORA son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico y varias cajas de huevo repletas de…huevo para que pusieran manos a la obra cuanto antes.
Ellos montaron un telar y, al igual como lo hacen los diputados, simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
Me gustaría saber si avanzan con la tela-, pensó el Gobernador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.
“Enviaré a mi hombre de confianza a que visite a los tejedores” pensó el Gobernador-. Aunque su cara no le ayude, es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él”.
El Chino Lam se presentó pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. “¡Dios nos ampare!” – Exclamó el dirigente de YO CON SONORA para sus adentros, abriendo sus rasgados ojos como naranjas agrias -. “¡Pero si no veo nada!”. Sin embargo, no soltó palabra.
Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color rojo y el dibujo con el venado y el escudo de Sonora. Le señalaban el telar vacío, y el pobre Chino seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. “¡Dios santo!” -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea tan inútil para el cargo como “El Pano”, “El Basaldúa, “El Ulises Cristópulos” “El Maloro”, “El Bebo”, “El Pato” y “la Flor? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela.
-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.
-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el chino mirando a través de los lentes Ray Ban que se había puesto para no ser reconocido-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Gobernador que me ha gustado extraordinariamente.
-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El ex secretario tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Gobernador; y así lo hizo.
Los estafadores, dando machetazo a caballo de espadas, pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías, allá en un rincón de unas escombrosas oficinas de la Secretaría de Hacienda que alguna vez fue usada para guardar importantes documentos que un buen día terminaron por quemarse a causa de una chispa de un cooler -dijeron los voceros del gobernador-o de una explosión-consignaba el habla popular- que a su vez incendió de inmediato el techo de una guardería subrogada por el IMSS a unos acaudalados entre los que se encontraba una pariente de Margarita Zavala, la esposa del Primer Mandatario de la Nación y que servía para embodegar a cientos de niños de los cuales 47 fallecieron y muchos mas quedaron heridos en ese inolvidable incendio que la ciudad del sol y todo el mundo no olvidará por siempre.
Fue así como poco después el Gobernador envió a otro funcionario de su confianza, -Roberto Rubial Astiazarán, el Presidente del PRI Estatal- a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.
-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
“Yo no soy tonto -pensó el Chico Maravilla-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta”. Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.
-¡Es digno de admiración! -dijo al Gobernador.
Todos los moradores de la capital de Sonora hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Gobernador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras además del Vaquero y el resto de la fórmula priista, se encaminó hasta aquella bodega abandonada donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.
-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.
“¡Cómo! -pensó el Gobernador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para Gobernador y menos para candidato a la Presidencia de la República? Sería espantoso, con que cara podría yo ver a Elba Esther Gordillo”.
-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.
Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Gobernador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.
El Gobernador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales y les entregó la medalla “orgullosamente Sonorense” y les regaló de pasó un Paquete Sonora con carne clasificada, machaca, Bacanora, coyotas, Jamoncillos y chiltepines.
Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados al calor del bacanora, sin prender el cooler y con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!
Llegó el Gobernador en compañía de sus caballeros principales y un manchón de reporteros, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:
-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña y chiquita como si fueran para un niño de esos que fallecieron el inolvidable 5 de Junio; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, más precisamente esto es lo bueno de la tela.
-¡Sí! -consintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.
-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad a quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?
Quitose el Gobernador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y agarrando al Gobernador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.
-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!
-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle Rosales - anunció El Rorro, legendario maestro de Ceremonias.
-Muy bien, estoy a punto -dijo el Gobernador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.
Los chicos de la sub 17, es decir esos críos que componen la fórmula priista tales como “El Pano”, “El Basaldúa”, “El Ulises Cristópulos”, “El Maloro”, “El Bebo”, “El Pato” y “La Flor”, eran los encargados de sostener la cola y bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Gobernador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle Rosales y las ventanas, decía:
-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Gobernador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!, expresaban extasiados los arzobispos Carlos Quintero Arce y José Ulises Macias, quienes ahí mismo planearon publicar al día siguiente un desplegado en la prensa para felicitar al gober por tan hermosísimos atuendos.
Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.
-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño de la colonia Y GRIEGA, de esos a los que la actual candidata del PRI, Flor Ayala Robles Linares,les llamaba “mugrosos” cuando dirigió al DIF estatal y que se caracterizaba por su altivez y prepotencia hacia la gente humilde que acudía a su oficina pero nomás recibía de ella su desaire.
-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre, un ex trabajador de COMERCIAL VH; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.
-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!
-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero. ¡¡¡¡el Gobernador va desnudo!!!!.
Aquello inquietó al Gobernador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: “Hay que aguantar hasta el fin, que ya me quedan unos meses y si gana el vaquero me quedarán de perdida otros veinte años mas”. Y siguió más altivo que antes; y la ayuda de cámaras empresariales, la oligarquía, la iglesia y una parte de la prensa, continuaron sosteniendo la inexistente cola hasta que terminó el sexenio.
Después de eso, este hombre aparentemente probo, significó la nada.
FIN

Tributo a las víctimas del incendio dela guardería ABC. Tomado de la Galería de Ale Álvarez

Las imágenes hablan por sí solas. Yo sigo muda...

Imágenes de la indignación/ Cortesía: CONTACTOX





EL DIVAN

Miguel Ángel Avilés
avilésdivan@hotmail.com


GUARDERÍA ABC: LA PRIMERA MARCHA…

Justo en el corazón de la ciudad se encendió la primera vela. Enseguida se encendieron más y en el ambiente quedó un olor a cera fúnebre. La marcha había salido una hora antes desde la guardería ABC, el lugar de la tragedia y para las 7:00 de la tarde el contingente atravesaba el vado del río para encontrarse con el cerro de la campana y, a sus pies, las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia: la misma.
Ahí, como durante el trayecto, otro montón de gente se sumó al tumulto. Sólo se escuchaban los murmullos y un ruido largo como de silencio.
Apenas era el quinto día de la desdicha, del amargo recuerdo donde murieron cuarenta y cuatro niños por el humo y por el fuego.
En esa marcha: la rabia, en esa marcha: el coraje, en esa marcha: las lágrimas y el color blanco de paz y de pureza como la que tenían cada uno de los niños hasta antes que ardiera todo el almacén que se utilizaba como guardería.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
Hermosillo está consternado. Sus habitantes están consternados. Tuvo que ser la muerte los que los sacara a la calle.
La cita era a las 6 de la tarde, una tarde ardorosa que recibía a hombre y mujeres y niños a las afueras de la Guardería ABC, subrogada por el IMSS a una familia de pudientes.
Los carros se ven unos a otros. El tránsito a esa hora pico se embotella. El sol, como el fuego, empieza a buscar refugio.
La cara de un niño se levanta en esa foto que lleva esa joven que marcha sin decir nada mirando un punto fijo.
“México llora por la ambición de unos cuantos”
Otra manta de fino material acusa al IMSS. Un letrero en la espalda de dos muchachas reprueba la corrupción y exige justicia. Otro acusa al Gobernador del Estado Eduardo Bours. La marcha avanza y paraliza el tráfico. Los cuerpos de policía se concentran en cada crucero en cada cuadra. De las radios de las motocicletas salen órdenes y claves descompuestas.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
Un señor encorvado camina a paso lento con la ayuda de su bastón pero no baja la guardia. En las aceras la gente observa solidaría y mitotera, en las esquinas otras tantas se van sumando, se van sumando.
El nombre de la niña Lucía Guadalupe Carrillo Campos se lee grabado en una cartulina. En otra sus fotos y otra vez su nombre: Lucía Guadalupe Carrillo Campos.
“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo…”.
Ya se ve la capilla San José. Pasamos los barrios de tierra y polvo. Ya del sol casi nomás queda un pedazo. Pasamos la capilla San José y como salidos de la indignación, dos voluntarios desde su carro de viejo modelo reparten agua a los sedientos.
5 de Junio de 2009: repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
¿Quién atiende las pérdidas? ¿Quién la frustración y la impotencia? ¿Quién la herida para siempre?
Fuera! Fuera! gritan las voces disparejas a Petra Santos. Los partidos quieren acarrear agua para sus molinos pero los buitres se ven obligados a volar por donde llegaron.
Ahí se agazapan otros: los que quieren que no se toque a un responsable. Traen todo preparado, cargan mantas elegantes contra el IMSS, no quieren insultos para Bours.
Un garrafón con agua de sandía refresca de nuevo las gargantas. Villa de Seris también tiene algo que decir. Por ahí, por acá otros se van metiendo en las filas desordenadas.
Prensa de todas partes atrapa a la señora y a su hijo, al gringo que no baja su letrero: Catrina Bush, ABC Bours. Radio Bemba también ahí está de nuevo dando voz a los que no la tienen.

Pimpon es un muñeco
muy guapo y de cartón
se lava las manitas ♫
con agua y con jabón ♫
se desenreda el pelo ♫
con peine de marfil
y aunque se de estirones
no llora ni hace así

Son canciones para ellos: los que ahí están, los que no están, los que se fueron: niños dormidos, niños quemados, niños de humo, niños de ardor y de lamento.

En la tienda hay, en la tienda hay
un periquito azul
entre 2 pajaritos ♫
es muy popular ♫
y platicador ♫
y tambien muy bonito
buenos días (y aplaudían) ♫ ♫ ♫
buenos días (y aplaudían)
así nos saludaremos
buenas noches (y otras aplaudían)
buenas noches (y la señoras aplaudían)
así nos despediremos.

No, ya no cante, señora, ya no cante: su canción me duele. Ande, mejor tome un globo blanco, ande. Son para usted, ande, tomé uno y reparta los demás.
El desfile avanza y crece. Si lo ves hacía atrás apenas se divisa la última gente, si lo ves hacia adelante ya dejó el boulevard Vildósola y enfila por La Rosales.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
¿Tres mil? ¿cinco mil? ¿Seis mil? Quien sabe pero son un chingo.
“Bours: a como vas, los responsables van a ser los niños…. ¡cárcel a los culpables!”
Ya se está en la confluencia de la Rosales y la Doctor Paliza:
¡A Palacio!! ¡A Palacio!!!, ¡A Palacio!!!
La marcha se enciende, ¿Qué pasa? ¿¿Qué pasa?? Dos motos tapan la bocacalle. Los reporteros gráficos se arremolinan. La maquinaria enviada por el Gobierno del Estado no evita que un contingente tome rumbo a palacio. La CTM le falla al Gobernador, Bárbara Gutiérrez le falla al gobernador. Un grupo de jóvenes pide que no se alcen contra Bours. La estrategia no funciona y ahí va un buen tumulto hacía la Plaza Zaragoza. Hasta acá, poco antes de llegar al correo, la marcha se descompone, quiere deslucir, avanza confusa y sorprendida.
Ya se ven los linderos de la Universidad. Están próximas a cumplirse dos horas de camino. Las velas encendidas aumentan. La madrina de Lían, una jovencita demacrada pero estoica, carga la foto de este en lo alto. Lían avanza como si ahí estuviera, Él ya no está, pero si marcha su madre, una mujer que no alcanza los cuarenta pero a cinco días de la muerte de su hijo parece de más años: Luce desvelada y pálida.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
Frente a Palacio de gobierno se lanzan botellas y se maldice y retumba una consigna: asesino!!, asesino!!. El coraje de más de cien revienta contra el gobernador. Alejandro Pardo esta irreconocible y brota en cólera porque la marcha se le va de las manos, lo rebasa y se rasca su pelona como quien se encuentra en serio aprieto.
La otra parte de la marcha va tomando la plaza Emiliana de Zubeldía, toda la calle Rosales y las escalinatas del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora. La plaza, desde el primer día de la tragedia luce, ese altar de cruces blancas que forman un triangulo. En medio algunos juguetes y las flores con aroma a muerte junto a la penumbra de varias veladoras.
¿Cinco mil? ¿Seis mil? ¿Siete mil?, ¿Quién los cuenta? ¿Dónde está la autoridad, donde? ¿Dónde el Estado y el orden? ¿Donde la respuesta y los expeditos resultados?
44 niños muertos gracias a la corrupción, a la negligencia, al desprecio, a la avaricia. 44 niños muertos, 44.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
Pasó en Hermosillo cuando Felipe Calderón era el Presidente de la República, cuando Eduardo Bours era el Gobernador de Sonora y cuando Ernesto Gándara presidía la capital. ¿Quién responde? ¿Quién? ¿Por qué hasta que la muerte no alcanza, por que?

En la tienda hay, en la tienda hay
un periquito azul
entre 2 pajaritos
es muy popular ♫
y platicador
y tambien muy bonito ♫
buenos días
buenos días ♫
así nos saludaremos
buenas noches
buenas noches
así nos despediremos.

Sobre las escalinatas se van apilando las veladoras. Algunas se derriten y la cera cae ardiendo en el cemento como cayó el techo derretido en los cuerpos de esos niños y esas niñas.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
El gigante edificio y el silencio. La plaza abarrotada y el silencio. La calle testa y el silencio.
De pronto una voz como un llamado. De pronto una voz como un reclamo. De pronto una voz como una rabia.
JUSTICIA!!, JUSTICIA!, JUSTICIA!!!!
Desde abajo, en la acera, se ven un teni y un huarache que ya no tienen dueño. Las veladoras le dan cobijo con un soplo de luz que se disipa.
JUSTICIA!!, JUSTICIA!, JUSTICIA!!!!
De nuevo las voces aisladas. La intentona por ahogar el descontento vuelve a la carga. Bárbara Gutiérrez hace su parte y arremete con todo contra el IMSS. Una gran manta la secunda y abajo a media calle, el líder de la CTM, Javier Villarreal se nota satisfecho: la trampa parece funcionar.
Un grito contra Bours los desconcierta y otra vez Bárbara Gutiérrez embiste contra el Seguro Social y pide que trasladen a los niños a Sacramento: Está jugando su rol, a eso la mandaron.
Pero el descontento les pasa por encima: en una esquina va metiendose a empujones esa manta ya deshilachada:
“Bours: a como vas, los responsables van a ser los niños…. ¡cárcel a los culpables!”.
Las cámaras de televisión y los flachazos no se hacen esperar y van por la mejor toma y el mejor ángulo. El grupo de jóvenes instruidos para la ocasión tratan de cubrirla. Hay jaloneos y de pronto aquello asemeja una asamblea sindical.
Pero de nuevo los incómodos: en el primer piso Ismael Ochoa, confeso panista, lanza balbuceos y alharacas que se va apagando poco a poco en medio de reflectores y micrófonos que le revolotean en la boca.
Oscar “El Pollo “Medina sobresale con su voz estridente.
Othoniel Ramírez ya no se ve.
¿Por qué de nuevo están aquí? ¿Por qué quieren conducir y enlodar desde el confort de su pereza cada movimiento? ¿Por qué no entienden que ya estorban? ¿Por qué no impera la prudencia?
La gente se va haciendo menos. El cansancio y la molestia parece que hacen mella.
¡¡Bárbara: bájate!! Se escucha de pronto y luego varias veces: ¡¡Bárbara: bájate!! ¡¡Bárbara: bájate!! ¡¡Bárbara: bájate!! Se multiplican las voces y la líder poco a poco se escabulle por la retaguardia como no queriendo pero termina por bajarse. Otro raund que pierde la estrategia de los asesores del gober.
En lo alto siguen los pesares ahora en un megáfono. Ya hay mucha menos gente. Antes devino uno que otro rezo y las fotos de los niños en lo alto y unos globos blancos hacia el cielo.
Una señora dde cabello cobrizo y alborotado explota su dolor por la muerte de su hijo y derrama su impotencia. Otra más se desgañita enfurecida y consigue la atención de los reporteros.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
En el Boluvard la noche parece que va transcurriendo como siempre. O quien sabe.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
En un acto desesperado, Alejandro Pardo toma la palabra y manifiesta su decepción por lo politizado de la marcha. Arremete contra un enemigo impersonal y recibe como respuesta el abucheo de algunos de los pocos que quedaban.
En su partida se detiene y discute acalorado con una mujer treintañera y con un pasado confuso que no escucha. Alejandro no se percata que de arriba ya le están replicando con el mismo tono y decide abandonar el lugar a paso largo mientras que atrás lo despide una rechifla.
5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
Una voz perdida sugiere el día de la siguiente marcha. Esa voz consigue un consenso medio forzado.
La cera de las velas se va consumiendo rápido, así de rápido como se fue la vida de estos 44 niños.
5 de Junio de 2009 en Hermosillo Sonora: repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.
Nunca.

Honor a quien honor merece...

Mi reconocimiento al escritor MIGUEL ÁNGEL AVILÉS CASTRO, único de su gremio, hasta ahora que ha abierto la boca respecto a los hechos criminales que nos arrebataron 44 bebés sonorenses. Qué desilusión, pero los intereses mezquinos, el temor de perder la bequita o a no formar parte del séquito del próximo gober, prevalecen por encima del que debiera ser el deber ético y moral del intelectual, el artista y el periodista: DENUNCIAR, dar voz a quienes no la tienen. Un abrazote, Miguel Ángel, a eso se le llama tener... tamaños

Perfeccionando el vacío

Por: EVE GIL
La reseña de libros, género atrapado entre el periodismo y la literatura, no solo es de los más subestimados, acaso también el más corrompido, considerado, erróneamente, pariente pobre del ensayo. En Vacío perfecto, que forma parte de la tetralogía Biblioteca del Siglo XXI, el escritor polaco Stanislaw Lem (1921-2006), muy a la manera de Borges, de quien se proclama deudor, explora las múltiples posibilidades del género. En el prólogo, firmado por el propio Lem, quien critica a Stanislaw Lem, en tercera persona, cuestiona el carácter innovador de su idea que retoma un recurso empleado por JL Borges y omite el hecho de que, si bien no se trata de una idea original, el autor la dota de características peculiarísimas. Además de exponer el contenido de las novelas y ensayos reseñados, esboza la personalidad de sus respectivos autores, sin ahondar demasiado en su biografía, cuidando acaso de que la reseña no pierda verosimilitud.
Cada reseña, sin embargo, sigue caminos diversos, desde la práctica algo tramposa de contar el libro en vez de analizarlo, lo que, por otro lado, permite al autor desarrollar un relato disfrazado de reseña, hasta centrarse en el análisis de la estructura del libro, como en el caso de Rien du tout, ou la consequence, de Solange Marriot, único de autoría femenina y que da margen a Lem para realizar algún comentario elaboradamente machista en torno al género de la autora: “(…) ¿El autor de la obra es una mujer? ¡Sorprendente! La tendría que haber escrito un matemático que se hubiera servido de su ciencia para examinar –y anatematizar- la literatura”. Novela sin personajes, en la que se detallan hechos que pudieron haber sucedido, pero no han sucedido o no sucedieron o no sucederán. “Libros imposibles” de algún modo; ejercicios de intertextualidad de los que se obtienen obras que pierden su punto de referencia original, caso de la delirante Les Robinsonades; o bien, retoman la idea de algún clásico de la literatura, como Gigamesh, de Patrick Hannahan, quien se propone repetir, más aún, mejorar la hazaña de su compatriota James Joyce, contemporaneizando un clásico de la literatura que, en el caso de Hannahan, será todavía más remoto que el Ulises, así como audaz el proceso de contemporaneizarlo, de tal manera que el Gligamesh queda exento de la letra “l” para aludir al término informático GIGA, conservando, no obstante, la esencia de la épica de que parte. Se satiriza aquí el afán de los escritores jóvenes por matar –simbólicamente- a sus ancestros, así como la inaccesibilidad de la que es objeto la nueva literatura gracias a sus afanes tecnologizantes, “novelas para máquinas”, las denomina: “(…) Algunos opinan que los libros escritos de este modo sólo son legibles para otra máquina de cifrado, puesto que no existe hombre capaz de abarcar mentalmente un océano semejante de hechos y sus relaciones (…)” (p. 61).Todos estos libros, sin excepción, ofrecen no solo rasgos innovadores, propios de una literatura que aún no existe pero pudiera estarse gestando justo hoy, también pistas para llevar a cabo tales empresas, como si en algún momento el autor hubiera planeado o soñado ejecutar estas obras, más aún, hubiera generado una suerte de plano de cada uno para volverlo tangible. Cada uno de sus autores imaginarios se mueve en distintos géneros literarios; cada libro es único, aunque el género más recurrente sea la ciencia ficción, o la ciencia y la ficción por separado pero misteriosamente indisolubles. En este sentido, Lem opta por conducirse en un terreno que le es familiar y acogedor. Así, entonces, aborda novelas como Sexplosion, de Simon Merrill, que desarrolla una sociedad inmersa en el ejercicio indiscriminado de la sexualidad, que termina por convertir la gula en tabú y las comilonas en pornografía, o Perycalipsis, de Joachim Fersengeld, que bien pudiera ser una reescritura bradburyana de un mundo temeroso de los libros pero que tolera la grafomanía como hoy se tolera, por ejemplo, a los fumadores.
Pero estas reseñas, incluyendo el último texto que no es reseña sino el discurso de un imaginario ganador del Nóbel de física, pueden llegar a ser terriblemente incisivas y críticas, no solo respecto a lo literario, sobre todo a lo científico y lo ético, al grado de considerar factible la conjetura de que las reseñas sean, además de relatos encubiertos, ejercicios de crítica literaria y social, como sería el caso del que considero el más apasionante relato de Vacío perfecto, donde el crítico Lem se ensaña de especial manera con Die Kultur Als Fehler, de Wilhelm Klopper, en el que se plantea la posibilidad de que cada destino esté construido con base en una serie de casualidades, muchas veces descabelladas, que se remontan a tiempos inmemoriales; la explicación científica de esa teoría doméstica que sugiere que todos nacemos predestinados para algo específico, que nuestra existencia no es en lo absoluto casual. En varios casos, como en la crítica del libro Non serviam, de Arthur Dodd, se toca el espinoso tema de la ciencia enfrentada a la teodicea; la existencia misma de Dios, respecto a la cual Lem exhibe el agnosticismo propio de quienes pugnan por mirar más allá de las estrellas: ¿hasta qué punto el hecho de ser “imagen y semejanza” del Creador habilita a los seres humanos para emprender su misma hazaña?, y Lem no refiere al manido asunto de la clonación –nada en Lem es manido-, sino a la posibilidad de dotar de alma e intelecto a “personoides”, que, creo entender, son lo que por hoy denominamos “avatares”, seres creados con sofisticados softwares y que, como nosotros, quedarán a merced de los caprichos de un “Dios” al que intuyen pero no pueden jurar que existe. En fin, Vacío perfecto es un estuche de sorpresas, genuina caja de Pandora que incitará al lector a reflexionar sobre temas de suyo incómodos pero que el autor realiza el milagro de volver divertidos, ¡ojo!, sin aligerarlos en lo absoluto.

Vacío perfecto
Stanislaw Lem
Impedimenta
Madrid, 2008
320 pps

Plafón en llamas

CARTA A EVE.

SOY SINALOENSE, RADICADO EN QUERETARO. EN VARIAS ETAPAS DE LA VIDA HE VIVIDO O TRABAJADO EN SONORA, POR ELLO PUEDO AFIRMAR QUE NO HAY SONORENSES DE SEGUNDA, TODOS SON DE PRIMERA Y COMO TALES MERECEN Y DEBEMOS EXIGIR QUE SEAN TRATADOS.

LA MAYORIA DE LOS BEBES MURIERON ABRAZADOS POR EL PLAFON EN LLAMAS Y ALGUNOS ENVENENADOS POR LOS HUMOS TOXICOS, LA RAZON DE ESTAS MUERTES ES FUNDAMENTALMENTE POR RAZONES FINANCIERAS, EL ARRENDAR UNA BODEGA PARA ALMACENAR A 160 PRODUCTIVOS BEBES, LOS CUALES MES A MES GENERAN ABULTADOS INGRESOS, POSIBLEMENTE TIENE UN COSTO DE $ 15,000.00 PESOS MENSUALES, MAS LA INVERSION DE PINTAR BONITA LA BODEGA, CON PAJARITOS Y ANIMALITOS Y OCULTAR EL FEO TECHO DE LAMINA CON UN COSMETICO Y CRIMINAL PLAFON.

SI SE HUBIERA RENTADO UN EDIFICIO PARA RESGUARDAR A LOS MISMOS 160 BEBES, EL CUAL CONTARA CON TODAS LAS NORMAS DE SEGURIDAD Y ESPACIOS QUE EXIGE LA SEGURIDAD SOCIAL, EMPEZANDO CON PAREDES Y TECHOS SEGUROS, AREAS DE DORMITORIO, DE CANTOS Y JUEGOS, COCINA, COMEDOR ETC., LA RENTA POSIBLEMENTE SERIA ALREDEDOR DE $ 80,000.00.

POR LAS RAZONES FINANCIERAS ANTES CITADAS, SE DIO LA TRAGEDIA DE HERMOSILLO QUE HA HORRORIZADO A ESTE PAIS; UNA VEZ MAS LA MAS NOBLE DE LAS RESPONSABILIDADES QUE ES EL SERVIR A TUS SEMEJANTES SE PROSTITUYE Y TERGIVERSA, EL IMSS COBIJA TODOS LOS DIAS A LOS MAS VULNERABLES DE NUESTROS COMPATRIOTAS, LAS GUARDERIAS DEL IMSS SON UN EJEMPLO DE PROFESIONALISMO Y AMOR POR LOS NIÑOS EN EL PERSONAL QUE EN ELLAS LABORAN, LAS INSTALACIONES SON AMPLIAS, VENTILADAS, SEGURAS, PERO..................INSUFICIENTES.

EL PROBLEMA EMPIEZA COMO SIEMPRE EN LA NEGLIGENCIA CRIMINAL POR EL TRAFICO DE INFLUENCIAS QUE A LO LARGO Y A LO ANCHO DEL PAIS OTORGA CONTRATOS A LOS COMPLICES, A LOS CUATES, SE PAGAN FAVORES EN CAMPAÑAS ETC.

EL EMPRESARIO AL QUE SE LE ENTREGA EN CUSTODIA LA SALUD Y LA VIDA DE NUESTROS NIÑOS, DEBE DE SER CALIFICADO PROFESIONAL Y MORALMENTE, DOCTORES, EDUCADORAS,, NUTRIOLOGOS, ENFERMERAS ETC., EN EL CASO DE HERMOSILLO SE REFLEJA CLARAMENTE EL TRAFICO DE INFLUENCIAS AL DARLE EL CONTRATO A LOS CUATES Y LA NEGLIGENCIA CRIMINAL EN PERMITIRLES OPERAR EN LAS CONDICIONES QUE PROPICIARON LA MAGNATRAGEDIA.

EL IMSS PAGA BIEN A LAS GUARDERIAS QUE CONTRATA, LAS CORRUPTELAS SON LAS RAZONES DE QUE NO SE CUMPLA CON LA NORMATIVIDAD QUE LAS RIGE, POR ELLO, LA MUERTE DE 44 NIÑOS SONORENSES SON 44 CRIMENES, CRIMENES POR NEGLIGENCIA, CRIMENES POR OMISION, NO SE NECESITA UNA COMISION, NI SER UN BRILLANTE DETECTIVE PARA ENCONTRAR A LOS CULPABLES, LOS CULPABLES SON LOS OPERADORES QUE SE BENEFICIABAN CON LA GUARDERIA Y SUS COMPLICES QUE LES DIERON EL CONTRATO Y LOS SUPERVISABAN..........PARA QUE TANTO PUTO BRINCO ??? el suelo esta muy parejo.

EN OTRO TENOR, ...CUANTAS GUARDERIAS DEL IMSS O DEL ISSTE O PARTICULARES SON UNA BOMBA DE TIEMPO? COMO EN HERMOSILLO.
POR QUE NO CONTRATA EL CONGRESO DE LA UNION A 32 DESPACHOS ESPECIALIZADOS EN LA MATERIA, QUE AUDITEN EN LOS 32 ESTADOS..?

UTILICEMOS BIEN NUESTROS RECURSOS, EN LUGAR DE GASTAR EN LA BASURA ELECTORAL QUE TAN CARA E IMPRODUCTIVA ES PARA NUESTRA NACION.

EVE, DESDE LA RABIA Y EL DOLOR, TE MANDO UN ABRAZO SOLIDARIO A TI Y A SONORA.

ALFREDO AVILES AGUERREBERE

Carta abierta al Gobernador Constitucional del Gobierno de Sonora, Lic. Eduardo Bours Castelo

Estimado Lic. Bours:
Aunque me dirija exclusivamente a su persona, esta carta incluye a todos los ciudadanos de Sonora, de la república mexicana y del mundo entero que experimenten la misma mezcla de dolor, rabia, frustración e impotencia de quien esto escribe.
Resulta contradictorio que a las pocas semanas de que su Estado, que es también el mío, se sumó a la ignominiosa ley que penaliza como asesinas a las mujeres que, por alguna razón –que no cualquier razón, pues las mujeres no suelen abortar por deporte ni por placer-recurren al aborto, se suscite una tragedia de las dimensiones de la acaecida el pasado viernes 5 de junio de 2009 en la ciudad de Hermosillo, en la que la mayoría de las víctimas resultaron ser bebés cuyas edades oscilan entre los 3 meses y los 3 años.
Qué curioso: un Estado empeñado en castigar a mujeres a las que considera homicidas de sus propios hijos –argumento del todo absurdo para cualquiera que tenga elementales conocimientos de medicina-, abandona a su suerte a las madres que perdieron a sus hijos en el incendio de la guardería ABC, incendio que, como es ya del dominio público, no fue accidental sino provocado por una cadena de negligencias que parten del nulo interés de quienes pretendieron negociar con las necesidades de las madres trabajadoras, a quienes ni su gobierno –priísta- ni ninguno de los gobiernos panistas que optaron por penalizar el aborto, provee de las condiciones más elementales para asegurarle bienestar a sus hijos, como sería el acondicionamiento de guarderías GRATUITAS, perfectamente equipadas y provistas de elementos tan obvios como un extintor y salidas de emergencia estratégicamente ubicadas.
Cuando me enteré de que la guardería ABC era en realidad un bodegón donde se improvisaron cunitas y sillitas para, a partir de este símil de guardería, lucrar con las necesidades de las madres trabajadoras –en tiempos de crisis como los actuales, ninguna mujer puede permitirse el lujo de dedicarse exclusivamente a sus hijos, como usted comprenderá-y que este bodegón con cunitas y sillitas, rodeado de materiales altamente flamables como pueden serlo los muros de tabla roca y los archivos muertos, me pregunté, como creo se preguntaron muchos mexicanos, de qué sirve pagar tantos impuestos, si encima de que se les cobra el servicio a las madres de familia, cosa a todas luces anómala tratándose de una guardería subrogada por el IMSS, no se les brinda a sus hijos las mínimas condiciones de bienestar y seguridad.
Tengo entendido que todo parte de un decreto presidencial que vuelve factible la posibilidad de que cualquier persona, no importando sus antecedentes ni nivel educativo, pueda convertir su propia casa, incluso un bodegón inmundo, en una guardería donde depositar a nuestras criaturas mientras realizamos nuestra contribución a la sociedad con nuestro trabajo. Eso, de entrada, es una canallada. El gobierno debiera asumir su responsabilidad de asegurar el bienestar de los hijos de las trabajadoras con edificios o casas apropiados para tal objetivo, así como garantizarnos que quién se hará cargo del cuidado de nuestros hijos será personal especializado para tal fin. A cambio, vulnerabiliza todavía más la situación de las madres trabajadoras dejándolas a merced de cualquier “buen samaritano” que, en el mejor de los casos, no incurrirá en maltratos físicos, psicológicos o sexuales contra los niños cedidos a su cuidado.
Como suele suceder, tuvo que acontecer esta desgracia… tuvieron que perecer 44 pequeños mártires, sin contar a aquellos que sobrevivirán con graves quemaduras y un trauma psicológico acaso irremediable, para que la sociedad volteara a vernos a las madres trabajadoras y a nuestros hijos, y cayera en cuenta de que en este país somos precisamente nosotros, madres e hijos, la clase más vulnerable, más pisoteada, más segregada de este gobierno que, ¡oh ironía!, considera asesinas a las mujeres que recurren al aborto, aún si la concepción ha sido producto de una violación o si su vida corre peligro.
Nada devolverá a las madres huérfanas –porque los padres también podemos quedar huérfanos de hijos-la sonrisa de sus bebés… nada en este mundo logrará consolarlas por el resto de sus jóvenes vidas. Nada que hagamos devolverá la alegría a las madres de los niños que resultaron con quemaduras de tercer grado y quizá vean transcurrir su infancia sin juegos. Nada, absolutamente nada.
Aún así, el Estado de Sonora… el pueblo de México, EXIGE se haga justicia a quienes todo lo perdieron gracias a la irresponsabilidad y afán lucrativo de políticos y empresarios que están detrás de esta aberrante circunstancia. Personajes que, por increíble que parezca, tienen hijos pequeños, como sería el caso de la propietaria del “inmueble”, la señora SANDRA TÉLLEZ NIEVES y su esposo, ALFONSO ESCALANTE HOEFER, SUBSECRETARÍO DE GANADERÍA DEL ESTADO DE SONORA. Estoy completamente segura de que sus hijos no se asomaron ni por error a la “guardería” de la que sus padres eran orgullosos propietarios, porque como suele ocurrir con personas de esta calaña, solo la vida de los de su clase o los de su familia posee un valor. Los demás solo les somos útiles cuando se encuentran en campaña.
Por supuesto, también a todos aquellos que hicieron posible la tragedia, empezando por el ECONOMISTA DANIEL KARAM, director del Instituto Mexicano del Seguro Social, quien convenientemente se hizo ojo de hormiga ante las evidentes inconsistencias del bodegón que operaba como guardería, a quien el señor Calderón, mínimo, debiera cesar de su cargo y sustituirlo por un MÉDICO.
Todos los involucrados con la tragedia, los propietarios y los que aportaron los permisos para el funcionamiento de la “guardería”, es decir, los cómplices de estos, deben hacerse cargo de los gastos médicos y educativos de los niños sobrevivientes hasta que cumplan dieciocho años, ya que, en este país que trata como delincuentes a las mujeres que abortan, resulta casi imposible visualizar a tantas señoras de la alta sociedad y distinguidos esposos puestos tras las rejas. Es lo mínimo que podría esperarse.
La sociedad sonorense espera que Usted haga justicia, que les garantice que las víctimas de esta tragedia sean compensadas en lo básico, que quienes están detrás de estas anomalías no abandonen su administración como Poncio Pilatos. Puedo asegurarle que los sonorenses no les permitiremos lavarse las manos tan fácilmente
Atentamente
EVE GIL
Escritora y periodista sonorense

Cartas de amigos sobre la peor tragedia en este país trágico

Dr. Manuel Alberto Santillana
escritor y médico

Querida Eve Gil:

Pues sí, esto se puso cabrón. Hay un clima de tristeza y consternación en toda la ciudad. No se habla de otro tema y poco a poco van teniendo nombre e historia los seres perdidos, los niños quemados. te paso mis reflexiones y comentarios sobre esto, hoy domingo de madrugada que se me fue el sueño.


1. Mi hijo, que es el jefe de mantenimiento y conservación de una empresa, un call center de telcel, nos comentó hoy, que comíamos en familia juntos, que una compañera de su trabajo fue una de las afectadas. Sus dos hijos estaban en la guardería. Salió de trabajar a las 15.45 horas, el incendio fue a las 15 horas. En poco más de tres cuartos de hora cambió por completo su vida. Una chavala de 22 años, perdió a un hijo de 6 meses, quemado, y una niña de 2 años y medio se encuentra hospitalizada, quemada en el 70% de su piel. Difícil será que se salve, ojalá. Una morrita de 22 años que gana 2 mil pesos a la quincena y para quién la guardería es fundamental y a la que tiene derecho. Una mujer joven que pierde casi toda esperanza de vida, en unos segundos.


2. Es increíble la vileza de las televisoras locales. Una es filial de televisa, Canal 12, y la otra es la del gobierno del estado, TELEMAX. Se la han pasado lucrando con el dolor de las familias. Han mantenido una permanente información desde el lugar donde fue el incendio, afuera de los hospitales públicos -no de los privados-, en las casas de los deudos o afectados. Para mi gusto un abominable uso de la información. Además el viernes, el día del incendio, como sucedió con TELEVISA en el temblor del 85 en el DF, transmitieron en total desorden. Estas dos televisoras locales transmitían lo que les caía, todo desorganizado y sin sentido, influyendo en el temor de la gente. Lo mismo lo que un taxista les dijo que había llevado unos niños quemados a un hospital, que la información en vivo del gobernador, que pedir sangre a la comunidad para los hospitales, que el número de los tanatólogos locales, etc etc. Una desmadre que influyó más, todavía, en lo consternado del ambiente. Y hoy le han seguido, con el chantaje emocional.


3. Han estado comenzando a circular algunos emails sobre quién es el culpable, sobre que le van a echar la culpa al IMSS. Diciendo que los dueños de la bodega donde estaba la guardería eran primos o parientes de un candidato del PRI, medio parientes de o conocidos del gobernador. etc etc. Yo lo que veo aquí es aprovechar esto para compensar la guerra política electoral entre el PRI y el PAN por la gubernatura del estado. En TELEMAX señalan que la guardería se le dio autorización para iniciar en tiempos del presidente municipal, X, que era del PAN. A la media hora mandan por email un mensaje anónimo donde señalan que el fuego se inició en una bodega que colinda pared con pared con la guardería, donde estaban ordeñando gasolina a los carros del gobierno del estado para pasársela a los de la campaña del candidato del PRI. O sea, les vale madre la tragedia o mejorar la seguridad de las guarderías, se trata de el poder por el medio que sea.


4. Pero esencialmente, mira, el asunto es que esto no puede verse fuera del contexto de una política neoliberal seguida por las administraciones panistas y priístas de los últimos 25 años. Cuyo elemento de restricción de gasto público y "finanzas sanas" está por encima del bienestar de los ciudadanos. ¿Cuánto es el presupuesto asignado al IMSS en guarderías?, ¿Es el necesario, es suficiente, cubre todo lo referente a capacitación, seguridad y recursos?, ¿Cuánto se ha asignado de capacitación, seguridad e higiene e incremento de personal de guarderías del IMSS?, ¿Cuánto le han invertido los municipios a la seguridad e higiene laboral, a la seguridad de las empresas, a los planes de contingencias, a la coordinación entre dependencias de salud y seguridad social?, ¿Cuánto se han coludido las administraciones federales, estatales o municipales con los empresarios para no invertir en seguridad e higiene, o para perdonarle mejoras necesarias, o para hacerse patos ante evidentes condiciones inseguras?, ¿Cuánto ha transado la dirección del sindicato del IMSS con la directiva de este instituto, para no mejorar las condiciones de salud e higiene de sus trabajadores?.


5. Terriblemente yo adivino un desenlace ya conocido. El del chivo expiatorio. Todo será al final un "error humano" y sacrificarán a alguna de las tres encargadas de las guarderías del IMSS de la subdelegación Hermosillo. Por cierto, camaradas mías y personas tremendamente comprometidas, muy profesionales y trabajando al estilo IMSS. O sea, tres personas para 80 o 120 guarderías, por decir algo, sin recursos, sin apoyo y solicitándoles el informe "completo" cada mes. El Municipio y el gobierno estatal seguirán consternados, pero no harán ninguna inversión en seguridad e higiene; la investigación del evento arrojará un "error humano" del IMSS, no de la bodega aledaña donde comenzó el incendio; y a nivel federal la administración seguirá muy cuidadosa de no caer en déficit presupuestal, de no desbalancear el gasto público, dicho en otras palabras, de no invertir en seguridad e higiene en México.

Te mando un abrazo
Manuel Santillana PhD
Sara Morales Miranda
Escritora

“¡Ay! de estos días terribles….Asesinos del mundo!!!”
No hay más que decir de tanto dolor, de tanto duelo. Duelo que no es sólo de los deudos, sino de quienes llevaremos en nuestro corazón las vidas breves de esos niños y sus muertes eternas.
Resultados económicos, eficiencia presupuestal , esos son los criterios que los condenaron a muerte.
¿Acaso no es responsabilidad del Estado apoyar a las madres trabajadoras que nos hemos visto precisadas a dejar a nuestros niños en las guarderías, para ir, día a día al trabajo?
¿Acaso las mujeres no somos parte del motor de la economía que mueve a este país?
Quienes hemos elegido ser madres trabajadoras, hemos elegido producir, crear y además preparar mamilas y contar cuentos.
En la tragedia de Hermosillo todas las madres mexicanas sufrimos, porque los niños muertos, también son hijos nuestros.
Quienes hemos dejado a nuestros hijos en la mañana, con la certeza de que al salir del trabajo encontraremos sus caritas sonrientes al ir recogerlos, sabemos lo que deben sufrir las madres de Hermosillo.
Esta organización social injusta ha matado a nuestros niños y es nuestro derecho reclamar y demandar justicia.
No sólo para que se castigue a los responsables, sino para que podamos ir tranquilas a trabajar, sabiendo que los impuestos que pagamos, se convertirán en bienestar para los nuestros, ellos, los más vulnerables, nuestros niños.
Sara Morales Miranda

Sara

Sara Morales Miranda
Cuernavaca, Morelos, México

¿Me enojo o no me enojo?

Si me hubieran preguntado si querría estar incluida en una antología titulada "La hermana de Shakespeare", no lo habría pensando dos veces para decir que sí... sin embargo nadie me preguntó mi opinión... tampoco me preguntaron qué texto de mi autoría querría aportar... y ahí toy (me pregunto si estas cosas tan extrañas solo suceden en este país)

JESÚS Rodelo y Dina Grijalva. Foto: El Sol de Sinaloa
El Sol de Sinaloa
28 de mayo de 2009
Culiacán, Sinaloa.- 16 escritoras del Noroeste de México son lanzadas a la palestra de las letras posmodernas, a través del libro "La hermana de Shakespeare", un libro de Jesús Manuel Rodelo que recobra las voces más representativas de la narrativa femenina en esta región. Intrigado por la poca publicación de textos escritos por mujeres, Rodelo desarrolló durante cuatro años una investigación en los estados que forman el noroeste del país. La calidad y la perspectiva de género fueron el hilo conductor para seleccionar el material en una región geográfica, social y culturalmente tan homogénea. La maestra Dina Grijalva, académica de la Facultad de Letras de la UAS, expresó que "La hermana de Shakespeare" se convierte en una obra fundamental para elaborar la cartografía de las narradoras de todo el país. Las compiladas son escritoras con trayectoria, que han obtenido premios nacionales y poseen una obra de excelente calidad: Luisa Melo de Remes, Julieta González Irigoyen, Rosina Conde Zambada y Regina Swain de Baja California; Estela Davis y Cecilia Rojas de Baja California Sur; Enriqueta Parodi, Sonia Sotomayor, Emma Dolujanoff, Armida de la Vara y Eve Gil de Sonora; Inés Arredondo, Glafira Rocha, Acela Bernal, Aleyda Rojo y Ruth Sánchez Morales de Sinaloa. Los textos incluidos en el libro, muestran que la mujer es un ente activo en la narrativa, que existe una voz femenina en la literatura mexicana, que la mujer se representa a sí misma en la narración. Son escritoras comprometidas con su oficio, que elaboran estructuras complejas y abordan temáticas interesantes y problemáticas sociales. La publicación de "La hermana de Shakespeare" se debe al apoyo del Consejo Ciudadano para el Desarrollo Cultural Municipal de Culiacán, y puede conseguirse un ejemplar de obsequio en el Instituto Municipal de Cultura (Escobedo y Obregón, Edificio Marisa, 2do. Piso).

Teodoro, estoy contigo...

Casi nunca compro la revista Proceso. Este lunes la adquirí porque me interesó un reportaje sobre los hechos de Tiananmen en 1989 que tienen relación directa con mi nueva novela... pero antes de llegar al origen de mi interés, me topo con un reportaje de Columba Vértiz de la Fuente sobre la situación actual -y deplorable- de la SOGEM, donde, entre otras cosas, se menciona el despido injustificado del director de la Escuela de Escritores, Teodoro Villegas, tras acumular nada menos que 22 años de docencia dentro de la citada institución.
Me sumo a la indignación manifiesta por los escritores citados por Columba Vértiz, entre otros, Verónica Murguía, Aline Pettersson, Guillermo Vega y Víctor Ugalde. Yo no pertenezco al profesorado de la Escuela de Escritores de la SOGEM, con sede en Coyoacán, pero he colaborado para su, llámemosle, sucursal en Puebla, razón por la cual he tenido oportunidad de tratar con Teodoro, del que solo tengo cosas buenas qué decir, empezando por lo profundamente que me tocó su manifiesta preocupación respecto a la situación de los escritores en México y procurarles a los profesores las mejores condiciones de trabajo posibles. Todo esto sin contar su genuina entrega a la enseñanza de la escritura.
No tengo el ¿gusto? de conocer a la hoy directora general de la SOGEM, una señora de nombre Lorena Salazar, quien por cierto sustituyó nada menos que a Víctor Hugo Rascón Banda (qepd) y que, conciden todos los profesores entrevistados por Columba Vértiz, pretende convertir la SOGEM en una escuela de escritores para telenovelas de Televisa. Independientemente de que buena falta le harían escritores talentosos a la mencionada televisora, considero que no se vale actuar en perjuicio de los escritores que, contrario a los libretistas de churronovelas, no se van por la finta de la obtención de dinero fácil -cualquiera puede escribir los ridículos parlamentos de las telenovelas, no se necesita ni asistir a la escuela regular para conseguirlo-sino que obedecen a una vocación artística que, al parecer, no tiene la menor importancia para esta señora Salazar que, por cierto, no ha publicado un solo libro pero, eso sí, muy panista ella, obedece a criterios mercantilistas propios de los tiempos que vivimos los mexicanos... tan lejos de Shakespeare y tan cerca de Emilio Azcárraga Jean.
Carta de renuncia de otro afectado, Ramón Obón, aquí

El arte de no fugarse o el ensayo como huella dactilar

Ensayo presentado por Eve Gil durante el Encuentro Nacional de Ensayistas en honor a Sergio Pitol, efectuado del 27 al 29 de mayo en Xalapa, Veracruz. En la foto: el homenajeado escucha atento las ponencias dedicadas a su obra.

…aquello que da unidad a mi existencia es la literatura; todo lo vivido, pensado, añorado, imaginado está contenido en ella. Más que un espejo es una radiografía: es el sueño de lo real.
Sergio Pitol[1]

Alguna vez tuve oportunidad de charlar cinco minutos con el maestro Sergio Pitol, en Oaxaca, y le dije algo que pareció angustiarlo: “Después de leer El arte de la fuga tomé la decisión de irme de Hermosillo y migré al DF” Alcanzó a decirme, antes de que alguien nos interrumpiera: “¡Espero que no haya sido para mal!” No tuve tiempo de responderle, pero este texto no pretende proseguir aquella charla trunca. Más bien narraré el mundo que me abrió el género explorado por Pitol en el libro referido, denominado por ciertos críticos “ensayo narrativo”, género eminentemente europeo que empieza a ser cultivado en castellano con enorme fortuna, no solo por nuestro Pitol, también por el español Enrique Vila Matas y el guatemalteco Eduardo Halfon, por mencionar los que más se aproximan al concepto del narrador mexicano y que el propio Pitol describe como “(…) una recopilación de desagravios y lamentaciones, un intento de apaciguar desasosiegos y cauterizar heridas.”[2]
El ensayo narrativo no es nuevo, sin embargo. Si nos remontamos a Montaigne, es decir, a los orígenes del ensayo moderno, que no del ensayo per se –para ello habría que remontarnos hasta los griegos- repararemos, pequeño detalle, en que ha sido la llamada Academia quien lo ha, por así decirlo, desvirtuado. El ensayo montaignano era un discurso misceláneo a través del cual se montaba una personal visión del mundo que, por supuesto, incluía tópicos literarios. Casi simultáneamente, Cervantes, contemporáneo de Montaigne, introdujo en El Quijote, considerada la primera novela moderna, comentarios que hoy serían tenidos por ensayísticos y se aproximan, incluso, al ensayo academicista. Considero que quienes cultivan el ensayo narrativo, que insisto, debiera llamarse simplemente “ensayo” o “ensayo clásico” están re apropiándose del corazón que la Academia arrancó a la literatura, al grado de que la mayoría confunde una tesis con un ensayo (¡horror!). Quienes han fungido como jurados de certámenes literarios en este género no me dejarán mentir. La no tan sutil diferencia entre el ensayista y el académico, es que el primero concibe el ensayo como un ejercicio de recreación que involucra al lector en su discurso, mientras que el académico cancela todo vínculo afectivo. Él mismo ha de apoyarse en cientos de teóricos para validar sus argumentos, como si existiera un impedimento implícito para albergar, no digamos ya externar ideas propias. Lo peor es que la mayoría de esas fuentes tampoco se permitieron defenderse solas. El ensayo académico, por tanto, deviene casi siempre perpetuación ad nauseaum de lo antes dicho y en el mejor de los casos alcanzará la originalidad del último oyente del teléfono descompuesto. Nada más lejano de la intención del artista, que no impone un diálogo esquizofrénico sino que entabla una conversación. Esta última, por cierto, podría ser las característica que distingue al ensayo de la novela y el relato, donde si bien existe la libertad de que el lector recree su propio relato con base en la propuesta del autor, no así la complicidad deliberada de aquel con este. Pienso en un renovador del género ensayístico, que ha sabido traspalar a este el llamado ejercicio de intertextualidad, mucho más propio de la ficción: el italiano Roberto Calasso, en su ensayo K. no analiza ni explica a Kafka: reescribe la obra entera del autor checo y, de paso, al propio K.
Otro rasgo característico del ensayo clásico, es la sensación de movimiento perenne que lo emparienta a la novela y lo aleja del ensayo académico, donde predomina el estatismo. No por nada los libros de viajes se circunscriben asimismo en el terreno del ensayo clásico y echan mano, además, del lenguaje novelesco. El arte de la fuga es también un libro de viajes.
El ensayo clásico, por lo que a mí respecta, se presta más que la novela para que el escritor se autorretrate con base en sus experiencias literarias, como juguetonamente hicieran Juan García Ponce, Salvador Elizondo y el antes citado Eduardo Halfon en El ángel literario. “Ensayistas de sí mismos”, llamo a quienes ensayan a partir de su experiencia personal. ¿Existe mayor exposición de la intimidad de un escritor que enumerar los libros y autores que lo acompañaron en su trayecto a la consolidación de su vocación literaria? El arte de la fuga es, de hecho, el gran autorretrato de Sergio Pitol. Como género literario que es, igual que la novela y el relato, el ensayo admite la irrupción de la imaginación y de la ficción, producto muchas veces de la nostalgia o, como diría Federico Campbell, otro gran ensayista de sí mismo, trampa de la memoria. En casos excepcionales pueden campear en el ensayo tanto como en los demás géneros, con la diferencia, acaso, de un fingido tono didáctico cuando lo que realmente se escribe es una novela o un relato disfrazados de ensayo, casos específicos de César Aira con Retrato del pintor viajero o Vila Matas con Bartleby y compañía. Cada vez es menos raro que el ensayo se confunda con la novela, equívoco que algunos autores como Claudio Magris o Alejandro Barico fomentan en forma, creo, deliberada. Casi siempre, sin embargo, el ensayo clásico trata, en principio, de ceñirse a la realidad, aunque sin reprimir esa tendencia de la memoria a hermosear, esto es, a alterar determinados eventos y circunstancias con fines literarios. Supongo que ni Pitol ni otros grandes “ensayistas de sí mismos” como Robert Louis Stevenson o el propio Magris, ponen reparo alguno en atender a la nostalgia. Siguiendo esta línea, hablaré sobre la fibra que tocó El arte de la fuga y no solo me afectó en lo personal, también, y sobre todo, en lo literario.
Ser lector, me parece, tiende más a ser religión que profesión. Hace años reflexioné al respecto, cuando una compañera de la prepa “recibió a Cristo en su corazón”, según sus propias palabras. La vívida descripción que me hizo de su conversión, me trajo a la mente el momento, todavía muy fresco por entonces, en que leí “El ruiseñor y la rosa”, de Oscar Wilde, a los trece años, y como Carmen, que así se llamaba aquella muchacha, vi una luz que aumentaba hasta casi cegarme y terminó abrasándome en un fuego fraterno, como el de una chimenea que lo recibe a uno en una cabaña en lo profundo del bosque tras largo caminar. Por supuesto no se lo dije a Carmen porque hubiera considerado una herejía comparar a Wilde con Jesús.
Mi segundo momento determinante en ese sentido, fue cuando leí El arte de la fuga. Tenía yo 28 años y una hija de cuatro. Navegaba a contracorriente entre lo que deseaba ser de grande –se supone que a esa edad uno todavía alberga ambiciones profesionales- y lo que el resto de la gente esperaba de mí: que “sentara cabeza”, ergo, que hiciera a un lado los libros y tomara un empleo decente para mantener a mi hija. Mientras yo experimentaba el vacío existencial de quienes han vivido poco, casi nada, los demás insistían en que mi vida estaba finiquitada, liquidada. Ya no era mujer, mucho menos profesionista. La escritura era, insinuaban, incompatible con la maternidad. Una futura cabecita blanca empieza a serlo desde la juventud, se consigue el empleo más arduo que pueda, uno que le permita permanecer parada tantas horas como sean posibles, para asegurarse unos pies bien hinchados que hagan ver a la hija, a su vez futura cabecita blanca, lo que una madre es capaz de hacer por sus hijos. Mi hija creció viendo la máquina de escribir y los libros como apéndices de su madre, y una de sus travesuras, por cierto, consistió en rellenar de muñequitos mi primera edición de El arte de la fuga. Objetivamente hablando, ganaba igual de mal escribiendo para periódicos o realizando talacha editorial, que de mesera o vendedora. La diferencia estriba en que mi hija nunca me vio sufrir sino gozar con mi trabajo y eso, en esta sociedad – y conste que no estoy hablando de los tiempos de Marga López, sino del año del Señor de 1996- no es visto con buenos ojos. Hasta me daba el lujo de acudir diariamente a tomar un cafecito al Sanborns, donde me reunía con un grupo de viejitos sabios –filósofos, políticos retirados, empresarios con vocaciones artísticas frustradas y hasta un ganadero- que hicieron de mí una vieja sabia honoraria, mientras mi madre cuidaba de la niña. Tenía lo mínimo indispensable para poder crear, según Virginia Woolf: un cuarto propio.
Un día de quincena, en una de mis tardeadas sanbornianas, me di una vuelta por la librería y me topé con El arte de la fuga. He de ser absolutamente sincera y reconocer que a Sergio Pitol lo conocía solo de nombre, gracias a una compañera de la universidad que hizo su tesis de licenciatura sobre El tañido de una flauta. No fue el autor lo que me sedujo, sino el título del libro. Algo en él me habló de mí, de mis recursos para mantenerme vertical en medio de la tormenta. Lo compré casi sin pensarlo y esa misma noche me transporté a otros mundos: visité con el autor cada uno de los escenarios operísticos y salobres que describe y que tan íntimamente ligados están a sus novelas. No solo consiguió hacer que las paredes de mi cuarto propio se desmoronaran como terrones blancos, además me hizo descubrir una forma de ingresar en un campo que no había osado pisar: el ensayo, que por entonces creía, como creen muchos, exclusivo dominio de los académicos. No pretendí en lo inmediato emular lo que consideré una hazaña por parte de Pitol –convertir su autobiografía en material ensayístico, y a través de ella hacer crítica literaria- pero me hizo infinitamente dichosa el mensaje implícito en su escritura: nadie es dueño de la verdad, mucho menos tratándose de literatura. Es falso que debas constreñirte a determinadas reglas.
A partir de ese día, me obsesioné con la idea de experimentar en carne propia, de viajar, de escribir sobre lo que veía. Contrario a lo que el título del libro de Pitol me sugería, en sentido literal y no musical ni metafórico, El arte de la fuga me hizo regresar adentro de mí, mirar con mi mirada, no borrarme mientras escribía, exigencia implícita de la novela. Lo último que hace Pitol es fugarse –creo que esa es otra diferencia entre el ensayo y la novela: la perspectiva-; se mira reflejado en esas lecturas que lo formaron lector antes que escritor… desde que siendo un niñito quedó postrado en cama por una enfermedad y la única distracción posible eran los libros. Esa es una iniciación común a muchos autores. Confieso con vergüenza que no la mía, pues empecé algo más tarde que Pitol y en el lugar menos imaginable, tratándose de una anti academicista radical: la escuela. La fuga, aquí, sucede al auto reconocimiento.
Incurrir en el ensayo, por cierto, no solo me hizo perder el miedo al ensayo mismo, sino a todos los demás géneros. Miedo, he de aclarar, a lo que consideraba reglas inquebrantables. La libertad que gané escribiendo ensayo, la gané también para escribir novela y relato. Aprendí, a través de El arte de la fuga, que la literatura es generosa y flexible, que no reconoce fronteras pues, a fin de cuentas, la literatura empezó siendo género en sí misma y a veces exige regresar a ella.
[1] Pasión por la trama, Ediciones Era, México, primera reimpresión, 2000, p. 21
[2] El arte de la fuga, Editorial Era, México, tercera reimpresión, 1999, p. 105

Entrevista con Eve Gil por Marijose Cortés, publicada en el número de mayo de 2009 de la Revista JOY

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Melancolía y utopía

Por: EVE GIL
En su más reciente libro, Melancolía y utopía, el sociólogo polaco Wolf Lepenies (Olsztyn, 1941) reúne tres ensayos de los cuales solo el primero aborda en forma directa los temas aludidos. Los otros, sin embargo, no son para nada ajenos a la promesa del título, por lo cual me permitiré empezar por el segundo, “La sobreestimación de la cultura: un problema alemán”.
Nunca he leído análisis más certero de cómo un pueblo tan culto como el alemán pudo caer bajo el influjo de Hitler, y esto tiene todo que ver con el tema de las utopías y su susceptibilidad a devenir en distopias. Ningún ejemplo mejor que este, y muy a cuento tras leer el ensayo que abre en libro –una conferencia impartida en Barcelona, en octubre de 2007- donde se destaca que la utopía, por irrealizable, genera melancolía en quien la habita. La diferencia esencial entre el nostálgico y el melancólico, es que este echa de menos lo que no ha sido, si bien, el tiempo pasado, como tiempo desaparecido, puede adquirir tintes utópicos si se cae en los cantos de sirena de la memoria. El caso Hitler es, me parece, una amalgama de melancolía utópica y nostalgia por un pasado idealizado, ergo: imaginario. Hitler supo travestirse a imagen y semejanza de los alucinados sueños de grandeza de una sociedad, la alemana, que, como bien señala Lepenies, pudo haber aspirado a ser un Estado sin política… pero jamás sin cultura.
Mientras que en el primer ensayo Lepenies expone la relación entre melancolía y utopía, y cómo, una vez instaurada la utopía en su forma real –y decepcionante, por antonomasia- el utopista pasa a convertirse en otra cosa, en el segundo retrata la forma más radical de utopía encarnada que es el totalitarismo, en este caso, personificado por Hitler y sus hombres de confianza, a quienes le hermanaban una circunstancia más poderosa que si fueran hermanos de sangre: los tres, Hitler, Goebbles y Speer… ¡eran artistas frustrados!, y lo eran en una nación donde la palabra Cultura se escribe así, con mayúsculas: “(Hitler el pintor, Goebbels el novelista y Albert Speer el arquitecto) siguieron conservando las ambiciones artísticas de la juventud después de hacerse con el poder, lo cual convirtió a veces las reuniones del círculo íntimo de la dirección del partido nazi en un quimérico salon de refuses (…)” (p. 60).
La búsqueda de la utopía, pues, genera melancolía pero también resentimiento. La instauración de la utopía exacerbará lo uno o lo otro –o ambos- porque nunca será lo que soñábamos sino pálida sombra. En los casos más leves, según apunta Lepenies, en que la utopía se vuelve cotidianidad, los melancólicos, vueltos parte de lo que Max Weber llama “rutinización del carisma”, hacen lo que los caballeros medievales envejecidos: deponer las armas y desaparecer de la escena política, acaso para añorar los tiempos en que la persecución del ideal les disparaba la adrenalina y reciclar la utopía. Por otro lado, los fervientes seguidores de Hitler, en quien vieron un artista de la política, y en Alemania lienzo propicio para que este plasmara su obra maestra, no tardaron en desalentarse con el resultado, producto no de los delirios un estratega enloquecido, sino –así fue percibido- de un no tan buen pintor para quien creación y destrucción eran, si no sinónimas, consecuencia una de la otra. Para crear hay que destruir. La utopía, sin embargo, no muere con la desilusión, sino que se regenera una y otra vez, de tal suerte que a nadie extraña que haya todavía quienes echan de menos al artista de la destrucción que fue Hitler: no es casual que la desnazificación absoluta de Alemania haya fracasado hasta la fecha.
Ante la aniquilación del ideal utópico, y la reinstauración de la melancolía en los ánimos de los utopistas, algunos optan por migrar a territorios fértiles para la implantación de una nueva utopía, los Estados Unidos, por ejemplo, con lo cual, señala Lepenies, algunos alemanes arios –oh ironía- mimetizaron el destino del pueblo judío, para la mayoría no una “opción intelectual viabale” pues emigrar no es una tradición alemana, sino judía. Lepenies ofrece como ejemplo del primer caso a Thomas Mann y del segundo, a Gottfried Benn: “(…) La cultura –explica Lepenies- era el ámbito de lo absoluto, un reino sin compromiso. Su exaltación condujo a la ilusión de que la cultura podía ser un sustituo del poder y, por lo tanto, de la política (…)” (p. 58).
El tercer ensayo, “Vistas euro-americanas, con un toque de ironía”, aborda la relación de los migrantes, partiendo un poco del caso de Thomas Mann, con ese imperio construido a la medida de la Utopia donde convergen todas las utopías y ese dejo de melancólico fracaso que caracteriza a quienes han buscado en EU refugio de su propia utopía trastocada en Babel. Ante esta circunstancia que sugeriría la superioridad de los Estados Unidos o la pequeñez de Europa, lo mismo da, Lepenies propone una lectura irónica de esta compleja relación entre colosos, el coloso joven y el coloso nostálgico, viejo: “Los Estados Unidos no corrieron el riesgo de caer en el papel de Hamlet; Europa, en cambio, necesitaba con urgencia aprender a actuar como Fontinbrás.”

Melancolía y utopía
Wolf Lepenies
Arcadia
Barcelona, 2008
118 pps.

Diario de una hipocondriaca en el encierro IX

Mexicanos Vs. mexicanos
Mayo 7, 2009
Una querida amiga hace circular en facebook una carta que invita a firmar, donde no solo se denuncian los “actos discriminatorios” de los que fueron objeto los mexicanos en China, sino además hace un cuidadoso recuento de todas las tropelías del gobierno chino contra Tíbet, La India y Suecia. Pide además reenviarla a nuestros amigos y hacerle llegar las firmas el embajador de China en México.
No solo no firmo, sino que expongo mis razones para no hacerlo, en primer lugar que, insisto, no veo la discriminación por ninguna parte. Cierto, debe ser espantoso que tus vacaciones se vean interrumpidas abruptamente por una circunstancia tan molesta, pero fuera de exigir una retribución económica para los afectados, no considero que el que una nación se proteja contra un potencial peligro que, dada la densidad de su población, podría adquirir proporciones dantescas, sea un abuso y mucho menos un acto de discriminación.
Pero eso no es lo peor: quienes insisten en denunciar a los chinos –o a los de cualquier otra nacionalidad- están dejando pasar un detalle importantísimo: los mexicanos que descienden de chinos, que son muchos, particularmente en el norte de la república y quienes serán objeto de la irracional ira de quienes no pueden ir a reclamarles a los chinos sus groserías. En la radio, uno de esos irresponsables que todavía no entienden que un micrófono puede ser una bomba de tiempo, claman por que se expulse a los chinos de México y se cierren los famosos cafés. En casa tengo un caso: mi hija mayor está preocupada por cómo la van a recibir sus compañeros cuando regrese a clases el lunes 11 de mayo. Como en esta familia no existen secretos un murmuraciones, y por consiguiente nada tenemos que ocultar hacia el exterior, la niña ha platicado de sus antecedentes chinos con sus amigos y para cualquier fisonomista más o menos atento, eso salta a la vista, con todo y los ojos grandes (pero muy rasgados). Así se lo hice saber a mi amiga. ¿Saben que respondieron el resto de los etiquetados en la misma nota? “¡Eso, eso, dale a los discriminadores, dales más fuerte!
¿Por qué esa condenada insistencia en mirar la paja en el ojo ajeno? Nos preocupa la discriminación que sufren los turistas ricos en China y se nos escapan las que sufren los mexicanos a manos de otros mexicanos: los indígenas, los pobres, las mujeres de la maquila, los ancianos… y ahora (¡lo que nos faltaba!): los mestizos. Nos distraen de lo esencial, de lo que tenemos ante nuestros propios ojos, neceando sobre un asunto que pierde fuerza toda vez que entendemos de una maldita vez por todas que los chinos, habituados a cortar de raíz, aplicaron una medida sanitaria tan rápido como lo exigía la latencia de la amenaza. Los mexicanos, como cualquier ser humano, de cualquier nacionalidad o color, estamos expuestos a los virus y somos transmisores de los mismos, ¿o es que acaso entre nosotros no estamos evitando todo roce? ¿Por qué nos ofende tanto que otros tomen esas mismas precauciones?
Si eso no es insensibilidad, no sé cómo denominarlo… acaso una palabra altisonante sería más ad hoc. Les preocupa la discriminación de los turistas mexicanos en el extranjero –quienes, por cierto, pertenecen a la clase alta… ¡pequeño detalle! – y se acorazan ante los sufrimientos de una niña mexicana que, como la mayoría de los mexicanos, es un cóctel de genes, muy marcadamente, genes chinos.
¿Quiénes son los verdaderos discriminadores? ¿Los auténticos xenófobos que se tapan los oídos ante cualquier razón que desvíe sus débiles razonamientos?
¿Les parece argumento lo suficientemente válido para repetir una de los más vergonzantes episodios de la historia de México que fue la persecución de los chinos en las décadas de los 30 y 40? (¡A que ya se les había olvidado ese pequeñito detalle!)


¿Sabían que la primera dama y los reporteros que aguardaban por los “ofendidos” los cuasi héroes en el aeropuerto, llevaban todos cubrebocas -¡asombrosa disciplina, eh!- y no quisieron acercárseles ni un milímetro?

¿Alguien se acuerda de cómo empezó el nazismo?, no soy yo quién para recordárselos: averigüenlo.
La gente que se ufana de no haber caído en “la trampa” de un virus que creen inexistente –o al que ellos se creen misteriosamente inmunes- cayeron redondos en el chisme de la discriminación de mexicanos en el extranjero… y mientras golpean a diestra y siniestra a los que consideran “sus discriminadores” y alientan el odio contra los mexicanos descendientes de estos, nuestro heroico presidente procede según la teoría del shock: después de este, aplicar todas las medidas dolorosas. Al momento de yo escribir esto, es probable que nuestros inocentes telefonemas y correos electrónicos estén siendo interceptados por la policía, en el más puro estilo McCarthyano, y que por decir cosas como las que estoy escribiendo en este momento, no solo yo sino otros tantos que miramos más allá de nuestras narices, estén en riesgo de ser acusados...¿de narcotraficantes? (los comunistas ya pasaron de moda)
Ya se habla también de aumentar impuestos, justo ahora que la gente se tambalea en un pie por la merma para su economía que representó la contingencia… todo esto mientras una niña de rasgos orientales teme la recepción que le espera en su escuela el próximo lunes (y como podrán imaginarse, su servidora no está dispuesta a permitir que nada malo le ocurra a su cría, con lo cual se va alimentando la cadena de rencores).
“La información es la resistencia al shock”
“Asumimos seguir a los líderes que prometen protegernos (o defendernos)”
“Imponer todas las políticas dolorosas a la vez antes de dar a la gente oportunidad de levantarse”

Diario de una hipocondriaca en el encierro VII

CUBREBOCAS O NO CUBREBOCAS… ¿ESA ES LA CUESTIÓN?
Mayo 6, 09

Leyendo un apasionante artículo de Manu Dornbierer que publiqué en Capuccinsky Express, me percaté, no sin horror, de que el cubrebocas ha adquirido un carácter político… máxime si es de color azul, como son la mayoría.
Para algunas personas, llevar el cubrebocas no tiene relación alguna con la preservación de la salud. Quien lo usa forma parte de una manada de tontos que se tragó el cuento o, en el peor de los casos… ¡es panista!
En casos como este, uno se ve orillado a elegir entre pasar por la vida por “muy macho” (o macha) e izquierdosa… o tonta, nerviosa y panista.
Las apariencias engañan: prefiero ser blanco de malos entendidos y de burlas, que arriesgarme a pescar un bicho. Podré no estar convencida de la gravedad del asunto, como cualquier otro –ya no sabemos para donde mirar y a quién creer- pero no tengo la mínima intensión de exponer mi vida (y, como lo he dicho, exponerme a terminar en uno de esos hospitales dantescos de la salud pública)
Por otra parte, las modas se verán drásticamente modificadas por las nuevas reglas sanitarias. Los caballeros ya no podrán llevar corbata, pues se ha demostrado que esta es un hervidero de microbios. Y aunque esto debiera significar un alivio –usar corbata todos los días siempre me ha parecido una excentricidad- no faltarán los que protesten porque los liberan del nudo estrangulador.
Pero hay más: las damas no podrán llevar aretes, anillos, pulseras ni collares. Por lo que a mí respecta, ya tengo un espléndido pretexto para prescindir de estas cosas que –descubro de pronto- he llevado como una especie de imposición social.
En general, sea chachullo o no, este virus porcino, aviar o lo que sea, ha venido a solucionar gran parte de mis problemas. Me explico:
1) Terminé el trabajo que tenía pendiente y que justo un día antes de que se desatara la pandemia, me había hecho llorar de frustración porque sencillamente no encontraba tiempo para sentarme a sacar todo esto.
2) Conviví alegremente con mi familia. En esta casa nadie se aburre: todo mundo lee, navega en Internet, escucha música, dibuja, cose, etcétera. Esta contingencia, por cierto, no solo ha dejado expuesta la vergonzante realidad de la salud pública, sino también el fracaso absoluto de la SEP como formador de lectores. Solo quienes tenemos este bendito hábito podemos presumir de haber pasado un encierro feliz.
3) Trabajé, además, en santa paz. Jamás olvidaré estos amaneceres en que fui despertada por trinos en la ventana. Estos sencillamente no se escuchaban.
4) Ahorraré tiempo en adornarme como arbolito de Navidad. Me baño, me peino, me doy un rimelazo… y salgo (con mi cubrebocas)
5) He tenido tiempo para pensar… pensar mucho. No siempre cosas gratas. Me refiero a negros pensamientos como los que he consignado en este breve diario sobre asuntos políticos y sociales

Diario de una hipocondriaca en el encierro V

BARBIJOS
Mayo 5, 09

Tres cosas han quedado claras de esta experiencia:
1) En Argentina, a los cubrebocas, les llaman barbijos
2) La salud pública en México es una vergüenza mundial
3) La mayoría de la población no cree en la gravedad del asunto.
Ocupémonos, por lo pronto, de los dos últimos.
Los medios han puesto un énfasis demasiado sospechoso en lo que insisten en denominar “racismo” y “xenofobia” por parte de los países que han extremado sus precauciones respecto a los turistas mexicanos recién llegados. Como la influenza ha dejado de ser noticia, era necesario fabricar otra, a como diera lugar, que mantuviera al pueblo enganchado… algo que encendiera los ánimos, que provocara una indignación que no nos permitiera pensar en la verdadera ofensa, la cual, presiento, no viene de fuera –como la tan cantada crisis”- sino de adentro.
Ante el mundo entero, ha quedado en evidencia la vulnerabilidad de la mayoría de los mexicanos, ante una salud pública no solo ineficaz. Lo grave no es tanto la carencia del material básico –inyecciones, algodón, medicamentos, etc- sino la total ausencia de vocación de servicio y esencial respeto a los derechos humanos de los pacientes, por parte de médicos y enfermeras indignos de llevar la bata blanca.
Para los voceros del gobierno ha venido como anillo al dedo “denunciar” la lamentable práctica entre los mexicanos de auto-medicarse. Ergo: el pueblo y sus hábitos son los culpables de lo que está sucediendo, el Gobierno de lava las manos. Crucifiquemos al pueblo. Quienes hemos tenido la desgracia de acercarnos a la salud pública, podríamos relatar historias terroríficas que incluyen, como el caso de quien esto escribe, una vejiga perforada por una zonda mal aplicada. Cualquier cosa es preferible antes de tener que pasar por el calvario en estos seudo hospitales, donde los mexicanos hemos conocido la auténtica discriminación –y lo demás son chingaderas-; pasar por manos que no te auscultan, sino que te lastiman, te invaden, te abren de piernas a la fuerza, pasando por encima de tu elemental pudor… escuchar chistes misóginos entre los medicuchos y las enfermerillas amenazándote con inyectarte un sedante si no te callas. Todo esto por no contar los espantosos aromas, los baños a la fuerza, los vomitivos alimentos, la nula higiene y muchas, muchas anomalías más (que yo ya inmortalicé en la novela Cenotafio de Beatriz)
Existe otra posibilidad: recurrir a la salud privada y, a cambio de un trato algo más humano, dejar tu quincena en una sola consulta… sin contar el monto de los medicamentos, cada día más caros –y encima de todo, el Gobierno pretende “castigar” a quienes no recurren a la salud social, aplicándoles el IVA.
Ha quedado en evidencia, también, algo todavía más alarmante: la mayoría de la gente no cree en nada que venga de la Presidencia.
He de reconocer que no salgo a la calle sin cubrebocas. Nadie de mi familia lo hace. Más vale prevenir qué lamentar, decía algún sabio árabe. Pero en cierto modo comprendo que allá afuera los mexicanos nos dividamos en dos bandos: los que usan cubrebocas y los que no usan, 50 y 50, y entre quienes los usan lo han ido suprimiendo poco a poco, o de plano lo traen de collarín, quizá porque los obligan a llevarlo en sus centros de trabajo pero, una vez afuera, carece de sentido para ellos.
Por cada mexicano que prescinde del cubrebocas, hay un ciudadano que no cree en su presidente. Y entre quienes insistimos en llevarlo, la mayoría lo empleamos pero mera precaución pero temiendo, en el fondo, ser parte de la parafernalia (o que los demás crean que lo somos).
Barbijo le llaman los argentinos al cubrebocas, decía al principio. Esos argentinos tan vapuleados en los últimos días por los locutores mexicanos y de los cuales, por cierto, he recibido los más enternecedores y solidarios mensajes por correo electrónico. ¿Cómo llamarle a lo que este gobierno ha hecho con nosotros? ¿Qué nombre darle a un gobierno que solo causa risa y hasta un poquito de compasión en quienes somos más o menos pensantes?
P.D: Me escribe mi querida amiga María Marta Bruno para aclararme que "barbijo" le llaman los argentinos al cubrebocas porque cubre la barbilla.

Diario de una hipocondriaca en el encierro IV

¡Pobrecito México, nadie lo quiere!
Mayo 4 de 2009
¿Por qué asumimos que hemos sido objeto de una discriminación a nivel internacional? “Somos el patito feo del mundo”, dijo un político, uno de tantos. Me reservo el partido al que pertenece porque, en el fondo, son lo mismo. El propio presidente, que por cierto nunca ganaría un Oscar, interrumpió la programación para manifestar su indignación respecto al "trato vejatorio" que reciben los compatriotas en el mundo, y para variar, todo quedó en palabras pues no dijo qué planeaba hacer al respecto. Increíble que ninguno de estos señores, encargados de hacer las leyes que nos rigen, se haya detenido a pensar que a ninguno de estos países le conviene arruinar su relación comercial con México. Estamos midiendo a los demás con nuestra misma vara. Estamos convencidos de que nuestro gobierno no actuaría igual que el de China o el de Argentina, por poner los ejemplos más sonados. No consigo imaginarme a un escuadrón de diligentes médicos y enfermeras interceptando a turistas sospechosos de portar un virus altamente contagioso que podría atentar contra la seguridad nacional… tampoco que, ante tamaña amenaza, se opte por cancelar los vuelos al país afectado, por una sencilla razón: porque nosotros no le importamos a nuestro gobierno. No le hemos importado nunca.
Esta insistencia machacona en los “bloqueos”, el “abandono”, la “humillación” que hemos padecido a manos de “los hermanos de América Latina”, resulta tan sospechosa que solo debiera dar lugar a dos hipótesis: a) que nuestros comunicadores no tienen cerebro. No tuvieron empacho en cambiar el término “restrictivo”, del discurso de la Secretaria de Relaciones Exteriores, por “discriminatorio”. La dichosa afrenta, supongo, no es mayor que la de nuestros amigos y conocidos que evitan acercársenos demasiado, y viceversa, porque todos estamos expuestos al virus, no somos Supermán ni la Mujer Maravilla, 2) si se pretende inocular en las masas la idea de que ¡otra vez! somos víctimas de los “malditos extranjeros”... que mientras nosotros, tan cristianos, les damos todo y ellos no nos dan nada, esto es: a cambio de toooodo lo que hemos hecho por ellos, lo mínimo es que se dejaran contagiar un poquitito, ¿no? Desde mi punto de vista, el verdadero discurso xenofóbico es el que escucho a diario en el radio (no veo televisión)
Estamos prestos a asimilar las drásticas medidas sanitarias de los demás países como “discriminación”. Nos encanta el drama, sentirnos víctimas y autoconmiserarnos. Cada uno de nosotros lleva en su interior, perdonando la expresión, un indito patarrajada… al que por supuesto rechazamos. Vamos por el mundo acumulando resentimiento y frustración porque, estamos convencidos, nos ven con el mismo desprecio con que nos vemos a nosotros mismos. Y al Gobierno le conviene que nos sintamos poca cosa… más aún, que nos sintamos agradecidos por el presidente que nos defiende y se indigna porque han ofendido a nuestro sacrosanto indito interior. Por el estilo anda el Jefe de Gobierno del DF –aquí, insisto, no es cuestión de tomar partido- cuando manifiesta su indignación ante la lapidación por parte de los acapulqueños a los autos con placas de esta ciudad… cuando lo que se esperaba de él, era que llamara la atención de aquellos que NO están acatando las instrucciones.
“El respeto al derecho ajeno es la paz”, decía alguien cuyo nombre ha quedado en el olvido… o si no el nombre, sí su pensamiento. Al menos en el caso local, no podemos exigir respeto si nosotros no respetamos a los demás.
Y respecto a lo otro… ¿por qué esa condenada necesidad de gustar a los demás? ¿Por qué fingimos que nos encanta reírnos de nosotros mismos, cuando todo este discurso revanchista está teñido de una ridícula e “indubitable” –por imitar la palabrita del Secretario de Salud- aura de solemnidad?
La solemnidad y la ausencia de autocrítica son virus más contagiosos y letales que el de la gripe porcina (ya le quitaron lo “porcina” porque este mundo se rige por el capital, no por la realidad).

Diario de una hipocondriaca en el encierro III

¿RACISMO, XENOFOBIA, "NO NOS QUIEREN" O PRECAUCIÓN?

Mayo 2, 2009
La noticia del día: los mexicanos están padeciendo discriminación en el extranjero.
Se enarbola el término “discriminación”, pero también “xenofobia” y “racismo”
Y si bien estos se han reciclado hasta el hastío en cada nueva versión, tuve oportunidad de escuchar en vivo las declaraciones que al respecto hizo la Secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, que me parecieron mesuradas, sensatas e inteligentes, aunque los reporteros insistieron en poner en su boca estas palabras. Sugería a los mexicanos no viajar a China para evitarse el mal trago de ser sometidos a observación médica apenas llegar. En ningún momento empleó la palabra “discriminación”, mucho menos las otras dos. El hecho es que cinco ciudadanos mexicanos de paso por China fueron puestos en cuarentena junto con todas las personas que entraron en contacto con ellos. En Shanghai, un hotel entero fue prácticamente sitiado y sus empleados y huéspedes retirados al campo. Uno de estos turistas mexicanos se había hospedado allí mismo y, al parecer –nadie se ha sabido explicar-portaba el virus.
Esto que tan ofensivo ha resultado a algunos mexicanos, tiene una justificación que nadie en los medios ha sacado a relucir, seguro por ignorancia: los chinos acaban de pasar por la pesadilla de la gripe aviar que arrojó un saldo de cientos de muertos. La experiencia por la que pasamos actualmente los mexicanos no solo no es nueva para ellos sino demasiado reciente… tanto como para continuar albergando terrores al respecto. Tanto como para ser el primer país que hizo llegar ayuda material a nuestro país, detalle que ha palidecido ante lo que, se insiste, es un insulto contra los mexicanos.
Esta situación me ha llevado a reflexionar sobre un asunto que viene preocupándome desde hace mucho tiempo: el complejo de inferioridad y la insistente victimización de los mexicanos. Cómo me gustaría que con la misma energía con que manifiestan no su enojo sino su “sentimiento” contra los chinos – con quienes, por cierto, no hemos sido muy amables: recuérdese el caso Chen Li Ye Gon y los comentarios anti-chino, estos sí xenofóbicos, que desató -se pronunciaran contra los tratos indignos que sufren los mexicanos en los hospitales del sector salud a manos de médicos y enfermeras tan mexicanos como ellos mismos. Yo, al menos, temo mucho menos a la enfermedad que a los carniceros de bata blanca que pululan en el sector salud.
Invito a los mexicanos ofendidos a realizar un pequeño ejercicio con su imaginación… que el asunto fuera a la inversa, que nos llegaran noticias de que en China la gente se está muriendo a consecuencia de un virus altamente contagioso. ¿Qué haríamos en tal caso? ¿Correríamos a besar a los chinos recién llegados?
Por supuesto, las autoridades mexicanas nunca serían tan expeditas ni diligentes para actuar en un caso como este, pero ese es otro asunto.
Lo anterior, por supuesto, no significa que esta circunstancia no sea aprovechada por algunos para manifestar sentimientos de xenofobia y racismo. Se reportaron casos de mexicanos, residentes en Argentina, que no se habían movido de ahí por varios años, que de pronto fueron objeto de actos discriminatorios, apenas ser reconocidos por el acento. Para quienes no conozcan a este ciudadano mexicano y lo crean recién llegado, con el auge de las noticias tremendistas, por desgracia las más taquilleras, la reacción de rechazo no debería sorprendernos… y mucho menos ofendernos. No niego que una situación así debe ser espantosa para quien la viva, pero el horror ante la posibilidad del contagio de una enfermedad, digamos, “misteriosa” –porque la demasiada información termina por no informar nada, y las versiones que han corrido respecto a esta “peste” han ido desde lo apocalíptico hasta lo ramplón -activa el instinto de sobrevivencia y con él, la imperiosa necesidad de salir huyendo del peligro. Pero los mexicanos hemos asimilado todo esto como un rechazo no a la enfermedad, sino a nosotros como mexicanos. Porque los mexicanos somos feos, chaparros, pobres, etc, etc.
La respuesta ha sido la xenofobia. Los comentarios en este tenor son disparados a diestra a siniestra por comunicadores y ciudadanos comunes, no solo contra chinos y argentinos, sino contra otros mexicanos.
El día de ayer se divulgó la noticia de que los habitantes de Acapulco recibían a pedradas autobuses y coches que portaran placas del Distrito Federal. Estaremos de acuerdo en que esta actitud en los acapulqueños se sale de lo común, que en circunstancias normales no reaccionarían en forma tan radical. La razón: no es a los defeños a quienes apedrean, por ser defeños, sino por el peligro que de momento representan… y sí, creo que también por su ausencia de consideración.
En los medios ha llegado a decirse que cada uno de los habitantes de esta ciudad, por el simple hecho de vivir al alcance del virus –no importa seamos originarios de la ciudad o hijo de chino o de alemán-, representamos un potencial foco de infección. Razón por la cual se suspendieron las clases y se cerraron negocios, restaurantes y centros de recreo (cines, teatros, auditorios, parques), para evitar la propagación el virus que, se sabe ya, se transmite de un humano a otro. ¿Y qué hacen estos ciudadanos que, se supone, deberían permanecer en su casa? (puntos suspensivos)
El enojo de los defeños debiera dirigirse contra quienes no acatan las reglas de elemental urbanidad y que, por alguna extraña razón, creen que se les han regalado unas vacaciones cuando la realidad es muy otra. No podemos ir por ahí jugando con las vidas ajenas y, por supuesto, tampoco con la propia.
Alguien clamó porque no se les brindaran servicios médicos a quienes no fueran originarios de la Ciudad de los Palacios. Ergo: que se les deje morir. ¡Que paguen la lluvia de piedras de los acapulqueños y los espeluznos de los jaliscienses!
Otro propuso que se echara del país a todos los argentinos. Otro más consideró que el deber del gobierno de México, era “castigar” de algún modo todas esas naciones que optaron por cancelar los vuelos a México. ¿Declarar la guerra, por ejemplo?
Me pregunto: ¿no debiera indignar mucho más las matanzas de Aguas Blancas y de San Salvador Atenco? ¿Lo ocurrido en Zongolica y los feminicidios de Ciudad Juárez que, por cierto, han ocupado mucho más a los extranjeros?, esto por solo mencionar dos de los más recientes insultos a la nación mexicana.
Personalmente, considero más xenofóbica y, sobre todo, irracional la actitud de los chilangos –hasta ahora los únicos que se han dado por ofendidos- que la de los gobiernos extranjeros que ejercen su legítimo derecho de proteger a sus ciudadanos.
Quizá hasta debieran exigir al gobierno de México que aprenda un poquito de ellos.

Diario de una hipocondriaca en el encierro II

Día 5
Domingo 26 de abril

Noticias: 500 personas hicieron cola el día de hoy ante las instalaciones de la cárcel de Santa Martha Acatlita, entre ellos, niños y mujeres embarazadas, acarreando víveres para sus familiares internos. Ninguno lleva cubrebocas.

En los noticiarios no se habla de otra cosa. La guerra contra el narco ha sido borrada del mapa. Influenza-porcina-humana. Medidas preventivas (se genera una nueva cada cinco minutos), cifras de internos –solo uno de los ingresados portaba el virus- fechas tentativas, futurismo. Estamos incomunicados del resto del mundo, excepto si alguien en China o en Nueva Zelanda cae víctima de un mal compatible al nuestro. De lo único que nos libramos es del maldito fútbol… es el único tema que desvía a los locutores de sus imprecisiones apocalípticas.
Acapulco: infestado (literalmente) Los hoteles al 70% de su capacidad, mientras que en la ciudad de México parecen edificios fantasmales. Esta gente no quiere entender que estas no son vacaciones. Quizá si en los medios usaran la palabra tabú –cuarentena- se darían cuenta de que no tienen derecho a exponer a los demás. Estos y los que insisten en no emplear el tapabocas exhiben una nula conciencia cívica, no digamos ya amor al prójimo.
Las autoridades tuvieron el buen tino de cerrar los parques que, con el cuento de que se cerraron los cines, estarían ahora tan infestados como las albercas acapulqueñas… en serio, ¿por qué la gente le tiene tanta aversión a su casa? ¿Por qué no se quedan a leer, cuando menos a ver películas?
Se considera seriamente la posibilidad de cerrar el metro.

Día 6
Lunes 27 de abril
Versiones que he escuchado sobre el origen del virus, en orden de aparición, desde que se supo que todos los extranjeros que cayeron enfermos en sus países de origen, acababan de salir de la ciudad de México, concretamente:

-Se lo trajo a Obama pero, como es “de color”, no le afecta.
-Un canadiense que previamente había ido a China, saltó de allá para México. Traía incubado el virus de la fiebre aviar y cuando este todavía no se manifestaba, decidió visitar a un noble y cariñoso amigo mexicano… pero no del DF, ¿eh?, más bien del Norte… o de Oaxaca –que fue donde, se dice, cayó el primer mexicano víctima del virus- y los canadienses, aunque maten focas, aman mucho a los animales, incluyendo a los cerditos. Al contacto de un cerdo chino que el canadiense debe haber besado y acariciado, pescó un virus que se combinó con el que ya traía de China y, para colmo, se lo pasó a su amigo mexicano (Juro por Dios que así lo contaron).
-Un chinito –porque los chinos tienen la culpa de todo lo malo que pasa en el planeta –conviven muy de cerca con los cerditos, igual que con las aves. Pero resulta que el chinito este, que tenía contacto con ambas especies y, para colmo, por un capricho de su enigmático organismo, fusionó los dos virus, el aviar y el porcino… y como ya estaba enfermo de gripe, pues le echó también de su cosecha. Y a su paso por México se enfermó y dejó su estela mortal (Otra vez: juro que lo escuché en el radio. Nomás faltó que le pusieran nombre al chino)
-Un migrante oaxaqueño llegó de los EU con el virus y en su pueblo le agarró la temblorina y las fiebres, pero como su señora creyó que era SIDA, no hizo nada para que lo atendieran a tiempo.
-Esas arenas de las playas artificiales… ¿de dónde las habrán traído? ¿Cuántos cerdos de no-sé-qué-nacionalidades no se habrán revolcado en ellas?, con el cuento de que a los mexicanos nos mandan las sobras…
ERGO: Es imposible que un virus tan terrible se haya originado en México, ya no digamos en una ciudad tan limpia, oxigenada, ordenada y transparente como el DF.

Lo que faltaba… ¡un temblor!
Y me agarró en plena farmacia.
11: 46 a.m
Epicentro: Costas de Guerrero
5.7 escala de richter , 45 segundos de duración
Que, por cierto, bastaron para casi colapsar algunos edificios del Centro Histórico y matar del infarto a dos señoras mayores en Guerrero.

Día 7
Martes 28 de abril
12:00 am
¡Qué maravillosa definición acabo de leer sobre el término Democracia, que tanto me obsesiona! Se le debe a Reinhold Neiebuhr (1892-1917) y es cintado por Wolf Lepenies en su ensayo “Visitas euro-americanas con un toque de ironía”, incluido en el libro “Melancolía y utopía” (Arcadia, Barcelona, 2009):
-No utilizar medios fundamentalistas en la lucha contra el fundamentalismo.

Diario de una hipocondríaca en el encierro

Día 1
Miércoles 22 de abril
Nueve defunciones por influenza. Nada grave, afirma el Secretario de Salud, con el tono de quien está harto de la estupidez humana, ¿pandemia? ¿Cómo creen? Pandemia sería si murieran miles. Ergo: el doctor no moverá un dedito (manicuradísimo) hasta que no empecemos a caer como moscas.
Para nada es falta de higiene, ¿eh?: nos lo pasaron desde Estados Unidos (últimamente los gringos tienen la culpa de todo. Será porque los cristeros creen que Obama es el Anticristo: “No, señores. Nostradamus no mencionó a un presidente negro, sino a un papa negro, lo cual todavía parece remoto. Amén”.
“Por el clima”, dijo también el Secre de Salú. “Por el clima”, así contesto yo cuando me hacen una pregunta impertinente.
Que vacunen a quienes trabajan en el sector salud… que al estornudar nos cubramos con el antebrazo y no con las manos.
Yo me he sentido mal. Algo me indica que debo acudir al médico… pero según los rumores, el virus que ha matado a nueve personas salió de los mismos hospitales. Hasta que esto no se aclare, no pienso ni pasar por enfrente (la verdad le temo más a las clínicas del ISSTE que a la influenza)
Lo que nos faltaba… y lo peor: no les creo nada, nadita…

Día 2
Jueves 23 de abril
¿No que no? Ya cancelaron las clases para mañana, con todo y su pruebita “Enlace”
Lo peor es que soy hipocondríaca y me sentía bastante bien hasta que empezaron a enumerar, una y otra vez, los síntomas.
Por lo pronto, y en caso de que me muera mañana –bromeo, por supuesto- me aplicaré a leer algo que me guste mucho, hasta que me venza el sueño.

Día 3
Viernes 24 de abril
La verdad es cada vez más inalcanzable. Es más factible morirse de esto que saber qué está pasando en realidad: 9 muertos (antier), 45 muertos (hoy), probablemente 68. Por la mañana escuché otra cifra muy menor: 13 muertos… pero repartidos en toda la república –esto raras veces lo aclaran: para los chilangos, el DF es México- Mi mamá me dijo hoy al medio día: ¡800 muertos, virgen santísima! (estaba viendo la tele).
Cumplí el compromiso que tenía por la mañana: impostergable. Estreché una docena de manos… terriblemente sudada, una de ellas. Lo peor es que este apretón lo recibí en un escenario y no podía salir huyendo a lavarme. Saliendo del compromiso me las lavé hasta que me quedaron rositas. Ayer por la noche me dolía la cabeza, otro tanto la garganta y estuve a un paso de la histeria –se me figura que la cifra de 800 que escuchó mi mamá fue la de hipocondríacos que corrieron a hospitalizarse porque estornudaron- y lavándoselas a Luli, como si se me hubiera metido el espíritu de Michael Jackson. Los fabricantes de cubrebocas estarán en la lista del FORBES del próximo año… y ya están hablando de complementarlos con guantes de látex.
En otro programa de radio, una doctora dijo que esta “gripe porcina” –que en realidad es cruza de cochi, pájaro y orate humano- no se anda con chiquitas, es decir, de un momento a otro sientes que estás muriendo y lo primero es una elevación exacerbada de la temperatura corporal. Yo estoy fresca, por el momento. Helada, a decir verdad. Cerraron museos, cines, auditorios… se insinúa la posibilidad de cerrar también el aeropuerto.
Lo peor es que, según dijeron en otro noticiario –los monitoreo las 24 horas- es que el gobierno tenía conocimiento de un brote febril… ¡desde marzo! Muy probablemente, dicen, hubieran podido combatir el virus desde entonces. Pero con tal de ahorrar en nimiedades –la prioridad es “la guerra contra el narco”- son capaces de dejar que nos convirtamos en zombis.
Lo bueno… ¡habrá prórroga en el pago de impuestos de las personas físicas… hasta el 1 de junio!!!
¿Ante quien me tengo que arrodillar? (ante el Gordo no, por favor…)
Cerraron también centros nocturnos. Aunque parezca mentiras, en circunstancias como estas, hay gente deseosa de bailar, sudar, besuquearse… beber de una misma copa, de ser posible. Dicen que se enojaron mucho cuando se les evacuó, y hasta hicieron un recordatorio impertinente del News Divane (o como se llamara el antro). Habrá partidos de fútbol…sin público. Las misas serán transmitidas por el radio (también por televisión abierta, para los ricos).
Influencia. Influenstza. Influnencia. Infuenza. Insuflencia. Izunzencia. Son algunas de las pronunciaciones extrañas que he escuchado a lo largo del día.
Dicen: Si experimenta los síntomas, consulte a su médico.
También: Si experimenta los síntomas, permanezca en reposo. No salga de su casa.
Otro locutor: “Los síntomas de la influenza son idénticos a los de la gripe normal, pero más intensos” (¿qué hacemos los que nos dan gripones de miedo?)
No problem: podemos comer carne de cerdo (ojalá hubiera dinero para semejante lujo)
El contagio se da de humano a humano. Alguien que me explique cómo un humano pudo transmitir un virus porcino (no quiero ni imaginármelo)
El virus ha mutado de nombre tres veces, en menos de 24 horas: de “influenza” pasó a “influenza (o fiebre) porcina” Ahora se le está llamado “fiebre-porcina-humana” (mañana podríamos amanecer con la novedad de que es fiebre-porcina-humana-equina”)
Otros dos síntomas, no mencionados hasta ahora: vómito y diarrea
Las misas serán radiofónicas (¡maldición!)
Los diputados exigen que se les aplique la vacuna -¿Cuál?, ¿no que no existe?- porque, dicen, los fines de semana viajan a sus estados de origen y son “foco de contagio”… ¿y quién les dice que son los únicos chilangos que tienen que viajar en fin de semana?
Juraría sobre una Biblia que al Presidente y a sus Hombres (y Mujeres, incluida Elba Esther) ya los inmunizaron… desde marzo.

Día 4
Sábado 25 de abril
“Así como actuamos contra el narco, actuaremos contra la influenza”
¡Qué terror! ¿Colocarán contra la pared a los sospechosos de portar el virus? ¿Quemarán hospitales? ¿Incautarán cerdos?
Más noticias:
-El gobierno estaba informado desde hace UN AÑO de la potencialidad de la propagación de un virus mutante. Los secretarios acudieron a un simposio sobre el tema, efectuado en E.U, en el 2007… pero solo les sirvió de paseo.
-Hoy se presentó un éxodo de chilangos rumbo a Cuernavaca… y justo hoy se presentaron los dos primeros casos sospechosos de influenza por allá… a menos que sean hipocondríacos monitoreando las noticias del radio, como yo.
-Unos dicen que el cubrebocas debe mudarse tras cuatro horas de uso o apenas sea posible, si se ha estornudado en él. Otro, que basta lavarlo con jabón neutro y ponerlo a secar.

Me asomo por la ventana de mi cuarto, ¿qué veo?: el mundo allá afuera ignora la existencia de una epidemia por influenza. La taquería de enfrente, al aire libre, presenta el bullicio de todos los días, el mismo trajín de cocineros y meseros. Ninguno porta el cubrebocas. Los clientes, mucho menos. Se cuentan chismes con las caras cerquitita. Para colmo, un guitarrista ambulante va de mesa en mesa, cantando una ranchera… y desde acá me parece ver como va regando una especie de rocío que le sale por la boca.
Es como ver una película de aliens...pero sin cine.

¿Continuará....?

Mi obra exorcizada

He aquí la versión cuentística del monólogo teatral Electra masacrada, incluido en el libro Sueños de Lot, Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta 2006 (Porrúa, 2007)

Vocación de Electra
Las colchas exhiben un borrón del nombre del hotel: Niza. La N vuelta A sin rayita; la Z una L volteada; dos estrellas y un tercio; persianas torcidas —espía el sol por un recoveco —, aire acondicionado (lo enciendo), el baño invitándome a dejar ahí mi porquería; y ese olor que me recuerda a ti: desinfectante. Acostumbro llegar una hora antes que tú. Darme una ducha y recibirte enfundada en la túnica que improviso con una toalla, treta no tan sutil para convencerte de mi natural patetismo. No corro cortinas. Prendo la radio integrada al televisor, vetusta caja de Pandora. La trémula voz de niña violada de Sinead O´Connor inunda el recinto y avanzo, contorsionándome, ante el espejo tras la puerta de la que cuelga el reglamento del hotel (soy la única que se toma la molestia de informarse sobre la ubicación de las salidas de emergencia) al tiempo que enciendo un cigarrillo, quemándome los dedos. Fumar no es mi fuerte. Bailar, menos.
Mi madre me recriminaba todo el tiempo que pisara a sus amigos.
Empiezo a desvestirme, despacito, insinuante, mientras recuerdo como, al verme llegar al ensayo con mi nuevo corte de cadete, te arrojaste sobre mí como queriéndome matar. Un día antes me habías echado en cara mi cobardía por no sacrificar mi vanidad al escenario. Menos mal y no mencionaste mis redondos ojos verdes pues, con tal de demostrarte de lo que soy capaz, habría repetido la hazaña de Edipo (idiotita. Idiota). Las mujeres del coro han de lucir largas y brillantes cabelleras sobre diáfanas túnicas, y ni entre las rubias ruinas de mi pelo me encontraste digna de ser Electra, desquiciada por la muerte de su padre; envuelta en harapos para exhibir ante su progenitora su condición miserable. Dijiste que agradeciera que no me echaras de la obra y me permitieras en cambio llevar peluca (horrible, por cierto). Nuestra puesta es una perfecta amalgama de las dos Electras. La de Sófocles, hermosa y sufriente princesa en medio del patetismo de sus parlamentos; la de Eurípides, terriblemente lúcida pese a sus costras de mugre, así que decidiste fundir ambas, porque todas las mujeres, dijiste, tienen el poder de ser horribles o hermosas a capricho. Pero por más que intento hacerte ver que soy perfecta, que nadie comprende mejor el odio de Electra, sigues empeñado en que tu mujer, primera actriz de la compañía, pasada ya de edad para el personaje, es quien puede sacarlo adelante. ¿Qué puede saber tu exitosa mujercita, niña mimada, de que le arrebaten lo que más ama en el mundo? Ella estaría mejor, ¡perfecta!, como la veleidosa y traidora Clitemnestra... ¡Y yo gozaría viendo a mi hermano, Orestes, matarla!
La tina está deshabilitada, resquebrajado adorno, por fortuna. Apenas fluye agua por la tubería, afanosa como la tos que rasga mis pulmones. Fría. Jamás me metería en una bañera rebosante de espuma, de inmediato la vería teñirse con las sangres de mi madre y su amante. Dejo al chorro desplomarse sobre mi cabeza. Me ducho veloz, sin demorarme en contar mis costillas, cada vez más lastimadas por el diario ejercicio de vomitar. Cierro los ojos para no ver los sórdidos corazones sobre la cal expuesta.
3:30. Enciendo el televisor: Clinton ha sido reelegido presidente de los Estados Unidos. La política me importa un bledo pero dejo las noticias y me siento a la orilla de la cama para aplicarme crema en las piernas. Largas y esbeltas. Te enoja que sean tan descoloridas, mas no puedes negar que te gusta tenerlas alrededor de tu cintura, ¿verdad? Por algo me has convertido en tu amante... Aunque, ¿es factible adjudicarse tamaña jerarquía cuando únicamente nos revolcamos una vez al mes, mientras que el resto me tiranizas?... Pienso en las demás actrices de la compañía... Gina te coquetea descaradamente. Quisiera matarla, mientras que a tu mujercita, tan segura de sí, le causa gracia... Amelia te come con los ojos, pero su trato hacia ti es formal. Pudiera estar disimulando. Mosquita muerta. ¿Te las arreglarás para acostarte con ellas, de manera que ni yo ni tu mujercita nos demos por enteradas?
El espejo me devuelve otra imagen de mí. Parezco niña jugando al teatro; larga y dispareja toalla anudada al hombro. Enorme sello del hotel Niza cual escudo imperial. Un día mamá me sorprendió caracterizando a Ofelia frente al espejo de mi cuarto. Yo acababa de ver el Hamlet de Laurence Olivier en televisión y había memorizado los parlamentos de Lilian Gish. Ya tenía trece años (¡qué rápido pasa el tiempo…!)
¡Qué tierna!, canturreó mamá de pronto, apoyándose en el quicio de la puerta para no caerse de borracha, ¡vengan a ver la hija que tengo!, ¡qué Sarah Bernhardt ni qué putas madres…!, y en el acto una muchedumbre de intoxicados semblantes se amotinaron en el umbral de mi intimidad como en torno a la jaula de un animal exótico, aullando de excitación al verme con la improvisada túnica (una sábana en realidad) y nada debajo; la trenza sembrada de flores secas, muertas de vergüenza.
Expuestos mis pechos en botón por la transparencia de la sábana…
Fue la primera vez que vi a Moisés. Su cabeza destacaba entre el resto. Alto y fornido, tirando a gordo. Panzón. No era el único entre aquellos varones y hembras que me miraba con lujuria, pero debí advertir en su enfermiza mirada la intención de poseerme a la mala.
Una noche, aprovechando el apogeo de uno de tantos bacanales, se infiltró en mi cuarto. Yo no dormía, por supuesto. ¿Cómo, en medio del desgarrante balido del carnero sacrificado en ese instante? Estaba cubierta hasta la cabeza, tapándome los oídos. Moisés me tomó por sorpresa. Tal era mi afán por no escuchar que no supe en que momento se deslizó bajo las sábanas y tapó mi boca. Lo peor no fue que me violara sino que, al percatarse de que no era el primero, me apaleara hasta dejarme inconsciente. ¡Te creí distinta a tu madre!, fue su reproche, repetido hasta la saciedad mientras me azotaba con la hebilla de su inmenso cinturón de gordo. Nunca volvió a tocarme. Pero me agarró tirria.
3:50. Estoy acostada, contemplo mi imagen en el espejo del techo. Ofelia se ha arrancado la trenza y sólo hay una cabecita rapada sobre la almohada. Siempre que estás por llegar se abisma el vacío en mi estómago y me entran ganas de llorar. La posibilidad de que no vengas es grande. Cada vez más. Apenas ayer besaste a tu mujer frente a mí y a toda la compañía. Tía Coraima me vio llegar rara, y como siempre que me ve rara empezó a chingar con que viera al cura antes de que se me volviera a meter el diablo. No me odia. Si me odiara, supongo, no aceptaría tenerme por única compañía. Hace dos años cumplí la mayoría de edad y no le ha dado aún por echarme. Qué divertido. Mientras mamá se estancaba en los veintinueve años, su gemela exhibía ya calvicie, artritis y mala dentadura. Tía Coraima prefirió no casarse porque su papel en la vida era ser el desmentido de mi madre. Gritar a los cuatro vientos que era Gemela de la Mujer más Sexy y hacer que se rieran de ella, de mamá. Tacaña como ella sola, ni siquiera paga una criada. Yo me hago cargo de los deberes domésticos a cambio de techo, comida y estudios —quien lo dijera que terminaría estudiando Derecho, yo—, en pocas palabras, nos somos útiles una a la otra. No sabe lo del teatro. Para justificar ausencias y tardanzas tengo que estarme sacando chanzas de la manga. Le da miedo que pueda andar en estas cosas de la artisteada, que me vuelva como mi madre. No puede entender que lo que yo hago es teatro serio, nada que ver con lo que hacía mamá. Ya me advirtió, que si salgo con un domingo siete me pone de patitas en la calle. Jamás me ha conocido novio, no porque se los haya escondido sino porque no los he querido tener.
Tú eres otra cosa.
El otro día, buscando un vestido antiguo en la cómoda de tía Coraima, encontré un dildo. ¿Te das cuenta? Sentí un poco de asco al imaginarlo incrustado en su doncellez pútrida, pero después me eché a reír: entendí de pronto de donde provenían ese raro zumbido y los suspiritos ahogados que escuchaba por las noches. Ojalá yo pudiera conformarme con tan poco...
"¿Tal es tu necesidad de convencerte de que soy real?".
Me enderezo de súbito. Sus sesgados ojos verdes emboscan los míos, me miran fijamente. Sin rencores. Con ternura. Con lascivia. El hermoso rostro de mi madre, perfeccionado por el bisturí y enmarcado de una sedosa cabellera rubia. Hasta su color de pelo era falso, no como el mío. Era lo único que me envidiaba: que fuera rubia natural. Nunca veo televisión más que cuando vengo aquí, y supongo que tía Coraima cambia rápidamente de canal cuando se hace una mínima referencia al asunto. La veo y no lo creo. Sus compañeros de escena la manosean sin recato, como en la vida real. No puedo soportar verla desnuda, no de nuevo. Apago el televisor, el corazón desbocado. Es grotesco que transmitan sus películas después de lo ocurrido…
4:10. Ni el escenario me apasiona tanto como tú, particularmente porque los papeles que me hubieran gustado se los cedes a tu mujercita. Puedo resistir no interpretar a María Estuardo, pero si te pierdo no tendrá sentido mi vida, volvería a ser niña a merced de su madre puta y sus degenerados amigos. Sola. No ha sido fácil sobrevivir a los recuerdos. Sobrevivir a tu desamor, imposible. 4:15. Alguna vez dijiste que la nuestra sería "nuestra aventura para siempre". Quiero decir, lo dijiste cuando decías algo. Cómo pronunciar el beso que me robaste tras bambalinas, mientras tu mujercita, caracterizada de Juana de Arco, agradecía la ovación del público. Yo interpretaba a una doncella de la corte del rey Carlos. La compañía estaba lo bastante absorta en la actriz, menuda y elegante, como para reparar en tu arrebato. Sentir tus labios en los míos me transportó al instante de mi única entrega voluntaria. La primera. Mis lágrimas han humedecido la almohada que de pronto ya no huele a ti sino a muerte. Ofelia henchida de agua, morada. Podrida su corona nupcial. 4:20.
Extraigo mi antídoto de la mochila: una navaja curva. Pudiera emular a otra de mis heroínas favoritas: Madame Butterfly, que tu mujercita caracterizó cubriendo su insípida cabecita con una negra peluca tiesa de laca. Ella sí tiene la constitución delicada de las mujeres de Oriente, me dijiste... Ah, y baila con encanto y refinamiento, condición indispensable para la actriz que interprete tan privilegiado papel. Abandonada, se encaja una daga en el vientre al recordar que su padre, muerto en la misma forma, había dicho que cuando se ha vivido sin honor, lo único que puede pedirse es una muerte con honor. Y yo he vivido deshonrada.
Acerco la navaja a mi vena. Tiembla el pulso…
Me asalta a tarde en que regresé de la secundaria acarreando una pena en la mochila. Me acosaban con preguntas en la escuela; mis amigos, los maestros, el prefecto; se habían percatado de que algo me ocurría, de que gritaba socorro con los ojos. Así lo declararon en los diarios. Casi no hablaba ni comía. La tarde aquella me sentía bomba de tiempo dispuesta a estallar. El rumor de la risa materna me recibió en la puerta como un soplo fétido. La grasosa risa de Moisés se confundió con la de ella. Sentí deseos de vomitar. Estaban en el piso de arriba, en el baño. Nunca tuvieron precaución de que no los viera. Un par de veces los sorprendí cogiendo, una en la cocina, otra en la habitación que alguna vez compartiera mi madre con mi padre. Tanto en una ocasión como en la otra, mi madre no percibió mi proximidad. Moisés sí. Deduje que era justo lo que quería: que lo viera montar a mi madre como a una perra mientras le azotaba la grupa. Arrojé lejos la mochila y bajé corriendo al sótano. No a esconderme como solía. Papá nunca regresó por su colección de escopetas ni por mí a pesar de lo prometido. Estaban justo donde las dejó, cubiertas de moho y telarañas. Él me había enseñado a tirar cuando yo tenía siete años recién cumplidos y éramos un ser indivisible. A esa edad ya había matado de un sólo tiro a varios pájaros y liebres… a un gato incluso, sin querer. Tomé el arma con una familiaridad que hasta a mí misma me sorprendió. No había vuelto a tocarla desde que papá se fue.
Corté cartucho: estaba cargada.
Al cabo de un rato la policía encontró a una niña con uniforme de secundaria federal, en posición fetal junto a la tina de mármol azul donde los amantes naufragaban en su sangre. Fui detonadora de compasión y mesas redondas sobre maltrato infantil. La sociedad se conmovió hasta el llanto con la historia de la chiquilla que, sistemáticamente violada por el amante de su madre, entregada por la misma a una jauría de viciosos, había cobrado venganza. Me convertí en heroína. Electra y Juana de Arco en una. Mi cabeza no rodó como la de María Estuardo, antes bien, fue coronada como la de una santa, aunque meses después me olvidaran. Estuve sólo dos años en la clínica, como pomposamente la llamabas. Fue la actuación de mi vida. Afuera, mi público me ovacionaba, ¡Te queremos! ¡Te queremos! Lástima, te perdiste la mejor parte, porque cuando reapareciste en aquel cuarto soleado e inundado de los peluches que me hacían llegar mis admiradores, mi público, cargando uno más entre tus brazos, ya había hecho de este mundo mi escenario...
— ¡Ifigenia!— susurras del otro lado de la puerta, tocando con suavidad— ¿Sigues ahí…?
Mi nombre me espabila. El nombre que me diste en honor a tu heroína predilecta, qué ironía, la que fue sacrificada por su propio padre —el mismo de Electra, ni más ni menos— a los dioses. Mi madre y sus amistades me lo cambiaron por un insípido "Jenny" que, aseguraban, me iba mejor. Jenny Couto, me llamaron los periódicos: el apellido materno. ¡Te queremos, Jenny, te queremos! Para los programas de mano soy Ifigenia Ramson. Ni siquiera escuché tus pasos. Siempre lo mismo. Sigiloso, como buen depredador. Tu respiración entrecortada me hace ver que has subido a galope las escaleras: se te ha hecho tarde; el tráfico o qué se yo: tus excusas son el aire que respiro.
Retrocede el filo sobre mi vena...

La novela rosa está de luto: murió Mamá Corín

Este 11 de abril de 2009 murió la asturiana María del Socorro Tellado López, mejor conocida como “Corín”
Me atrevo a escribir estas líneas después de haber escuchado algunos comentarios despectivos en torno a su persona, por parte de una locutora de radio que, presiento, jamás leyó una de las novelitas de Corín. Ese es el problema con nuestros “comunicólogos”, no leen nada, ni siquiera a Corín Tellado.
Odiada a muerte por los ignorantes -¡Nunca he leído una novela suya!, claman sus detractores-, lo fue también por las clases letradas, que consideraban sus novelas un divertimento barato sin méritos literarios. Podrá no faltarles razón, pero a esta dama se le ha escatimado un mérito, en el cual muy pocos han reparado, Antonio Alatorre entre ellos. El literato mexicano escribió en el prólogo a las Cartas de Frida Kahlo, compiladas por Raquel Tibol, que cuando era un joven que viajaba en tranvía y se topaba con una señorita con finta secretaria absorta en una novelita de Corín, pensaba: “He ahí una futura lectora de Flaubert y de Proust”. Las novelitas de Corín, y digo novelitas no en términos cualitativos sino cuantitativos, sirvieron de puente a muchas jovencitas –y, me atrevería afirmar, a uno que otro jovencito- para llegar a la gran literatura. Yo fui una de esas jovencitas y he de reconocer, cediendo a los rubores, que contando unos once, doce años, cuando empecé a devorar no solo a Corín, sino también a Bárbara Cartland, María Luisa Linares, Danielle Steel y otras por el estilo, que mi mamá leía con fruición mientras se pintaba las uñas, tirada de pecho sobre la cama -¿cómo olvidarlo?- soñaba con ser como ellas: hacerme rica escribiendo historias de amor. De hecho, mis primeras novelitas –estás sí en términos peyorativos- las escribí para hacerles la competencia ante mi mamá que se convirtió en mi primera emocionada lectora y nunca me regañó por mi precocidad al describir besos apasionados (como la propia Corín, yo aprendí a besar describiendo besos en aquellas novelitas).
Cada una de las autoras de novela rosa tenía su sello particular, mienten los que dicen que todas las novelas rosa son iguales, pero como nos referimos concretamente a Corín, les diré algo que sin duda los sorprenderá: sus protagonistas siempre fueron personas comunes y corrientes. Ni duques o condes como en el caso de Cartland… ni aburridas señoritas del jet set, como en el de Steel. Secretarias, contables, enfermeras, ingenieros, taxistas, abogados, empleados, etcétera. Físicamente tampoco eran nada espectaculares, de hecho, los “galanes” corintelladeanos, sin excepción, eran hombres “no guapos pero varoniles”, mientras que ellas eran, cuando mucho, guapas. Corín, además, evolucionó con los años. A mí me tocó leer textos de su época rebelde, cuando las heroínas desdeñaban la feminidad, fumaban como chimeneas, eran expertas en plomería y albañilería y hasta ejercían oficios tenidos por masculinos. Me tocaron varias taxistas, camioneras, médicas y arquitectas. Otra cosa que la diferenciaba, por ejemplo, de su mayor competidora a nivel mundial, la Cartland, era que mientras las heroínas decimonónicas de esta conservaban intacta la virginidad hasta el final de la novela, varias de las corintelladeanas se presentaban ante sus pretendientes como mujeres que “habían vivido” y esto, en clave corintelladeana significaba haber perdido la virginidad. Aunque no lo crean, leí novelitas de doña Corín que flirteaban con el lenguaje pornográfico, lo cual no era para menos, dado el auge en los ochenta de las novelitas inglesas Harlequín, que en México conocimos como Jazmín, Julia, Bianca y Deseo (esta última la versión gringa de la misma editorial) y se caracterizaban por sus escenas eróticas subiditas de color que tantos sueños húmedos produjeron en las niñas de mi generación. Ninguna de estas, sin embargo, presentó el drama de una joven ninfomaníaca… ¡Corín Tellado se atrevió!
Algunos de sus lectores, claro, se quedaron en su primera etapa, de la que yo leí algunas novelitas que me provocaban más risa que suspiros, cuando un beso entre los protagonistas equivalía a “sellar un pacto eterno”, o la heroína consideraba que le había sido arrebatado el honor cuando lo que le habían robado era un beso en la boca, aunque escribir con la dictadura franquista por trasfondo, supongo, no permitía llegar a las masas de otro modo. Según ella misma ha dicho, “la censura me enseñó a insinuar”.Pero lo mejor de su literatura, insisto, es que sus personajes eran clasemedieros, como la inmensa mayoría de sus lectores. Famosa es la caballeresca defensa que de esta escritora realizó nada menos que Guillermo Cabrera Infante quien al referirse a ella como “la inocente pornógrafa”, denota haberla leído a conciencia. En alguna entrevista, Corín manifiesta su sentimiento de culpa al descubrir que le estaban pagando más por sus novelas –unas 1500 pesetas mensuales- que lo que ganaba su padre, que ejercía como ingeniero naval.
Dicen que es la autora española más leída después de Cervantes. Desde su primera novelita, publicada el 12 de octubre de 1946, contando Corín 19 años –nació el 25 de abril de 1927- acumuló 4000 títulos, lo que la sitúa hoy en el Libro Record de Guiness. En 2007 fue objeto de un homenaje en su natal Asturias…homenaje, creo yo, muy merecido pues, insisto, ella sirvió para muchos –y me incluyo- de impulso para asomarnos a la verdadera literatura. En mi caso, salté directo de Corín a Oscar Wilde y Emily Brontë.
Por cierto: “Corina Gil” era mi apodo cuando asistía a los talleres de la Casa de la Cultura de Hermosillo, entre 1989 y 1991, donde trabajé la que sería mi primera novela publicada, “Hombres necios”. Yo me encabronaba, pues, obviamente, no podía asumirlo como un halago. En mi defensa, el maestro Antonio Villa, coordinador del taller entonces, les contestaba que por lo mismo sería la única que saldría de pobre. Cuando se publicó la antedicha novela, el periodista Manuel Murrieta escribió que yo escribía novelas "rosa-maldito".
Otra cosa: una novela de Corín Tellado, cualquiera, siempre será superior a cualquier telenovela mexicana de las que actualmente se transmiten sin manifestar pudor por la más elemental inteligencia.


Mi drama con el teatro

Para Estela Leñero
Pocos, muy pocos, conocen mi pasado como dramaturga. De hecho, me he empeñado en borrar toda huella al respecto, si bien no hace poco descubrí que mi primera obra teatral, que fue también mi primer librito que jamás menciono en mi currículo, se sigue montando en Hermosillo, particularmente en escuelas de educación media superior. Yo no conservo un solo ejemplar de “Retrato de una pareja perfecta” pues incineré los pocos que me quedaban en un arrebato de ira del que hablaré a continuación.
Tenía yo 20 años cuando escribí la susodicha obra. En aquel entonces todavía no ingresaba a la universidad, de hecho, llevaba buen rato sin estudiar –oficialmente-, conformándome con mini empleos que me daban para mis vicios: los libros y las revistas. Cuando supe que estaban convocando a un premio de dramaturgia cuyo premio consistía en $1,500 y la publicación de la obra –estamos hablando del año 1989- se me hizo fácil escribir una, no obstante que lo mío por entonces era exclusivamente la novela, y no concebía siquiera la existencia de algún otro género, tal era mi ignorancia. El teatro, sin embargo, y según yo, “se me facilitaba”, pues en la escuela había ganado varios certámenes en este tenor, así que se me hizo fácil y puse manos a la obra. Inspirada en un asunto personal, escribí una obra sobre una pareja que se casa sin antes haber hablado respecto a las expectativas de uno sobre la otra y viceversa, por lo que la chica ignora que su flamante marido es un macho tradicional que espera lo obvio en estos casos, que la esposa se dedique al hogar, mientras que él no tiene idea de que su joven mujer tiene serios planes académicos y profesionales. A partir de este ejercicio de imaginación, de qué pasaría si me casaba con mi carpintero, surgió una farsa muy divertida sobre la pugna entre el machismo y el feminismo, aunque confieso que mis conocimientos al respecto eran precarios (no había leído aún uno solo de los libros de teoría que me formaría en ese sentido poco más tarde).
“Retrato de una pareja perfecta” ganó el primer lugar en el certamen aquel. Yo misma no lo podía creer, particularmente cuando descubrí que los otros dos finalistas eran dramaturgos experimentados. Las obras eran sometidas a una lectura dramática, con actores profesionales, ante los miembros del jurado, para que estos resolvieran. Al ser firmadas con seudónimo, los autores podían colarse en las lecturas que, por otro lado, eran abiertas al público. Cuando presencié la lectura de mi obrita, oculta en la penumbra del pequeño teatro, contuve a duras penas mi emoción. Pensé en ese momento que yo había nacido para esto, y me dije que aunque no ganara, seguiría adelante. Pero resulté ganadora y la obra se montó al año siguiente en la Casa de la Cultura de Hermosillo, bajo la dirección de Sonia León.
Las experiencias que me dejó aquella primera obra son diversas, casi todas positivas. La primera crítica publicada de la obra, sin embargo, fue devastadora. Se trataba, además, de la primera crítica que recibía en mi vida y muchos escritores noveles no superan algo así. He de reconocer que el crítico tenía razón en una cosa: las feministas de mi obra eran absolutamente estereotipadas, señoras de chonguito y lentes, poco femeninas y apasionadas odiadoras de los hombres. A mi favor pude argüir que se trataba de una farsa, aunque la verdad es que al momento de escribirla no tenía consciencia de lo que estaba escribiendo. A mitad de temporada, recuerdo, se enfermó la actriz que caracterizaba a la madre de la protagonista, la furibunda líder del grupo de feministas y tuve que entrar a suplirla. Así entonces, escribí un texto fársico sin conocimientos teatrales y actué sin haber estudiado actuación. Después de eso ingresé a un taller con Ángel Norzagaray, quien llegó a decirme que lo mío era actuar, que me olvidara de escribir –a él le parecía horrenda mi obrita-, y si bien le encontré gusto al asunto, llegué a la conclusión de que mi intolerancia a recibir órdenes, más aun si provenían de un dictador, por muy genio que fuera –y Ángel es un genio- no me llevaría muy lejos. Retorné a la escritura, aunque continué recibiendo ofertas para actuar en obras que no me gustaron o quizá menosprecié. Cuando años más tarde me tocó presenciar una extraordinaria puesta en escena del propio Norzagaray titulada “Tú también… Macbeth”, me di de topes contra la pared: si tan solo me hubiera pedido interpretar a Lady Macbeth, creo que mi historia hubiera sido otra.
Regresando al asunto de la dramaturgia… seguí alternando mis dos géneros favoritos, la novela y el teatro, aunque he de reconocer que no me ocupé en estudiar teoría hasta que ingresé a la escuela de Letras, dos años más tarde. Fue entonces, tras escribir varias intrascendentes obritas de divertimento, planeadas para montarse en barecitos, que surgió la idea de escribir el monólogo “Electra masacrada”. Concretamente: tras mi descubrimiento de los clásicos griegos en la universidad y mi enamoramiento de Eurípides que me llevó a Sófocles. Ambos abordaron, desde ópticas antagónicas, el personaje de Electra, al que llegué a través de Ifigenia, con cuya tragedia, por cierto, me identifiqué mucho más que con la de Electra. Pero mientras Ifigenia era la víctima, el cordero, ofrecida en sacrificio por su propio padre a los dioses para ganar una guerra, Electra era la vengadora de la muerte de ese mismo padre. Tras un exhaustivo análisis de ambos personajes, llegué a la conclusión de que Electra era doblemente víctima, pues planear la muerte de su propia madre, quien a su vez participó en el complot para matar al padre (quien a su vez mató a su hija mayor) era una forma simbólica de matar y matarse al mismo tiempo. Con base en esta hipótesis, escribí mi primer texto serio de teatro, cuya protagonista era una joven actriz que soñaba con interpretar a las Electras. Su larga espera en un cuarto de hotel, que es donde transcurre la acción, tenía mucho que ver con ese anhelo… anhelo, por cierto, algo más que profesional, pues esta joven había vivido en carne propia el asesinato-suicidio del personaje que la subyugaba.
Al escribir “Electra masacrada” había adquirido bagaje académico, publicado mi primera novela –Hombres necios- y era una joven mamá de veintiséis años, arrastrando lo que popularmente se conoce como “fracaso” –divorcio, abandono- fascinada por el psicoanálisis y hundida en la peor crisis existencial hasta ahora. Con todo y esto, no entiendo cómo es posible que el producto de las reflexiones haya sido una obra tan dura, tan sórdida, tan violenta… absolutamente nada que ver con mis obritas inocentes de la primera etapa. La inscribí en otro concurso que, cosa curiosa, no ganó, pero obtuvo mención honorífica. Uno de los jurados, que según sus propias palabras quedó alucinadísimo con el texto, Jorge Celaya, me buscó para ofrecerse a montarla. Nunca olvidaré la impresión de toparme con el afamado director y dramaturgo al abrir la puerta de mi casa aquella tarde de sábado, en que no esperaba visitas. Era como un sueño: ¡Jorge Celaya interesado en mi Electra!
Hasta aquí, el lector se preguntará: ¿Cómo es que con semejante suerte, esta mujer me diga que no quiere saber nada del teatro?
La cosa empezó a venírseme abajo cuando, tras haber aceptado que Jorge montara el monólogo, me comunicó que había elegido para el personaje de Electra a la actriz Marreyna Arias. Lo primero que pasó por mi mente cuando esto se me notificó, fue que Marreyna, que en efecto era una estupenda actriz –yo, de hecho, la admiraba- no tenía las características físicas que requería el personaje, que padecía bulimia. No dije nada pero creo que Celaya leyó la preocupación en mi semblante porque agregó a continuación: Marreyna ya está haciendo dieta y ejercicio. Le quedan tres meses para ponerse “al tiro”. Opté entonces por confiar plenamente en el profesionalismo tanto del director como de la actriz.
La obra abrió el Festival Internacional del Monólogo, celebrado en Hermosillo en marzo de 1995. Marreyna no adelgazó ni un gramo… a lo mejor exagero, pero el caso es que no parecía bulímica en lo absoluto, y el parlamento de “me divierto contando mis costillas”, arrancó alguna risilla maliciosa. Fuera de este detalle, Marreyna estuvo fabulosa. Pudiera decirse que logró que el público olvidara cualquier otra minucia, fuera de la vibrante voz de la joven actriz y la conmovedora vulnerabilidad de la que impregnaba al personaje.
Por aquellos días, Jorge tuvo que marcharse a la ciudad de México, donde tenía varios compromisos por cumplir. Electra volvería a montarse como parte de un programa teatral titulado Teatro Íntimo de los Jueves en Casa de la Cultura de Hermosillo y para que esto fuera posible, tuvo que adiestrar a un sustituto en la dirección, en este caso una jovencita cuyo nombre nunca olvidaré pero prefiero ahorrarme. De entrada, cuando Jorge me la presentó, experimenté cierto disgusto, y si mi memoria no me engaña, le hice saber a él, en privado, que esta niña me parecía demasiado joven para comprender un texto de esta naturaleza. Finalmente le concedí un voto de confianza, tanto a Jorge como a su sustituta. Me dije a mí misma: “La muchacha parece inteligente… tú misma has sido objeto de burla y escepticismo… por ser mujer, sí, pero principalmente por ser joven. Dale a ella la oportunidad que te dieron a ti.” Y así lo hice: le di mi bendición implícita a la nueva directora de “Electra masacrada”
Recuerdo, sin embargo, que la susodicha me parecía bastante altanera. Nunca me miró a los ojos, ni buscó un acercamiento conmigo. Cierto: tampoco yo lo busqué. Días más tarde, cuando se inició la labor de promoción para la temporada del monólogo en Casa de la Cultura, me tocó ver a la directora y la actriz en su recorrido por canales de televisión. Primer mal síntoma: nunca me reportaron que lo harían, número uno… número dos: me resultó un tanto chocante escucharlas referir a la obra como “su obra”, sin darme crédito en lo absoluto. Mi nombre no se pronunció ni una sola vez durante aquellas rondas promocionales. Opté por dejarlo pasar, diciéndome a mí misma que los autores del siglo XVI no firmaban sus obras para no pecar de soberbios, que en realidad quien daba la cara por el texto era Marreyna, y por consiguiente era razonable que ella se refiriera a mi Electra como “su obra”. El colmo hubiera sido que mi crédito no apareciera en los pósters –que, no me puedo quejar, eran hermosos- y en los programas… aunque se requiriera de una lupa para localizarlo. Los nombres de la actriz y de la directora destacaban de lejos, por encima del mío. Volví a regañarme: “No seas soberbia –por aquel entonces, este era el adjetivo favorito de mis “críticos” para referirse a mi persona, y había terminado por creérmelo-; ellas se han matado por sacar adelante el texto. Tú lo escribiste cómodamente sentada ante una máquina de escribir… ellas, en cambio, pobrecitas, hacen el trabajo físico, particularmente Marreyna… déjalo así, están en su derecho, etc, etc.
Asistí al estreno de mi propia obra sin haber sido invitada. No me cobraron en la taquilla porque la encargada me conocía y consideró absurdo cobrarle a la autora. De cualquier manera, procuré pasar desapercibida y me situé en los últimos asientos, en la penumbra de la pequeña pero acogedora sala. Se levantó el telón. Una vez más me dejé atrapar por la presencia de Marreyna, que inyectaba al personaje una frescura de la que carecía. Traté de no prestar atención al hecho de que exhibía kilos de más y de que el parlamento del conteo de costillas volvía a arrancar risitas maliciosas… lo que prendió foquitos rojos en mi cerebro, fue percatarme de que la actriz se saltaba la parte en que ensayaba ante el espejo a la Electra de Eurípides. Estuve a punto de gritarle: “Marreyna, se te olvidaron los parlamentos de la Electra de Eurípides”. Cuando se brincó también los parlamentos de la Electra de Sófocles, detecté que aquello no era un olvido, sino una omisión deliberada. La nueva directora había eliminado los parlamentos que aludían a los clásicos griegos. Casi para terminar, descubrí que había eliminado también la parte donde Electra menciona el dildo de la tía solterona. El público, que no podía saber que la obra había sido alterada, aplaudió de pie la admirable actuación de Marreyna. Yo estaba tan enojada que, en vez de acercarme a felicitarla, le pregunté donde estaba la directora. Algo o alguien me impidió acceder a esta el día del estreno. Pasaron algunos días antes de que pudiera hablar con ella por teléfono. Contrario a lo que pudiera pensarse, el coraje no se me había pasado y fui directo al grano: ¿Por qué le quitaste parlamentos al monólogo? Ella respondió en un talante que sugería que yo para ella era poco menos que un cero a la izquierda: “Ay, es que el público no entiende de esas cosas, se aburre… además, los niños pueden sacarse de onda con lo del dildo”, “¿Y quién te dijo que la obra era para niños?, le grité, ¿no queda lo suficientemente claro que esa obra es “solo para adultos”? Ya no recuerdo en qué quedamos. Me sentía furiosa, impotente, sin saber que hacer. Cometí el error de dar media vuelta y mandar todo al diablo, con lo cual prácticamente les entregaba mi texto en bandeja de plata. Lo peor estaba por venir.
Al anunciarse el final de la temporada del monólogo, se me ocurrió asistir a la última función, no recuerdo si en son de paz o con la espada desenvainada. Se alza el telón. Aparece Marreyna, todavía más gordita que en las funciones anteriores, visiblemente debilitada. Su actuación había perdido el brillo de las primeras representaciones. Mi Electra se había transformado en una mujercita vulgar, paradójicamente, pues al no pronunciar las groserías tan abiertamente como lo marcaba el texto e insinuarlas apenas, lejos de parecer más elegante, adquiría un cariz de intolerable cursilería. Nuevamente presencié la ausencia de los parlamentos de Eurípides. Tal como marcaba mi texto, el escenario se oscureció al final del primer acto. El problema era que, además, el talón bajó, el público aplaudió y tanto la actriz como la directora salieron a agradecer el aplauso… ¡Le habían cortado el segundo acto!
Casi me parecía escuchar a la directora: “Tuvimos que quitarle el segundo acto porque se revela lo del incesto, y los niños no comprenderían semejante aberración”.
Lo que ocurrió a continuación se me ha borrado de la mente… creo que no me morí de milagro. Me sentía como si me hubieran violado tumultuariamente. Un crítico que advirtió las anomalías, escribió que la obra hacía honor a su título porque la habían masacrado. La directora tuvo el descaro de llamarme para reclamarme la nota, afirmando que yo la había escrito con pseudónimo. Estaba más enfurecida que yo misma, y de algún modo, el que alguien –que por cierto no era yo- despedazara su trabajo de dirección, se convirtió en mi único aliciente.
Pero la chamaquita me salió vengativa. Al cabo de un par de semanas volvió a llamarme para decirme con un tono muy dulce que pasara a recoger mis regalías de la obra. Tan enojada estaba que ni siquiera había recordado ese pequeño detalle. No me lo dijo dos veces. Yo estaba cargada de broncas económicas por entonces y acudí a las oficinas del Instituto Sonorense de Cultura para cobrar lo mío. Me sorprendió que la muchachita estuviera ahí para hacer cuentas personalmente. Nunca olvidaré su expresión de burla y autosuficiencia cuando extrajo un billete de cien pesos y me lo extendió diciendo: Toma, aquí están tus regalías.
“¿Qué es esto?”, pregunté, tomando el billete, segura de que se trataba de una broma de mal gusto… otra… a lo que la directora –para quien, por cierto, mi obra fue, hasta donde sé, su debut y su despedida- respondió con sonrisa jactanciosa: Si quieres sacamos cuentas. Es todo lo que te corresponde. Tu obra tuvo una recepción casi nula, de nada sirvió todo lo que hicimos por arreglarla…
-Toma tus regalías –le respondí a la muchachita, restregándole el billete en la cara.
Lo primero que hice al regresar a mi casa, fue una hoguera en mi patio y quemar todas mis obras de teatro, empezando por “Electra masacrada”. Recuerdo que ni siquiera me dolió, que experimenté una suerte de purificación, algo semejante al asesino que incinera el cuerpo del delito, creo. A muchos les parecerá un acto infantil, quizá porque no he querido entrar en mayores detalles respecto a mi situación emocional del momento, al margen de la masacre que habían hecho con mi texto y que se extendía hasta mi de por sí masacrada persona. Juré solemnemente nunca más escribir teatro, dedicarme a la novela (aunque más tarde incursionaría en el relato y en el ensayo). Terminé por exorcizar aquella obra, convirtiéndola en un relato titulado “Vocación de Electra”, incluido en el libro “Sueños de Lot”, Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta 2006.
Cosas del destino: no hace mucho, cuando acudí a dar una charla sobre literatura al tecnológico de un pequeño poblado de Veracruz, los alumnos me tenían una sorpresa: habían realizado la adaptación teatral del ante dicho relato, que una bella jovencita interpretó de manera sencilla pero loable. De algún modo supe que no podía ir contra la naturaleza del texto original: que es teatro y teatro seguirá, por los siglos de los siglos…

Eve Gil, ambidextra

Por: Teresa Dovalpage
Muchas gracias por invitarme a esta mesa de ensayistas latinoamericanas. Cuando me propusieron participar, pensé inmediatamente en hablarles sobre Eve Gil, a quien muchos de ustedes probablemente conozcan y cuyos libros están a la venta aquí en la feria. A Eve la conocí gracias a otra amiga escritora, Elena Méndez, y empecé desde hace más de un año a seguir asiduamente La Trenza de Sor Juana, su blog dedicado a mujeres escritoras y sus Charlas de Café en Siempre, que me han abierto una ventana a la cultura universal. Charlas muy refrescantes y útiles para mí, cubanita perdida en el desierto de New Mexico…
Más tarde tuve la oportunidad de reseñar su novela Réquiem por una muñeca rota que aborda, desde el punto de vista femenino, las relaciones homoeróticas entre dos chicas adolescentes. La amistad (bueno, seamos claros, más que amistad) entre la bella Vanesa y la gordita Moramay es el hilo conductor de la trama, pero hay mucho más en esta obra. En ella se ofrece una pintura muy acertada de eso que en México llaman “la casa chica” y en otros sitios “el nido clandestino.” Ah, y también incluye el excelente trazado de unas madres que son un desmadre absoluto. En mi opinión, uno de los grandes logros de Réquiem… es que rompe alegremente con el estereotipo de la madre mexicana sacrificada y sufridora. De sufridora, nada. Lean ustedes y ya verán.
Ayer por la noche me quedé hasta tardísimo leyendo La reina baila hasta morir, un libro de cuentos en el que sobresalen unas “abuelongas malvadas” como me ha escrito la autora en su dedicatoria. Vaya, con abuelas así entiende una cómo se fabrican las madres desmadres, ¿no? De casta le viene al galgo…Mi cuento favorito es, desde luego, Las abuelas, que me recuerda a Réquiem… por algunas coincidencias de la protagonista con Moramay (padres dueño de un cine, familia paterna “de alcurnia” que no se trata con la chica, etc.) Me gustaría preguntarle a la autora sobre el particular. Pero también me fascinó Cerridwen y las sirenas en el que cierto troll venga (directa o indirectamente, no sé) las ofensas hechas por el dueño de una agencia publicitaria a sus mujeres…Si, sus mujeres, en plural. Y ya no les digo más, para que se lean el libro.
Pero estamos hablando de Eve Gil como ensayista, y al respecto tengo aquí su obra, Jardines repentinos en el desierto, paisaje y carácter sonorenses en la narrativa mexicana del siglo XX, excelente libro de ensayos, ganador del Concurso del Libro Sonorense en 2006 y editado por el Instituto Sonorense de Cultura. Los ensayos de Eve se leen como historias, en el sentido de la frescura del lenguaje y de la ausencia de pedantismos académicos, tan estimados por otros ensayistas. Me impresionó particularmente el titulado El Señor de la Pelea y La perla de Guaymas, sobre la leyenda de Lola Casanovas (una Malinche al revés) y la obra de Rojas González. Por cierto que aquí hay también un acápite muy sabroso dedicado a las abuelas…Quisiera concluir invitándolos a comprar los libros de Eve Gil, ambidextra. Porque no es fácil, como lo hace ella con pasmosa facilidad, escribir crítica literaria a la vez que ficción. Visiten sus blog en la red (cuenta con más de uno) y siéntense a tomar un cafecito con ella en las charlas de Siempre.
Muchas gracias.

La "neurociencia ficción" de Jaime Romero Robledo

Por: Eve Gil
Ignoro si Jaime Romero Robledo (Chihuahua, 1974), autor de El mundo de ocho espacios, me daría la razón respecto a que ha escrito una novela de ciencia ficción. Me lo pregunto, pues quienes incursionan en este género, que se confunde a menudo con otros –el género fantástico, muy en particular- optan, casi siempre, por no asumirlo. Una de las razones para temerle a la etiqueta, es que existe un enorme prejuicio -¿despecho?- contra la literatura de ciencia ficción, no digamos ya en México, sino en lengua castellana en general. Para semejante cerrazón, exhibida tanto por críticos como de escritores “realistas”, solo encuentro dos explicaciones: la más superficial, que la ciencia ficción es un género sajón donde los haya, que encuentra sus máximos cultores en autores nada despreciables como H.G Wells, Phillip K. Dick, Stanislaw Lem, Isaac Asimov, Ursula K. Le Guin y George Orwell, por citar unos cuantos. La segunda explicación es todavía más sencilla: envidian el potencial imaginativo de estos autores, creadores al cubo, los llamo yo, pues no solo crean personajes e historias, también mundos y hasta máquinas que a la sazón inspiran a inventores y científicos. No obstante lo anterior, y como bien lo ha aclarado el propio autor, lo suyo es un más bien un género propio: la neurociencia ficción.
Como la mayoría de los autores de este perfil, Jaime Romero Robledo posee estudios alternativos a los de literatura: es ingeniero civil pero también diseñador de video juegos. El mundo de ocho espacios, pues, reúne las tres pasiones de su autor: la literatura, la ingeniería y los juegos de video. Bien visto, no tendría nada de raro que un escritor sintiera pasión, concretamente, por los juegos de video, que proporcionan la posibilidad de diseñar –o de escribir- una historia propia, con elementos predeterminados pero dúctiles, y viceversa. Esta novela nos hace ver no solo hasta qué punto ambas actividades son compatibles, propone, además, un futuro no tan lejano en que los juegos de video dejarán de ser una actividad exclusiva de niños y adolescentes para apoderarse de la vida cotidiana, como es el caso de los personajes de esta desconcertante narración donde la realidad pasa a un tercer plano y los seres humanos adquieren el poder de ser simultáneamente muchos personajes, ya no personas, algo que ya es medianamente posible gracias a los mundos alternativos como el cada vez más popular Second life, que, en lo personal, no encuentro tan excitante como el de Romero Robledo. Mientras que en Second life la realidad contamina, inevitablemente, los mundos oníricos a través de las intervenciones sosas y carentes de ingenio de los participantes, en El mundo en ocho espacios siempre ocurrirá algo que trastorne –y socave- la aparente cotidianidad. Hablamos aquí de un recurso mucho más sofisticado que trastoca la experiencia sensorial en vivencia personal y modifica algo más que la apariencia física, la profesión y la biografía del sujeto: manipula asimismo las psiques y modifica memorias, a placer del consumidor.
Suena complejo… y el autor procura que así sea, desde la estructura narrativa misma. Si los personajes ignoran quienes son en realidad, el lector sabe casi tan poco como ellos. Lo destacable de este recurso, arriesgado por donde se vea, es que se logra un orden dentro del perfecto caos –que por perfecto puede ser letal- y el lector que se entrega dócilmente al juego propuesto por Romero Robledo, no termina extraviado en la maraña de identidades surgidas de un mismo personaje. ¿Hasta dónde, parece preguntarse el autor, el ansia de estatus, el afán de aparentar lo que no se es, llevará a los seres humanos a deslindarse de su “yo” original y experimentar con otros, hasta no reconocerse a sí mismo? El mundo de ocho espacios lleva hasta sus últimas consecuencias la metaficción de Borges, o la más reciente de Goran Petrovich, cuyos personajes se ven atrapados en una novela que estaban leyendo y en la que coincidirán con otros lectores de la misma novela. Aquí la vida de cada personaje es un manual, un “instructivo de uso” al que los demás participantes del juego tienen fácil acceso. Cada actor es, literalmente, un libro abierto. Porque todo aquí es literal, hasta eso que llamamos, casi indiscriminadamente, “lugar común”: “(…) Tuvimos un tipo –se lee en la página 121- que quiso venir aquí y escribir la historia en una línea que se fue enredando tanto en la madeja, que hasta el mismo operario se nos perdió. Tras varios días de búsqueda fue encontrado cubierto de unas ideas extrañas para contar lo que había visto.”
Jaime Romero Robledo tiende la carnada al lector curioso, haciéndole ver desde el arranque hasta qué grado la llegada será confusa, ardua… ¡pero fascinante! Estamos, créanmelo, ante una novela revolucionaria… la clase de novela que solo puede escribirse desde la esquizoide frontera que ya no solo se debate entre dos economías y dos lenguas, sino entre el derecho elemental a la vida y la latente posibilidad de caer víctima –o número- de una guerra que ni siquiera le compete; una novela asombrosa que nos hace ver que un novelista, más que arquitecto de destinos ajenos, puede ser también ingeniero de mundos pavorosamente cercanos.

El mundo de ocho espacios
Jaime Romero Robledo
Averinto Editorial
Chihuahua, México, 2009
141 pps

¿Y los niños "diferentes", cuando?


Me parece súper bien que inauguren universidades para adultos de la tercera edad... pero me pregunto, ¿cuándo pensarán en los niños con "capacidades diferentes" (autistas, hiperactivos, Aspergers) que son indiscriminadamente echados de las escuelas "normales" porque no existe personal capacitado para atenderlos? En un sistema escolar donde lo único que se espera de los niños es obediencia y sumisión, estas criaturas son discriminadas sin ton ni son.

En la foto: el doctor Hans Asperger, quien descubrió el síndrome que lleva su nombre. Una combinación de autismo e hiperactividad.
Más sobre el AS en Sho-shan & la dama oscura

Últimos días de Sándor Márai

Por: EVE GIL
Ninguna de las novelas del autor húngaro Sándor Márai resulta más conmovedora que sus Diarios, y muy especialmente los que comprenden los últimos tres años de su vida: 1984-1989.
Nacido en Kassa, en 1900, radicado en San Diego, California, al momento de escribir sus últimas líneas, en su natal húngaro con el que escribió su obra toda, Márai contaba cerca de noventa años cuando decidió terminar con su vida. Solo dos cosas lo habían tenido al pie del cañón: su querida esposa Lola, mucho más enferma de él y que no tiene quien la cuide, excepto el propio Márai, y los libros que le quedan por leer o releer, como El quijote. Por escribir… Márai ha decidido que el último de su producción será el que se encuentra corrigiendo, “mi novela policíaca”. A estas alturas de su existencia, la única escritura que parece entusiasma